Tema: El abismo de Panthracus
  

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  1. #1 El abismo de Panthracus 
    The pirata Avatar de Barbak
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    15 Oct, 05
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    Suramei
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    Bueno esta es la historia del Cuarto Torneo de Literatura. A pesar de que poca gente pasa ya por pergaminos creo q si alguien quiere opinar sobre alguna de las historias del torneo no puede y nosotros no sabemos qué le gustó o no a los que leyeron nuestras historias

    Así que la dejo...

    Saludos!

    El abismo de Panthracus


    Capítulo I: La entrega de la caja


    La noche ya había caído y los caminos se habían vuelto mucho más oscuros que de costumbre. Para su desgracia, un joven leñador debía recorrer la ruta que, mientras el Sol esté arriba, transita sin problemas; pero ahora el astro que dominaba era la Luna, única fuente de luz en los espesos bosques. Cada paso que daba lo sentía con dolor, con miedo; su corazón palpitaba rápidamente, sólo para acompañar el temor que el talador poseía. Fue entonces que vio algo inesperado, algo que terminó de quebrantar su rutina, algo maravilloso e imponente: Una elfa vestida completamente de raros ropajes de un tinte rosado, llevando en su mano izquierda un Báculo de magníficas proporciones y con gemas brillantes incrustadas, mientras que en su mano derecha llevaba un pequeño cofre. Dando dificultosos pasos, la mujer se acerca para, antes de desmayarse, poner en las manos del joven humano la misteriosa caja.
    El talador, temeroso, se acercó a la elfa y le habló amigablemente, mas ella no respondió y nunca jamás volvería a responder, ni siquiera a las brisas de verano que tanto amaba. El leñador tomó la caja y la llevó consigo a su casa, en la maravillosa ciudad de Nix.
    Lejos de allí un hombre santo, un tal Panthracus, volvía de una peregrinación a las tierras de Tiama. El hombre guiaba a su grupo de creyentes por los densos bosques de Ullathorpe hasta Banderbill, para poder descansar luego de semanas fuera de casa.
    -Valor compañeros, ya casi estamos en la capital del Imperio- animó Pantrhacus
    El grupo prosiguió su caminata y vislumbró la hermosa puerta de entrada de la ciudad amurallada.
    -Hemos llegado- anunciaba el clérigo
    Los soldados imperiales detuvieron al grupo y pidieron sus registros imperiales. Revisaron e hicieron algunas preguntas básicas sobre la peregrinación.
    -¿Nombre?- preguntó el guardia de la puerta
    -Panthracus, hijo de Arzón
    -Es residente, ¿Verdad?
    -Así es.
    -¿Su grupo?
    -También es residente, señor
    -Todo en orden, puede proseguir su camino
    El grupo penetró en la ciudad y observó el agitado movimiento de la misma, la tranquila Tiama no se comparaba en nada a semejante bullicio. Mercaderes por aquí y por allá, soldados Armadas charlando y comiendo, vendedores haciendo propagandas pre armadas con el público para intentar ganar nuevos clientes.
    -Esta ciudad me enferma día a día- comentó Panthracus
    -Ser la capital del Imperio también tiene su lado negativo, Panthracus- comentó alguien a su derecha
    -Lo sé Ermolá, pero estoy pensando seriamente en irme a vivir a alguna tierra lejana como Tiama o Lindos con Adhaíl.
    -Sabes muy bien que Adhaíl detesta el frío, podrías ir a Rinkel o a Lindos, sino siempre se encuentran las tierras del Este y Nueva Esperanza.
    -No, no quiero tener a nuestro hijo en las bárbaras tierras del Este y mucho menos en un grupo de pequeños arrecifes en donde los aventureros se encuentran por doquier. Creo que Lindos será la mejor opción.
    -Nix y Ullathorpe son buenos lugares también.
    -¿Sabes? Estuve pensando en ir a Nix, Ullathorpe no me agrada por su terrible estado mercantil, pero Nix es ciudad de pescadores y es buena opción también, le preguntaré a Adhaíl qué desea.
    En un momento, el grupo llegó a la plaza y se dividió, cada uno volvió a su casa a reencontrarse con sus familiares que no veían hacía casi un mes. Panthracus, a paso rápido y ágil, se dirigió a una simple casa como todas las demás de la ciudad; esquivó a un enano borracho y abrió casi sin ruido la puerta de su casa.
    -¿Adhaíl? Soy yo, regresé- dijo Panthracus
    No hubo respuesta, el silencio inundó la casa y la consumió.
    -¿Adhaíl?- insistió el clérigo
    Alguien le tapó los ojos y se le acercó al cuello, el clérigo quedó tieso un segundo y luego se relajó…
    -¿Me buscabas?- preguntó una voz femenina suave como los rayos de Sol una tarde de primavera
    -Así es- contestó el clérigo, girando sobre su blanca túnica, sus ojos marrones oscuros, su cabellera del mismo color, arreglada, prolija. Su boca grande, pero elegante, su figura simple pero con un contorno atrayente, sin barba y con una luz en sus ojos.
    Frente a él se mostraba una elfa con vestido púrpura, pequeña cabeza, cabellera negra que colgaba hasta su cintura, boca pequeña, ojos azules penetrantes, sus orejas de elfo la delataban. Su panza era de un tamaño considerable, pero no era gorda, simplemente estaba embarazada.
    Un beso rompió con el panorama; largo, ininterrumpido. La pasión de un mes sin verse, el amor que nunca decayó, la felicidad que aumentaba segundo a segundo, respiro a respiro, latido a latido, para terminar con una sonrisa y un abrazo profundo, protector.
    -¿Me extrañaste?- preguntó ella
    -¿Hace falta que responda?- rió él.
    -Supongo que no- sonrió
    -Adhaíl, escucha, lo estuve pensando, quiero salir de esta ciudad, quiero ir a vivir a otro lado más tranquilo para nuestro hijo
    -¿Cómo cuál?- preguntó curiosa ella
    -No lo sé, podríamos irnos a Lindos
    -Panthracus, sabes que no puedo viajar en barco con el bebé.
    -Bueno, bueno podríamos irnos a Nix, es una ciudad tranquila donde todos se conocen y la gente es muy buena.
    -Bien, Nix será, si te conozco bien querrás irte cuanto antes. Prepararé todo para partir en un par de días.
    -Me alegro que estés de acuerdo- dijo sonriendo él.

