Otra historia que quedó ene l olvido y resurgo.
Posteo a medida que la sigo.
Igual es cortita =P
Espero que les guste ^^
El caminante
La noche era cruda y espesa, Suramei se hallaba en una terrible tormenta. Bajo la estatua de Fausto, un pequeño gnomo se recostaba a descansar. Era un ser con avanzada edad, pálido, canoso y sin barba. Vestía unos ropajes baratos y llevaba una pequeña vara consigo. Su nombre era Ragniik.
Mientras más la noche avanzaba más el sueño se apoderaba del pequeño hombrecito, hasta que finalmente no resistió y, con lluvia y todo, se quedó profundamente dormido.
A la mañana siguiene un tumulto se reunía en torno a la estatua de Fausto. El cadáver de un gnomo yacía recostado en la bajo la estatua, al parecer había perecido mientras dormía. Entre la multitud una figura encapuchada veía con curiosidad la escena, varios milicianos sacaban el cadáver fuera de la ciudad, nadie lo reclamó y al parecer, nadie lo haría.
Una vez que el tumulto se disolvió, sólo la misteriosa figura encapuchada quedó mirando el lugar donde el gnomo estaba durmiendo. Se inclinó, y revisó entre sus pertenencias que nadie se había animado a tocar y que seguro la milicia vendría a buscar para descifrar algo más sobre el hombrecito encontró un sobre. Este parecía contener una carta o algo similar. El encapuchado enfiló hacia la taberna y desapareció de la escena.
El encapuchado iba ya por la cuarta ronda de cerveza, pero sólo se concentraba en el malgastado papel amarillento que había traído consigo desde la estatua. Al parecer tenía un mensaje pero ¿Debía abrirlo? Mientras pensaba esto, un hombre dejó caer su cerveza sin querer cerca del encapuchado, la jarra al golpear con la barra despidió cerveza aleatoriamente y uno de sus objetivos fue el pequeño sobre. El encapuchado empezó a frotar ávidamente el papel con cuidado de no romperlo, una vez que terminó, pudo apreciar algo escrito, al parecer con tinta mágica. Parecía ser el destinatario de la carta, decía
“Entregar a Alkran”
Alkran era un sabio que vivía en Illiandor, el encapuchado dudó si dejar la carta con la milicia pero finalmente se decidió a llevarla por su cuenta. Esa noche se fue a acostar temprano, colgó su capucha dejando ver su rostro élfico, pelo verdoso y ojos también verdes. Al parecer era un luchador especializado en el combate cuerpo a cuerpo.
A la mañana siguiente, el elfo salió de la taberna rumbo a Illiandor, recorrió rápidamente las calles de Suramei hasta que llegó a la salida. Suspiró un segundo y atravesó la puerta fuera de la ciudad. A paso acelerado cruzó el puente y siguió rumbo al norte, no llegó a cruzar completamente el puente cuando oyó un gruñido grave y atemorizante, se dio vuelta para ver a una criatura enorme que lo perseguía, un gladiador. La enorme bestia empezó a lanzar sus golpes contra el suelo mientras que el elfo daba distintos saltos hacia atrás para esquivarlos, hasta que tropezó con su capa. El gladiador lanzó un terrible puñetazo contra el encapuchado quien se cubrió con sus dos espadas cortas el pecho aunque sabía que eso no lo salvaría.
De repente escuchó un sonido
¡Hoax Vorp!
El gladiador quedó duro frente a él, a su izquierda un miliciano, un asambleísta, bajaba su brazo.
Debes tener más cuidado-dijo suspirando
Lo sé, gracias
El elfo inclinó la cabeza y siguió camino, pero el miliciano no había terminado.
¿Por lo menos puedo saber tu nombre?
¿El mío? Simplemente veme como alguien pasajero
Como desees, pero, ¿No necesitarás más ayuda no?
No, no, me agarró desprevenido, nada más
Claro, dijo el miliciano riendo, entonces no te importará derrotar al de tu derecha
El elfo miró a su derecha sólo para encontrar un puño gigante que venía directo a él, dio varios saltos hacia atrás y esperó hasta que el gladiador dirigió un golpe al suelo y lo enterró en el mismo, allí, el elfo sin esperar respuesta, subió corriendo por el brazo de la criatura hasta llegar a su hombro y brincó levemente cortando superficialmente la cabeza del gigante desde atrás y cayendo arrodillado al suelo, seguido por el gladiador.
No, claro que no-dijo el elfo mientras notaba la expresión de asombro del asambleísta y dicho esto siguió su camino.
El encapuchado siguió camino por unos días. Para cuando llegó a Illiandor estaba exhausto y no tenía fuerzas para llevar la carta a Alkran de modo que fue a la taberna para refrescarse y poder también dormir algo. Al día siguiente se dirigió a la torre de Alkran pero al no encontrarlo fue con el reclutador en su hermosa casa. Una vez que se hubieron presentado el elfo fue directo al punto y le preguntó si Alkran estaba a lo que el miliciano respondió que había salido precipitadamente a Lindos por un asunto de la República. El encapuchado se quedó un momento en silencio y luego le dio las gracias al miliciano.
El elfo vagó todo el día por Illiandor buscando una respuesta, no tenía intenciones de cruzar el continente en busca de un mago encerrado en un edificio al que no le iban a permitir ingresar. Sin embargo la pregunta era ¿Qué hacer con la carta? No supo, jugaba con ella cada vez que no vagaba por las calles de la ciudad, sin saber en donde dejarla sin saber a quién darle la tarea, sin saber si incluso él quería ir o deshacerse del trozo maltrecho de papel.
Cuando el atardecer estaba en su esplendor el encapuchado tomó el pedazo de papel frente al mar. El viento el golpeaba la cara con fuerza, la carta no caería al mar. Levantó la carta y la dejó libre para que el viento hiciese con él lo que se le antojase cual piezas de ajedrez controladas por una mano invisible y poderosa que dicta cada uno de los movimientos de uno sabiendo, o no, las consecuencias de esto.
La carta voló hacia el lado opuesto al mar, hacia donde el viento la llevaba. El elfo la contempló hasta que se perdió en el horizonte, inmediatamente después, se dirigió a la taberna a descansar.



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