Tema: Historias Republicanas [HR]
  

Resultados 1 al 12 de 12
  1. #1 Historias Republicanas [HR] 
    Bibliotecario Avatar de Khoreldrim
    Fecha de Ingreso
    26 Dec, 07
    Ubicación
    Saavedra
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    721
    Buenas noches!
    Mi nombre es Inedour y soy un Nigromante perteneciente a la República.
    Esta noche me presento ante ustedes lectores para presentarles estas humildes pero valiosas historias que cuenta la vida, aventuras y anécdotas de mis compañeros republicanos.
    Cada escritor se esforzó mucho para que ustedes las vean, y me gustaría dejarles algo que me han enseñado mis padres antes de morir: "Si una persona se toma el trabajo de escribir algo para ti, la mejor forma de agradecerlo es leyéndolo" es por eso que a ustedes les pido que lean estas historias y que tambien las disfruten.


    Adiós.





    "El Encuentro - Multiplechoice

     
    El encuentro:

    La puerta se abrió silenciosamente, Brelock, el humano, ingresaba a la tienda de su amigo en Suramei. Al fondo de la tienda, un mostrador iluminado por una vela de mesa; a diestra y siniestra, repisas llenas de objetos varios para los hogares republicanos.
    -¡Oye Wilharm! ¿No piensas saludar a tu amigo?- preguntó Brelock
    El humano detrás del mostrador se dio vuelta y una sonrisa se dibujó en su rostro.
    -¡Pero si es el viejo Brelock-respondió- el más intrépido y escurridizo ser que he tenido el agrado de conocer!
    -Me halagas, me halagas- dijo Brelock en tono Burlón- ¿Cómo te ha ido con esta tiendilla en Suramei?
    -Nada mal, nada mal. No se amasa una fortuna pero se vive bien.
    -Ya veo, entonces no extrañas irte de aventuras, ¿No?
    -Claro que sí, pero te lo he dicho muchas veces, ese momento ya pasó, lo vivimos y los disfrutamos pero ya pasó.
    -Es verdad, yo he viajado desde que nos volvimos demasiado viejos para matar orcos por unas monedas. Un verdadero placer.
    -¿Lo dices por los bellos lugares que has visitado o por la gran cantidad de gente a la que has asaltado?- preguntó Wilharm.
    -Por las personas a las que les he robado, lógicamente, ¿Creías que había cambiado? Sigo siendo el mismo bribón que solías conocer.
    -Querrás decir el mismo ladrón, timador y estafador- dijo Wilharm riendo.
    -Sabes que esos nombres me parecen despectivos, yo soy un bribón. Vivo de ello.
    -Como gustes- respondió Wilharm riendo- ¿Deseas una cerveza viejo compañero?
    -Como siempre nada mejor para saciar la sed.
    El tiempo pasó y las anécdotas y los recuerdos fluyeron entre las copas de cerveza, la alegría de los hombres era notoria.
    -¿Sabes qué, Brelock?
    -¿Qué sucede?
    -¿Recuerdas la persecución desde Nix hasta Lindos que tuvimos que realizar para recuperar ese viejo anillo mágico?
    -Claro que sí, el viejo que nos lo encomendó pagó mucho por ello…
    -Sí… Y pensar que nos fuimos con el anillo hacia Rinkel con la esperanza de venderlo.
    -El viejo aún debe estar esperando que lleguemos con su preciado anillo
    Los hombres echaron a reír con ganas.
    -Sí… Nunca supe qué sucedió con el anillo- dijo Wilharm meditabundo.
    -Ya te lo he dicho, se debe de haber caído por la borda en el ataque del Leviatán, cuando íbamos rumbo a Rinkel.
    -Lo sé, lo sé pero siempre me sentí culpable de que no pudiésemos habernos llenado de oro por culpa mía.
    -Quédate tranquilo, te he dicho que no es de gran importancia. Además, si hubiésemos amasado una fortuna con es anillo, hubiese perdido mi empleo- y echó a reír, Wilharm le acompañó.
    La noche se asomó por la ventana y el invitado decidió que era hora de partir.
    -Debo irme mi amigo, ha sido muy generoso cerrar la tienda por mi llegada pero no quiero hacerte perder más dinero.
    -Sabes que no es molestia, vuelve cuando quieras Brelock.
    -Gracias compadre. A propósito, ¿Has visto la oleada de robos que están sucediendo aquí en Suramei?
    -Sí, las calles no son tan seguras como antes. Pero mira cómo he decidido hacerle frente.
    Wilharm se puso al lado de la puerta y mostró una cajita colgada de la pared. De un lado una cuerda con un gancho hacia abajo, del otro, una ranura que servía para colocar dicho gancho.
    -Vaya, vaya ¿Y esto, un nuevo invento?- preguntó curioso Brelock.
    -Así es, por este lado de la caja sale una cuerda muy flexible con un gancho en la punta. Por el otro hay una ranura correspondiente al gancho y por las paredes hay ciertas ranuras que sirven para marcar el camino a la cuerda. Entonces paso la cuerda alrededor de toda la tienda, cruzando las ventanas y la puerta y la engancho del otro lado.
    -¿Y eso en qué ayuda?- preguntó Brelock
    -Paciencia, luego trabo la cuerda y activo el mecanismo. En el momento en el que la puerta o una ventana es abierta, la cuerda es estirada y se activa el mecanismo.
    -¿Y qué se supone que hace esto?- continuó indagando Brelock curioso.
    -Bueno, activa un mecanismo interno-contestó Wilharm abriendo la caja de madera y mostrando el mecanismo- quien enciende un pequeño proyectil que saldrá disparado por un tubo fuera de la casa al cielo. El cielo se alumbrará con los colores del proyectil y la pequeña explosión hará notar que hay un ladrón en al tienda. Sencillo, en cuanto los guardias observen eso, correrán hasta la casa de donde provenga el humo y arrestarán al ladrón a menos que el proyectil lo haya ahuyentado, que es lo más probable. Para entrar simplemente debo abrir levemente la puerta y desenganchar la cuerda, luego paso y la desengancho de los soportes de las paredes hasta llegar a la caja.
    -Mira lo que es la tecnología, compañero.
    -¿Has visto?
    -Bueno me alegro por ti, yo ahora debo irme Wilharm, que la luz te guíe en los sueños.
    -Lo mismo digo amigo mío.