    Así los días pasaron y la pareja se mudó a Nix, consiguieron comprar una casa apartada del muelle y se dedicaron a instalarse en su nuevo hogar.
    Meses después, Panthracus regresaba del templo, vagaba por las callejuelas de la ciudad, eludía los callejones y atraía a las sombras. Sin ver, tropezó con algún objeto en la oscura entrada de un callejón; al reincorporarse, pudo apreciar una pequeña caja, un cofre, dorado, con una cerradura de una tonalidad rojiza fuerte, recubierto en su totalidad de oro y con una hilera de diamantes en su borde. Un ruido cercano le llamó la atención, giró su cabeza lentamente, pero nadie estaba allí; sin dudarlo ni un segundo más, tomó el bochornoso cofre y se dirigió directamente hasta su casa. No vio Panthracus al leñador acribillado en el fondo del callejón por una lanza, el mismo que había recogido la caja de las manos de una elfa muerta, al parecer perseguida, no vio tampoco las huellas del asesino que desaparecían en el entramado de casas y pasajes, luego de haber huido de la escena precipitadamente al escuchar pasos que se acercaban, olvidando la ansiada caja que había venido a buscar, nada de esto vio, mas eso no le perturbó.
    Panthracus no pudo descifrar la utilidad del cofre, ni cómo abrirlo, era obvio que estaba cerrado con magia. Cuando comentó a su mujer sobre el extraño elemento, ésta desaprobó completamente conservarlo.
    -Nos traerá problemas Panthracus- argumentó ella
    -¿Cómo puede traernos problemas?
    -Tengo un mal presentimiento sobre ese objeto, tíralo y déjalo a su suerte.
    -No creo que tan precioso artefacto haya sido creado para tirarlo por ahí
    -¿Piensas conservarlo?
    -De hecho, pienso ir hasta Banderbill y reunirme con mis compañeros y las autoridades religiosas para investigar más sobre el cofre.
    -Panthracus, ¡No! Acabamos de llegar, tú has regresado unos meses atrás solamente, no quiero que nada te pase.
    -Nada me pasará, quédate tranquila, simplemente debo investigar al cofre por un tiempo.
    -Panthracus, partimos de Bander hace cinco meses. Hoy, nuestro hijo tiene casi un mes. Te necesito conmigo Panthracus, si de verdad me amas quédate y abrázame durante las eternas noches de frío, quédate y vela por la seguridad del niño y la mía, cúbrenos con tu manto de interminable dulzura para poder así estar unidos y aferrados, como las dos gotas de agua que siempre fuimos.
    Panthracus guardó un minuto de silencio, sus pensamientos retumbaban, las ideas le daban vueltas. Se levantó, se acercó a Adhaíl y la besó y allí quedaron ambos enamorados, subieron y nada más se dijeron; fue una noche en paz para todos, una de las últimas.

    A la mañana siguiente, Panthracus se levantó temprano, corrió el brazo de su amada que lo envolvía, bajó las escaleras pesadamente y se vistió; tomó unas pocas cosas necesarias para su viaje a Banderbill y escribió en un pergamino viejo un par de líneas para su esposa e hijo. Partió temprano, con el cofre en su mochila, su curiosidad había sido opacada por la preocupación y el cariño de su amada; pero hoy, ante la fría mañana, ante una casa desolada y vacía, ante un cofre misterioso frente a sus ojos, nada más quedaba que partir en busca de la verdad, del conocimiento. Se despidió en silencio de las dos personas que más quería en el mundo y cruzó los muros de la ciudad, hacia su antiguo hogar.

    Capítulo II: El descubrimiento de la verdad


    Avanzaba el clérigo, a paso lento y sereno por los verdes pastos de los campos, el Sendero del Sur iba quedando atrás, en la lejanía un denso humo se vislumbraba al clérigo: Ullathopre. Se acercó cautelosamente a la ciudad, no se había topado con nadie durante toda la mañana, el cofre le pesaba, tenía que comer algo y descansar. Se adentró a la ciudad, los mercaderes la atestaban, la plaza se invadía de aventureros y vendedores ambulantes, una repugnancia en la sociedad de la razón. Buscó pues un lugar alejado cerca del borde de la enorme meseta donde la ciudad había sido construida y se dispuso a comer, un anciano indigente se le acercó y pidió algo de alimento; Panthracus otorgó algo de su comida y una botella de agua para el pobre hombre, el mismo pues, se sentó a su lado y comenzó a hablarle.
    -Dime buen hombre- comenzó- ¿qué trae a un alma bondadosa como usted a una ciudad atestada de burócratas y seres endemoniados por sus ventas y sus productos?
    -Estoy de paso, anciano, debo averiguar ciertas cosas sobre un extraño objeto.
    -Ah, ya veo, un viajero con una duda existencial, ¿Cuál es esa duda?
    -Eso no es de tu incumbencia anciano
    -¿De verdad lo crees?- dijo éste con una confianza que sobresaltó al clérigo
    Panthracus lo miró un tiempo, una diabólica sonrisa se dibujó en el rostro del anciano
    -Debo irme joven- dijo él finalmente- parece que tu jugo se está volcando yo tendría más cuidado.
    Panthracus giró su cabeza para ver como su vaso con jugo caía volcando gran parte de su contenido. Lo levantó velozmente y luego miró al anciano; sin embargo nadie estaba allí, un olor a azufre inundaba el lugar.
    -¿Y el anciano?- preguntó sobresaltado Panthracus al aire
    Un enano que pasaba por allí lo miró extrañado
    -¿Qué anciano?, has estado hablando sólo desde que te sentaste- y dicho esto el enano se retiró
    Panthracus quedó pensativo y luego revisó en busca del pan y el agua que le había dado al anciano, no estaban en su mochila.


    Partió temprano Panthracus, pretendía llegar al anochecer a Banderbill, cada paso que daba le brindaba una mayor inseguridad al clérigo, sin embargo, no se detuvo y avanzó sin titubear por el Sendero del Norte. Caminó a paso acelerado por los empolvados caminos que lo llevarían hasta su ciudad. Un ruido, cercano, de arbustos, detuvo la caminata del clérigo; cerró sus ojos y se concentró en los sonidos… nada distinguía. Cuando estaba por reanudar su paso, movimientos ocultos sobresaltaron al clérigo, varios ladrones salieron del boscoso paisaje, desenfundando dagas, espadas, navajas; se acercaron lentamente riendo, relamiéndose, esperando encontrar una fortuna en oro que derrocharían en una noche, en una oscura taberna del lugar. El clérigo desenfundó su mazo, deslizó las correas de su mochila y la colocó cerca suyo, los ladrones no la perdieron de vista, lentamente lo rodearon en un círculo; el clérigo sostuvo su mazo con las dos manos y esperó pacientemente el primer ataque, que no tardó en llegar.
    La daga del ladrón volaba ágilmente cortando el viento que golpeaba la cara del clérigo, que se dedicaba a esquivar los golpes del ladrón, los demás, cansados de observar, se unieron a la escaramuza. Panthracus revoleó su mazo golpeando en el pecho a uno de los ladrones, que se reincorporó rápidamente, el clérigo se limitaba a cubrir los ataques con su escudo y arma mientras, de vez en cuando, agitaba su mazo para asustar y distraer a sus adversarios que no cedían. Una daga se insertó en la espalda de Panthracus levemente, la reacción no tardó en llegar, y el mazo giró en torno a este, separándose de los ladrones; la batalla, ahora detenida estaba a punto de reanudarse cuando unos toques de arpas, acompañado por un canto melódico, irrumpieron en el fervor de la batalla. Un hombre, recostado sobre una rama tocaba con sus tres dedos tres cuerdas del arpa para finalizar la melodía. Un ladrón ya desesperado por el silencio osó dirigirle la palabra.
    -¡¿Quién eres tú forastero?!- gritaba nervioso y sediento de sangre
    -Más respeto insolente rata, no soy ningún forastero pues he vivido aquí desde antes que tú nacieras, antes que tu madre pariera semejante abominación.
    -Parece que alguien no aprendió cuando conviene callar- dijo otro ladrón
    -Te doy la razón, tu compañero nunca debió haberme dirigido la palabra- respondió el extraño, irritando a los ladrones, que no eran capaces de ganar un juego de palabras.
    -Mira, si me entregas lo que poseas de valor, omitiré las idioteces que has osado decir en contra nuestro- agregó otro ladrón, al parecer el jefe
    -Ante tan generosa oferta, mi alma tiembla- decía el extraño melódicamente- pero me atreveré a preguntar, ¿Qué hay si me rehusase?
    -Sacaré tus entrañas de tu asqueroso cuerpo y se las daré de comer a los lobos
    -Amo los animales, me encantaría que tuviesen un festín alguna vez para variar, estoy de acuerdo en lo último que dices.
    -Mira amigo si quería morir hubieses buscado otro lugar, estamos ocupados, déjame terminar con el maldito de aquí- señalando a Panthracus- y luego revolveré tus entrañas.
    -Creo que no me he expresado correctamente- rió el extraño- deja al hombre, o yo revolveré tus entrañas de adentro hacia fuera y lo daré a los lobos, al igual que haré con tus patéticos secuaces- dijo bruscamente, con una fiereza que parecía no poseer.
    -Vaya, con que eso era, bien ven aquí por tu premio entonces.
    El extraño se quitó la capucha y mostró una cara hermosa, pelo rubio, rasgos bellos a la vista, ojos azules deslumbrantes, y una sonrisa que emanaba confianza, excesiva confianza.
    -No debiste haberte metido conmigo- dijo el extraño y comenzó a pronunciar unas palabras
    -¡A él!- gritó el ladrón, pero Panthracus golpeó a uno, confundiendo a los ladrones, que no sabían a quién atacar.
    El extraño terminó de murmurar y exclamó
    -¡Espiritus Exterrere!- y de su mano poderosas ráfagas de aire golpearon y atravesaron a los ladrones, sin tocar a Panthracus, quien miraba asombrado cómo estos comenzaban a temblar, sus armas resbalaban de sus manos, el temor los consumía. El hombre se puso en guardia, mostrando sus dos puños con unos relucientes nudillos de oro, el clérigo, al ver esto exclamó lentamente
    -Eres… eres un bardo…
    El extraño corrió hacia el ladrón más cercano y de un golpe en la cara lo derribó, dejándolo inconciente, otro, se dirigió hacia él tratando de clavar su daga, pero el brazo del bardo se interpuso, bastaron un golpe en el estómago y otro en el rostro para derribarlo. El clérigo, se percató de la oportunidad que poseía y giró su mazo para golpear en el rostro con todas sus fuerzas a uno de los ladrones detrás suyo, que cayó muerto luego de volar por los aires y caer sobre uno de sus compañeros cercanos, los últimos dos que quedaban echaron a correr. El bardo giró para ver de frente a uno de ellos y exclamó
    -¡Ignîs Xar!- y ráfagas de fuego salieron de su mano, golpeando al ladrón plenamente, provocándole una muerte casi instantánea.
    El clérigo observó al último ladrón y murmuró unas palabras, luego, exclamó
    -¡Feresdeth Averin!- un cántico religioso, en forma de oración, inmovilizó al oponente. El bardo, tomó algunas dagas de los enemigos y las lanzó con maestría hacia el cuerpo del ladrón, ambos quedaron expectantes un tiempo, finalmente, el cuerpo del ladrón cayó pesadamente al suelo cuando la parálisis dejó de afectarle.