    Al día siguiente, Wilharm testimoniaba frente a los guardias, su tienda estaba abierta y había objetos rotos o faltantes. Al parecer alguien había entrado y se había llevado ciertas cosas de valor de la tienda; al amanecer, un vendedor vecino había anunciado a los guardias del robo.
    Cuando todo terminó, Wilharm junto al vendedor vecino se quedaron hablando.
    -Sabes que no lo entiendo, el mecanismo debió haber funcionado
    -¿Seguro que trabaste la cuerda y que funcionaba correctamente?
    -Seguro lo revisé varias veces al comprarlo y probé todo el mecanismo.
    -Uhm ¿Y qué piensas hacer?
    -Pondré otra cuerda. Pero hacia el lado opuesto y en vez de estar situado en la altura de mi cabeza, estará a la altura de mis rodillas.
    -Lo que debe hacer uno para entrar a su propia casa.
    -Y que lo digas…
    -Escúcheme Wilharm, Le he estado escuchando hablar de su máquina varias veces. Quizás ha sido poco cauteloso de su parte.
    -Sí tiene razón, pero ¿Cree que alguien pudo haber escuchado?
    -Pero aún, puede que le estén espiando.
    -¿Qué me aconseja?
    -Quédese en su tienda hoy a la noche y desvélese.- respondió el vecino susurrando- Entre por una ventana o deje la puerta trasera abierta. Usted ha luchado antes, es un aventurero, puede enfrentar a un ladrón de clase baja. Sólo aguarde detrás del mostrador. Pero no le cuente a nadie lo que piensa hacer por las dudas de que le estén espiando