    Los hombres se miraron lentamente, el clérigo agradeció al bardo y preguntó el nombre de aquél que había permitido que él viviese hoy.
    -Mi nombre- dijo- es Émrik Salfawara, mucho gusto señor…
    -Panthracus, mi nombre es Panthracus Alderion y el gusto es mío.
    -Bien Panthracus, mi camino no es el que tú estás siguiendo, he de retirarme, por ahora…
    -Ve con Barrin, Émrik
    Y dicho esto, el bardo se retiró por donde vino, dejando al clérigo con el cálido viento de los bosques y el suave cantar de los pájaros. Panthracus, se reincorporó y prosiguió viaje hacia Banderbill, por el sendero, siempre por el sendero.
    Al anochecer, las antorchas colgadas de una muralla de inmensas magnitudes que resguardaba a la capital imperial hicieron acto de presencia; Panthracus se adentró en ella, el silencio lo sorprendió, mas siguió camino hasta una posada del lugar y durmió hasta la mañana siguiente, cuando se dedicó a reunirse con sus antiguos compañeros. La sorpresa no fue poca de sus camaradas y enseguida salieron a recibirle, rápidamente, Panthracus pidió analizar su caja. Los sacerdotes se organizaron en consejo rápidamente en un edificio religioso.
    -¿Qué traes ante el consejo Panthracus?- preguntó un anciano en medio del edificio religioso, bastante precario, columnas antiguas junto con muros resquebrajados y pisos polvorientos.
    -Una caja, una pequeña caja que encontré en Nix- respondió el clérigo
    -Y dinos Panthracus ¿Por qué habría de interesarnos una caja?
    -No es una caja ordinaria patriarca, esta caja se encuentra cerrada con magia y, como si fuese poco, siento una presencia en ella. Algo raro tiene esta caja.
    -Bien Panthracus, déjasela al consejo, nosotros la examinaremos y daremos el veredicto sobre el objeto mañana al atardecer, sean puntuales.
    -Gracias, patriarca.
    Las horas pasaron y la tarde del día siguiente llegó como un suspiro; el consejo se reunió nuevamente para dar el veredicto sobre la misteriosa caja que, según Panthracus, poseía un poder mágico.
    -Silencio sacerdotes- pidió el patriarca, y lentamente el sonido enmudeció- hemos analizado arduamente la caja y hemos llegado a una conclusión. Esta caja, mas bien cofre, es…- la pausa del patriarca preocupó a más de uno, silenció incluso a los vientos que pasaban a saludar, enmudeció a los molestos pájaros del exterior- es El cofre del destino, Panthracus- el silencio se hizo más tétrico.
    -¿Cómo puede ser este el cofre del destino, señor?- dijo uno- se supone que estaba perdido, no tiene sentido alguno que haya sido encontrado en Nix, como nuestro compañero Panthracus afirma.
    -Silencio Casius, no sabemos nosotros tampoco cómo el cofre llegó hasta Nix, se suponía que la elfa inmortal Alexis lo custodiaba luego de haberla obsequiado a los elfos y humanos para que vencieran a los orcos en aquellas oscuras épocas. Bien sabemos que Alexis tomó luego el cofre secretamente cuando los humanos negaron devolverlo y que juró no entregarlo en manos de los hombres jamás, pero… Si el cofre apareció en Nix, quiere decir con seguridad que Alexis ha muerto.
    -No tiene ningún sentido, nunca habría entregado el cofre a un hombre- prosiguió Casius.
    -¡No seas necio!, imagina a una elfa, con sus ropajes, ropajes rosados como sabemos, imagínala moribunda por un ataque, imagina que se ayuda con su maravilloso báculo para andar y luego imagina a un hombre, cualquiera, rico, pobre, pescador, guerrero, leñador… el que tú desees; finalmente, imagina a ella, la guardiana del cofre y sabiendo que sus asesinos la persiguen, entregando las esperanzas del mundo en el joven ser que vive… en Nix. No es muy difícil Casius, luego es simple deducción, el hombre pudo haber arrojado el cofre, se lo pudieron haber robado, lo pudieron haber matado… Lo importante es que el cofre cayó afortunadamente en manos de nuestro fiel Panthracus y ahora podremos devolverlo a las comunidades elfas de Transwaksil, la ciudad oculta elfa en los bosques de Nix.
    Todos callaron, el patriarca tomó algo de aire y retomó la palabra.
    -Panthracus, tú has traído este cofre, ahora te encomendamos devolverlo.
    -Muy bien patriarca, cumpliré sus designios.
    -Panthracus… Debes ir sólo, o los asesinos de Alexis serán atraídos por comunidades religiosas de hombres. Ocúltate entre la espesura de los bosques de Ullathorpe, avanza sin detenerte por la ciudad y prosigue camino hasta Nix, allí adéntrate en los bosques y devuelve la custodia del cofre a los elfos, son los únicos que pueden mantener el objeto a salvo.
    -No hay problema señor, en ningún momento me desviaré- y dicho esto, Panthracus se retiró del consejo a paso acelerado para llevar la caja.

    -Patriarca- dijo Casius- ¿Qué es lo que tanto le preocupa que no le permite siquiera pararse a descansar en una ciudad o pueblo?
    No hubo respuesta por un tiempo, finalmente, el patriarca movió sus labios y alzó su voz.
    -Verás, Casius, si el problema es tan grave como me temo, las repercusiones que los asesinos de Alexis pueden haber tomado quizás sean demasiado duras para nuestro amigo. Si toman repercusiones sobre los sentimientos de Panthracus, entonces este con seguridad desviará su mirada y no cumplirá su objetivo y no podemos permitir que los sentimientos de éste jueguen en contra de la estabilidad del mundo.
    -Pero, patriarca, ¿Sobre qué cree que han tomado repercusiones los asesinos de Alexis?
    El viento abrió la puerta sin permiso y rodeó a los concejales recordándoles que había anochecido.
    -Su familia Casius, su familia…
    Todos guardaron silencio, en las puertas un hombre santo se alejaba de la seguridad del muro con una antorcha en su mano, y el peso de las razas sobre sí. No miró en ningún momento hacia atrás, simplemente apuró su paso por el sendero, el mundo, sin conocerlo, estaba en jaque.
    Dudas o consultas: Barbak@imperiumao.com.ar



     



    Mis historias: Memorias de Barbak ; El caminante ; Crónicas de una aventura ; Relatos de un futuro ; Historias Republicanas (compartida) y El abismo de Panthracus


     

    Cita Iniciado por Krimson Ver Mensaje
    Eh visto gente decir boludeces grosas, entre los cuales me incluyo, pero siempre se me daba por pensar que esa gente algo fumaba, algo consumía.
    Pero un día empecé a conocer mejor a Nico. Un buen tipo, sincero, sencillo y descubrí que hay gente que puede decir pabdas, boludes, delirios sin el uso de ayuda externa y ahí empecé a comprender que la gente es capaz de decir boludeces pero con cierto sentido y bajo un nivel de cordura normal.
    Ahí es donde encendí la tele y empecé a decir: Marley te entiendo. Moria te entiendo. Lafauci sos un ilustre.

    Que felíz me sentí.
    jajajja nadie me definió tan bien jajaja xD

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  2. #2  
    The pirata Avatar de Barbak
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    15 Oct, 05
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    Capítulo III: La búsqueda


    Días más tarde, la luna brillaba sobre Panthracus, lo guiaba hasta los bosques de Nix. Cuando la ciudad donde su esposa se asentaba con su hijo se asomó por el horizonte, el clérigo no se pudo contener y decidió ir hasta el pueblo pesquero de Nix a acariciarla, tocarla, besarla y abrazarla. Cruzó en la oscuridad la puerta de entrada y caminó sin detenerse hasta su casa, llegó y abrió la puerta lentamente, en silencio, llamó a Adhaíl pero nadie contestó; su niño lloraba y no cesaba de hacerlo, nadie acudía a su llamado. Panthracus subió las escaleras en busca de su hijo, en busca de su amada, llegó arriba sin ver más que sombras… un escalofrío recorrió su cuerpo, las persianas golpeaban contra la pared, se abrían y se cerraban a merced del viento, bailaban al compás del llanto del pequeño. Panthracus llamó a su amada, y comenzó a asustarse, su corazón se aceleró, sintió que alguien lo observaba, sintió que desde atrás cientos de hombres se regocijaban, sintió que su mundo se desvanecía al ver la habitación desordenada extrañamente. Miró hacia atrás rápidamente, y con la luz de la Luna se iluminaba unas palabras escritas con una daga en la pared
    “Si buscas a tu amada, no está aquí, vete al Este y busca la puerta al abismo, lleva la caja si quieres recuperar a tu chica”
    Era todo lo que el mensaje decía, las lágrimas de Panthracus no dejaron de caer y acompañaron a las de su retoño. Tomó entre brazos a su hijo y lo dejó en el templo, salió rápidamente en un barco hacia el Este, en búsqueda de su amada.

    Días más tarde un desanimado clérigo pisaba las tierras resplandecientes de Illiandor, preguntaba por doquier por “El abismo” pero nadie sabía responderle; al borde de la desesperación, sintió que un hombre lo llamaba entre la multitud
    -Panthracus, Panthracus…
    -¿Quién eres, qué es lo que quieres? ¿Sabes dónde se encuentra el abismo?
    -Tranquilo Panthracus cálmate, soy yo, Émrik ¿Me recuerdas?
    -¿Émrik…? Émrik…. ¡Sí me acuerdo de ti! Me salvaste semanas atrás en Ullathorpe.
    -Así es, ¿Qué ha pasado Panthracus? Te encuentras desolado, no veo tu fe interior, pareces abandonado, solo y desolado. Esa chispa que en ti veía se ha desvanecido, sólo encuentro en ti pena y desgracia…
    -Compañero Émrik, estoy buscando fervientemente “el abismo” ¿Sabes dónde está?
    -Panthracus buscas algo tan desconocido como la razón de la vida, lo que buscas no lo hallarás preguntando, debes venir conmigo a mi casa.
    Y dicho esto, guió a Panthracus hasta su casa, lo alimentó y dejó que descansase un tiempo. Cuando se levantó, Panthracus pudo apreciar un poco más la casa, estaba compuesta por tres habitaciones, una era un baño, otra la habitación de Émrik y otra era la de huéspedes. Además poseía un comedor con una mesa redonda y algunos muebles, también un pequeño sector pertenecía a la cocina que no era comúnmente usada; entre los objetos de valor se encontraban ropas, instrumentos musicales y objetos varios que seguramente habían servido como pago al bardo por sus servicios.
    -Veo que ya estás mejor Panthracus.- dijo una amigable voz detrás del clérigo
    -Sí Émrik, muchas gracias
    -Escucha Panthracus, ¿Sabes qué es exactamente lo que estás buscando?
    -No… sinceramente no lo sé
    -Buscas la unión de la tierra y la oscuridad del inframundo, buscas un sector en medio del mundo de los vivos y las tierras del Demonio, buscas la zona denominada como “El abismo”. Esta zona es relatada por muchos, pero vista por pocos.
    -No importa Émrik, debo encontrarla, mi amada depende de ello.
    -Panthracus… ¿Qué ha pasado? Cuéntame.
    -Verás, yo llevaba un pequeño cofre conmigo ese día cuando nos vimos, tenía que examinarlo pues lo había encontrado en Nix, donde me había mudado tiempo atrás. Ese cofre, resultó ser El cofre del destino- Émrik abrió los ojos de par en par y escuchó a Panthracus bien atento dejándole continuar para no atrasar la historia, aunque sus preguntas estaban por salirse de su boca- Bien, se suponía que debía llevarlo a la ciudad de los elfos cercana a Nix, pero mi anhelo de ver a mi querida Adhaíl fue tan grande que no me resistí a entrar en mi casa. En ese momento… el terror… mi amada no estaba, mi hijo lloraba, un oscuro mensaje me indicaba que buscara en el Este “el abismo” y que llevara el cofre si es que quería ver a Adhaíl. Pues bien, vine hasta aquí buscando ese abismo, pero temo que no lo he encontrado.
    -Es lógico Panthracus. Yo puedo llevarte hasta él, pero no entraré allí Panthracus, los que entran generalmente no salen y tu causa está perdida, lamento decirlo. Si te llevas el cofre, condenarás a las razas a la extinción y lamentablemente no puedo permitir que hagas eso.
    El clérigo observó como la mano del bardo se mantenía estirada, buscando una rendición incondicional del clérigo.
    -Búscate otra excusa para quedarte con el cofre, Émrik, pues me voy al abismo, te guste o no te guste.
    -Como gustes Panthracus- el bardo golpeó fuertemente en la cara al clérigo, quien reaccionó sacando su mazo- ¡Vamos Panthracus, el cofre no puede caer en al oscuridad, piensa razonablemente!
    -El amor no hace pensar razonablemente, Émrik y tú parece que nunca has amado- el clérigo golpeo con el mazo en la boca del estómago al bardo quien cayó sobre la mesa del comedor pero giró sobre esta para quedar del otro lado
    -¿Qué no he amado? ¡Tú no sabes nada! ¡Uita Subtrahere!- Un vórtice se abrió y miles de almas atacaron a Panthracus quien no podía aguantar los lamentos de las mismas- ¡Ríndete Panthracus, el lamento de estas almas destruirá tu cuerpo por completo y te matará de forma lenta y siniestra!
    El clérigo alcanzó a pronunciar un par de palabras y luego gritó con todas sus fuerzas
    -¡Esencias del otro mundo, nada tenéis que hacer en este lado del portal, volved al vórtice y atravesad sus miedos, atravesad la puerta que les impide descansar en paz, pues ahora están bajo el manto de Barrin, el dios creador, y como mensajero del mismo, los declaro libres!- y dicho esto, las almas lo abandonaron y nunca regresaron.
    -¡¿Qué has hecho maldito religioso?!- rugía Émrik- No importa, has de morir, de una forma u otra- y lo atacó con sus nudillos.
    El clérigo esquivó los ataques y golpeó con la maza la cara del bardo quien cayó al suelo ensangrentado.
    -Nada sabes tú Émrik, pues lo que se puede hacer por amor a una persona es algo inexplicable.
    -¡¿Crees que no lo sé?! Vendí mi cuerpo por la mujer que amaba, mis servicios estuvieron a disposición del dueño de la taberna donde ella trabajaba para pagar las deudas del padre. Trabajé arduamente con ella en busca de su libertad, y cuando finalmente la conseguí, se fue con otro hombre dejando a su padre en la ruina y sin un centavo… murió semanas después en mi regazo.
    El clérigo se paralizó al ver las lágrimas del bardo mientras contaba el relato.
    -Yo- continuó el bardo- sé lo que se puede llegar a hacer por amor, lo viví en carne propia, pero tengo sentido común Panthracus, si llevas ese cofre allí condenarás a todas las razas. Pero me has vencido y tienes derecho a hacer lo que gustes…
    -Yo…- no pudo seguir la frase, nada tenía para decir
    -Escucha, si quieres llegar al abismo di el siguiente rezo- y le extendió una maltrecha hoja de papel de su mochila- Panthracus, respeto lo que hagas pues a ti te respeto, eres un buen hombre… Ahora vete, di el rezo frente a las costas de Illiandor y cuando veas una parte del agua brillar, lánzate de cabeza contra ella y luego…- comenzó a quedarse inconciente
    -Luego qué Émrik… ¡Émrik!
    -Que tu corazón te guíe Panthracus… sólo él te permitirá salir de allí- y dicho esto, se ahogó en su propia sangre.
    -Descansa en paz noble guerrero, ve con tus seres queridos
    Panthracus envolvió el cuerpo de su amigo y lo recostó en la cama para que lo enterrasen cuando lo encontraran, partió dejando la puerta de la casa abierta y avisó a un guardia que había escuchado ruidos en las cercanías para que encontrase el cadáver. Luego se dirigió a las costas de Illiandor, dispuesto a encontrar a su amada Adhaíl.

    Capítulo IV: El abismo


    Llegó Panthracus a la orilla y comenzó su rezo, grandes sus palabras fueron y llenas de sabiduría, estas permitieron que una luz se asomase desde el fondo del agua. Sin dudarlo, el clérigo se zambulló en el agua y entró en una zona opaca, llena de gris y negro, un negro violáceo, un negro áspero. Cuando terminó de caer entre la oscuridad, impactó contra un rasposo suelo, pura tierra en un lugar desolado y lleno de oscuridad, era una oscuridad extraña, pues Panthracus podía ver bien, pero todo era negro, cada pedazo. A medida que avanzaba, algunas figuras emergían repentinamente, como si siempre hubiesen estado allí, pero parecían estar hundidas entre tanta oscuridad.
    El clérigo avanzó mientras en sus oídos retumbaba una voz familiar que le decía “Bien hecho, dame la caja ahora y llévate a tu chica…” y se repetía cada diez segundos, constantemente. Llegó así a una montaña, o lo que parecía ser una montaña, no podía distinguir bien, caminó hasta ella y vio que una cueva invitaba al clérigo a pasar; dentro, una plataforma singular muy grande en el interior de la montaña; allí nada veía el clérigo, pero algo presentía.
    -Salve, Panthracus, hijo de Élabron y Arzón- dijo una voz que el clérigo recordaba de algún lado- bienvenido a mis dominios.
    -¿Quién es el que me habla? Muéstrese- respondió Panthracus.
    -Trátame con respeto ingrato, ¿has perdido tus buenos modales desde aquella vez en Ullathorpe?
    Panthracus se quedó duro, ahora recordaba quien era, era… era…
    Todo se iluminó, y, entre el negro lugar, unas personas esperaban sentadas, un viajero con capa se mostraba frente al clérigo, viejo y llamativo, con un bastón en su mano derecha y una confianzuda sonrisa que inquietaba a cualquiera.
    -¡Tú! Eres el viejo de Ullathopre, el que sólo existía en mi mente, entonces estoy soñando…
    -Me sorprendes Panthracus, un hombre tan sabio como tú diciendo semejante disparate, no estás soñando y no soy de tu mente soy tan real como tú lo eres en este mundo. Es más, toma- dijo arrojando un trozo de pan mordido, Panthracus lo observó detenida y sorprendidamente- Es el pan que me ofreciste allá en Ullathopre, semanas atrás, mira que bien que se ha conservado.
    -Esto no puede ser… real…
    -Sí lo es Panthracus, sí lo es y tú estás dentro de esto al igual que yo y los demás seres
    -¿Seres?- preguntó el clérigo sin entender ni dónde estaba
    -Sí Panthracus, pues verás, este mundo no posee personas, sino seres… esencias, ¡Almas! Si así lo prefieres. ¿Sabes tú en dónde te has metido?- no hubo respuesta- ¡Te has metido en mis dominios!
    Una onda negra salió del viejo y tumbó a Panthracus, un fuego inextinguible se generó de los dedos del anciano y salió verticalmente por un agujero en la punta de la montaña, pero… no era una montaña sino un enorme volcán. El fuego, ahora vivaz, entraba por la abertura de la cueva detrás de Panthracus, lo rodeaba y luego caía en el foso que rodeaba a la plataforma circular. En eso, millones de agónicos gritos salieron del fondo del foso y el clérigo pudo apreciar a las almas en pena, las almas varadas que no podían acceder a ninguno de los mundos de los muertos; no podían acceder al Demonio o al dios creador, estaban a merced del cruel destino. Recordó entonces a su muerto amigo Émrik, quien había llamado a estas almas, seguramente desde aquí y seguramente por ello conocía el abismo.
    -¡Bienvenido al abismo Panthracus! ¡Bienvenido a tu peor pesadilla!- más luz iluminó la sala y una figura apareció detrás del viejo, era Adhaíl.
    -¡Adhaíl! ¿Estás bien?- exclamó Panthracus
    -Sí amado, aquí me encuentro, derrota al anciano, yo sé que eres capaz de hacerlo- murmuraba tristemente la muchacha
    -Tierno- decía el viejo- muy hermoso Panthracus, pero debiste haber pensado antes de tomar dicho cofre, ahora entrégamelo y llévate a la chica, no quiero matarte ni volver a verte.
    -¡No lo hagas!- exclamó Adhaíl con fuerza renovada- Sé que si haces eso el mundo como lo conocemos acabará, entrega el cofre a los elfos Panthracus ¡Vete de aquí!
    - No Adhaíl, te rescataré y luego entregaré el cofre así me cueste la vida, no debe ser tu sangre derramada por mi culpa…
    -¡Panthracus, no!
    -¡Silencio!- dijo el anciano retumbando todo el volcán- Panthracus si no me quieres entregar el cofre te lo quitaré a la fuerza.
    -Estoy esperando, anciano…

    El viejo movió sus brazos de forma sistemática y conjuró las palabras “Ignîs Xar”, una ráfaga se dirigió al clérigo y quemó su cuerpo lentamente. Este reaccionó rápidamente y pronunció las palabras “Nihil Vital” recobrando parte de sus fuerzas y curando sus heridas.

    -Veo que no será fácil- dijo el anciano riendo.
    -Pero será rápido, ¡En nombre de Barrin! ¡Entenath Fir!- las flamas inundaron al anciano y lo consumieron hasta que desapareció. Unos segundos del silencio y este se volvió a formar mágicamente.
    -¡No puedes matarme Panthracus, si lo haces, vuelvo aquí, este es mi mundo nada puedes hacer para vencerme!- dijo el viejo riendo y haciendo temblar el suelo- ¡Nihil Mortem!
    La implosión tumbó al clérigo de espaldas y lo dejó dolorido en el suelo, tomó su mazo a unos metros de él y corrió a golpear al maldito anciano. Sin embargo éste lo esquivó con gran maestría y lo golpeó con el bastón un par de veces, una en la cabeza y con la punta del mismo en el estómago; cuando Panthracus intentó una rápida recuperación, la mano del viejo se colocó en su cabeza
    -¡T’hy Koool!- la descarga despidió al clérigo varios metros hacia atrás, cerca del foso, donde ahora había un fuego constante formado por almas quemadas por la magia del anciano, un espectáculo horripilante
    - Ríndete Panthracus, nada tienes que hacer contra mí, debiste haberte quedado en casa ese día, ¡Nunca debiste haber nacido!
    -¡Púdrete en tu abismo!- gritó el clérigo poniéndose de pie rápidamente- ¡Uuere Ferethiele!- una luz se incrustó desde arriba a través de la piedra del volcán, y otra luz y otra más; varias luces ingresaban en el abismo y apuntaban directo al anciano. Cuando llegaron a éste, el viejo las absorbió mientras reía a carcajadas diabólicas y despidió la energía en forma de aura que volvió a tumbar al clérigo.
    -¿Conforme ya Panthracus? ¡Ríndete y entrégame la caja, o sufre las consecuencias de una eterna vida entre la nada!
    El clérgio se puso de pie, se apoyó en su martillo y dijo
    -Y tú prepárate, porque no habrá redención para ti- tomó aire y comenzó- ¡BAAARRRRIIIIINNNNNNN!- la tierra tembló, las almas se asustaron y el viejo dejó de reír
    -¡Todo poderoso dios creador, que has hecho con tu humildad cada fibra de este mundo, cada esencia se encuentra plasmada por tu mano creadora, ayuda a tu fiel servidor Panthracus, dame la fuerza necesaria para que pueda vencer a la oscuridad de este inmundo ser que no merece ser siquiera observado por tu grandeza, ayúdame ahora, te lo ruego, ayuda a tu servidor, has que pueda vencer a la oscuridad y librarme del abismo en el que estoy sumido!- y ante tal acto de fe, el volcán comenzó a temblar nuevamente, otro grito ahogado del clérigo terminó el canto y detuvo el temblor… Nada más sucedió.
    -Vaya pues- dijo el anciano más tranquilo- debiste haber tomado cursos de rezo.
    Pero Panthracus no respondía, no se había movido
    -Arkârk Leom’anduma- murmuró el clérigo y un rayo de luz chocó contra su rostro en forma espontánea e iluminó todo el volcán, lo lleno de paz y comenzó a quemar al anciano.
    La luz fue consumida por el clérigo y luego la disparó formando una esfera lumínica que se dirigió al viejo.
    -Tú- dijo éste- Barrin… ¡Te has apoderado del cuerpo del clérigo!- el viejo enfureció- ¡Al fin te tengo maldito, tú eres el culpable de mis desgracias, tú y nadie más que tú!- y dicho esto saltó hacia les esfera, que tomó un color rojo y negruzco.
    De Panthracus, la continua luz que salía de su boca se agrandó y sobre el grito agudo pero constante del viejo, la esfera se convirtió en rayo y éste iluminó la zona hasta desaparecer. El clérigo se recuperó y vio como un humo negro fino ascendía hasta el hueco del volcán…
    -Maldito eres, Panthracus, por esto tu alma no tendrá paz, morirás aquí y ni siquiera tu dios podrá salvarte, ¡Eso te lo juro!- y nada más se oyó.
    El clérigo se acercó a su amada que le sonreía.
    -Lo has logrado mi amor, pero no hay tiempo para festejos- gimió, mientras que se tomaba el estómago con dolor, el clérigo notó que se había clavado una daga- Debes llevar este cofre a los elfos de Transwaksil, en Nix ¡Pronto!
    -Adhaíl, ¡¿Qué has hecho?! ¿Por qué te has atravesado con una daga? ¡Déjame curarte!
    -¡No, mira!- dijo señalando un portal que se abría y mostraba las praderas de Illiandor- Si quieres huir debes hacerlo ahora, el portal necesita una ofrenda de sangre constante para mantenerse abierto, no hay otra forma de salir de aquí.
    -Pero… ¿Cómo lo sabías?- preguntó él al borde del llanto
    -Sé más de lo que tú crees, Panthracus Alderion, hijo de Élabron y Arzón- y lo besó apasionadamente mientras que él la abrazaba- Ahora vete que nuestro amor vivirá por siempre, no importa dónde estés.
    El volcán comenzó a temblar, todo retumbaba, el clérigo corrió hacia el portal, los caminos se cerraban, no miró nunca hacia atrás. Las rocas comenzaron a caer, las almas incendiaban el lugar y éste estaba a punto de explotar. Una explosión se escuchó detrás del clérigo, las lágrimas se le escaparon y el fuego cruzó a su lado burlonamente.
    Panthracus brincó hacia el portal con el cofre en sus manos, atravesó el mismo y parte de sus brazos, y fue alcanzado por la explosión.
    Nada recordó, todo negro se volvió. Lo siguiente que divisó fue a su amada Adhaíl que lo llamaba con las manos, le sonreía, la luz era lo único que se observaba en ese pacífico lugar. Con un beso y un abrazo, el encuentro estuvo cerrado.

    Una agradable tarde dos pequeños gnomos caminaban y reían mientras andaban por las verdes praderas de Illiandor. Uno de ellos reparó en un pequeño cofre en un arbusto, tiró con fuerza, pues estaba enredado al mismo. Cuando lo sacó, intentó abrirlo pero no podía pues algo se lo impedía, probablemente magia. Alegres por la fortuna, los gnomos se alejaron sin ver dos brazos de un humano enredados entre los arbustos, no vieron los brazos de Panthracus, simplemente se llevaron el cofre lejos, nadie sabe donde. Sólo se sabe, que nadie volvió a verlo otra vez, ni a él ni a la familia de Panthracus, salvo su hijo, actual consejero de Banderbill, nunca conoció a sus padres, quienes desaparecieron una fría noche en aquél pequeño poblado de Nix y nunca regresaron. El único que tenía la respuesta a las preguntas de su hijo, Émrik Salfawara, yacía bajo tierra en el cementerio de Illiandor, sin que nadie dejase una rosa por él, ni siquiera la amada por la que había brindado sus servicios, pues yacía a su lado, al haber sido asesinada en una taberna una oscura noche de verano.

    “Los amores siempre se encuentran, a veces de forma inesperada o tarde quizás, pero un amor nunca puede separarse de su ideal por mucho tiempo, pues algo místico los une y los mantiene firmes hasta el fin de los tiempos…”
    Tomo: La Fe y el amor, Panthracus,
    dos años antes de su desaparición.
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    Cita Iniciado por Krimson Ver Mensaje
    Eh visto gente decir boludeces grosas, entre los cuales me incluyo, pero siempre se me daba por pensar que esa gente algo fumaba, algo consumía.
    Pero un día empecé a conocer mejor a Nico. Un buen tipo, sincero, sencillo y descubrí que hay gente que puede decir pabdas, boludes, delirios sin el uso de ayuda externa y ahí empecé a comprender que la gente es capaz de decir boludeces pero con cierto sentido y bajo un nivel de cordura normal.
    Ahí es donde encendí la tele y empecé a decir: Marley te entiendo. Moria te entiendo. Lafauci sos un ilustre.

    Que felíz me sentí.
    jajajja nadie me definió tan bien jajaja xD

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  3. #3  
    Morlak Avatar de Larthias
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    Considero que está "a un punto" de la perfección.

    Jajajajaja
    Libros: "El observador", "El extraño" y "En los picos del mundo (¡Actualizada!)"

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  4. #4  
    The pirata Avatar de Barbak
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    Cita Iniciado por Larthias Ver Mensaje
    Considero que está "a un punto" de la perfección.

    Jajajajaja
    mirá como me cagué de risa xD

    sos bien guacho ehh xDDDDD


    para los q no entienden: la historia sacó 99 en el torneo y la de hapay (quien ganó) sacó 100 xD y este amiguín de acá fue unod e los jueces xD

    Mi dioz Larthias habrá llegado epro Morlak siempre será morlak jajajaja

    (Y)

    Saludos!
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    Cita Iniciado por Krimson Ver Mensaje
    Eh visto gente decir boludeces grosas, entre los cuales me incluyo, pero siempre se me daba por pensar que esa gente algo fumaba, algo consumía.
    Pero un día empecé a conocer mejor a Nico. Un buen tipo, sincero, sencillo y descubrí que hay gente que puede decir pabdas, boludes, delirios sin el uso de ayuda externa y ahí empecé a comprender que la gente es capaz de decir boludeces pero con cierto sentido y bajo un nivel de cordura normal.
    Ahí es donde encendí la tele y empecé a decir: Marley te entiendo. Moria te entiendo. Lafauci sos un ilustre.

    Que felíz me sentí.
    jajajja nadie me definió tan bien jajaja xD

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  5. #5 Re: 
    Your Favorite Glaux Avatar de Hibeau
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    Cita Iniciado por Multiplechoice Ver Mensaje
    mirá como me cagué de risa xD

    sos bien guacho ehh xDDDDD


    para los q no entienden: la historia sacó 99 en el torneo y la de hapay (quien ganó) sacó 100 xD y este amiguín de acá fue unod e los jueces xD

    Mi dioz Larthias habrá llegado epro Morlak siempre será morlak jajajaja

    (Y)

    Saludos!
    FA, entonces tengo que leer la historia de Happy ademas de la tuya

    ON: En serio, me sorprende que no hayas ganado porque esta muy buena




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  6. #6  
    The pirata Avatar de Barbak
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    Cita Iniciado por Hibeau Ver Mensaje
    FA, entonces tengo que leer la historia de Happy ademas de la tuya

    ON: En serio, me sorprende que no hayas ganado porque esta muy buena
    gracias ^^

    Se leete la de happy, está posteada en un salón en el server español. Yo no la leí porq mi cabeza no da pra leer eso revienta antes Pero vos quizás tengas más suerte jaja

    Saludos!
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    Cita Iniciado por Krimson Ver Mensaje
    Eh visto gente decir boludeces grosas, entre los cuales me incluyo, pero siempre se me daba por pensar que esa gente algo fumaba, algo consumía.
    Pero un día empecé a conocer mejor a Nico. Un buen tipo, sincero, sencillo y descubrí que hay gente que puede decir pabdas, boludes, delirios sin el uso de ayuda externa y ahí empecé a comprender que la gente es capaz de decir boludeces pero con cierto sentido y bajo un nivel de cordura normal.
    Ahí es donde encendí la tele y empecé a decir: Marley te entiendo. Moria te entiendo. Lafauci sos un ilustre.

    Que felíz me sentí.
    jajajja nadie me definió tan bien jajaja xD

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  7. #7 El Abismo De Panthracus 
    Registrado Avatar de Nahax
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    Si tubiera que calificar esta historia le diria que es en su potencial lo imaginativo y atrapante, rica en su contenido y en todo, para que decir en que? si los que gustan de leer saben a que me refiero. EXCELENTE.Nahax
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  8. #8  
    The pirata Avatar de Barbak
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    Suramei
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    Cita Iniciado por Nahax Ver Mensaje
    Si tubiera que calificar esta historia le diria que es en su potencial lo imaginativo y atrapante, rica en su contenido y en todo, para que decir en que? si los que gustan de leer saben a que me refiero. EXCELENTE.Nahax
    Gracias =)=)
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    Pero un día empecé a conocer mejor a Nico. Un buen tipo, sincero, sencillo y descubrí que hay gente que puede decir pabdas, boludes, delirios sin el uso de ayuda externa y ahí empecé a comprender que la gente es capaz de decir boludeces pero con cierto sentido y bajo un nivel de cordura normal.
    Ahí es donde encendí la tele y empecé a decir: Marley te entiendo. Moria te entiendo. Lafauci sos un ilustre.

    Que felíz me sentí.
    jajajja nadie me definió tan bien jajaja xD

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  9. #9  
    Soul Colector Avatar de Merliner
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    20 Apr, 08
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    No lei demasiadas historias, pero de las que lei esta es una de las mejores

    Este tipo de historias me encantan

    Sin mas que decir, simplemente Excelente
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  10. #10  
    Aguss! Avatar de Artridhion
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    Sur Argentino.
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    Muy buena che!

    Es larga, pero ta muy buena....

    PD: lindo chiste de Larthias xD
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  11. #11  
    The pirata Avatar de Barbak
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    Suramei
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    Gracias

    Es bueno que les haya gustado ^^
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    Que felíz me sentí.
    jajajja nadie me definió tan bien jajaja xD

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  12. #12  
    Te amo poda Avatar de Nakajima
    Fecha de Ingreso
    31 Jul, 06
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    Villa Martelli
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    No me gusto... Le falta mas trama y no me atrapa.


    (?)


    Muy buena
    ex moderador
    Descarga directa - Consolas - Age of Empires - Managerzone

    en esta tarde azul mis pensamientos viajan como nubes, de aquí para allá, y cada nube que pasa, tiene la forma de mis ganas de que estés acá.
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