    Se despidieron y cada uno continuó su labor, a mitad de día se escucharon unos golpes en la puerta de la tienda de Wilharm. Era Brelock.
    -Que tal compadre, ¿cómo te ha ido?
    -Pésimo, alguien entró y se robó parte de mis cosas.
    -¿¡Pero si tenías ese dispositivo?!? ¡No me digas que olvidaste conectarlo!
    -No, no, lo conecté de maravilla pero el ladrón lo eludió sin problemas.
    -Mi amigo te lo he dicho siempre, nunca has tenido suerte. Se te escapan anillos, activas un dispositivo antirrobo y el día del estreno falla…
    -Sí lo sé pareciese que estoy maldito.
    -¿Y qué piensas hacer para impedir nuevos robos?
    -Pondré una nueva caja pero en sentido opuesto y a la altura de mis rodillas.
    -Pero no podrás entrar si colocas dos.
    -En realidad es muy simple, descoloco la primera como ya te expliqué y luego paso por arriba de la segunda. Si te fijas la segunda es transparente para engañar al ladrón. Simplemente pasando por arriba de una mientras descoloco la otra podré entrar tranquilamente. Luego desactivo ambas y listo.
    -Vaya, nunca creí que pudieses tener algo tan planeado- dijo Brelock riendo
    -¿Cómo crees que hemos logrado superar todas esas aventuras?
    Ambos rieron con ganas



    La noche cayó y Wilharm salió de su tienda, sin embargo la rodeó y se introdujo nuevamente por la puerta trasera que había dejado abierta y sin protección. Aseguró la puerta trasera y esperó detrás del mostrador; para invertir su tiempo, hizo un pequeño hoyo desde su posición debajo del mostrador para poder ver la puerta principal sin la posibilidad de ser visto.
    Cuando el sueño parecía apoderarse de Wilharm unos ruidos leves se escucharon sobre la puerta, al minuto ésta se abrió y un hombre asomó su mano. Tomó la cuerda de arriba y la desenganchó, luego estiró su mano cuidadosamente buscando algo. Encontró la segunda soga y la pasó por arriba, desactivó el dispositivo superior y comenzó a desenganchar los soportes de las paredes.
    En cuanto se acercó al mostrador Wilharm tomó impulso y haciéndose de su espada corta tumbó al ladrón quien soltó la cuerda; ésta siguió camino y destrozó dos soportes hasta engancharse con uno detrás del mostrador. En ese segundo de oscuridad, Wilharm apreció cómo la mano de su contrincante se movía en dirección a su cinturón, posiblemente en búsqueda de un arma o algo parecido. Sin dudar, enterró su espada corta en el vientre de la sabandija y esperó; sacó una vela y la encendió frente a los gimoteos de su víctima.
    Cuando la luz llenó la tienda, la vela cayó sobre el piso mientras un aterrorizado y confundido Wilharm miraba al ladrón de su tienda.




    -¡Brelock! ¡¿Qué rayos está pasando?!- dijo confundido. El soporte que sostenía la cuerda superior se rompió y ésta continuó viaje hasta otro soporte que la aferró, aunque no por mucho.
    -Soy un bribón, ¿Recuerdas?
    Wilharm, atónito, nada pudo decir. Brelock llevó su mano hasta el bolsillo y sacó un pequeño anillo. Wilharm, aún más confundido, sólo pudo observar.
    -Este es tu anillo, te lo quité en la batalla contra el leviatán. Nunca tuve el coraje para venderlo.
    Las lágrimas brotaban del corazón desgarrado de Wilharm, sin saber qué hacer. Ni siquiera pudo exclamar un “¿por qué?”.
    -Sabes, nunca pensé que moriría así- gimió Brelock, ya sin energías- al menos estoy feliz que haya sido por mano de un conocido mientras hacía lo que más me gusta. No te sientas triste Wilharm, tus cosas están en mi casa, así probarás que eres inocente.
    Y dicho esto murió. El soporte que sostenía la cuerda superior volvió a quebrarse, pero esta vez con tanta violencia que cortó la fina cuerda transparente que no había sido desactivada. Un ruido hizo que Wilharm, con su cara cubierta de lágrimas y desazón, mirase por una ventana en el techo, una explosión de colores con un fuerte ruido se apreció por toda Suramei. Las luces de las casas se encendían, la cara de Wilharm se iluminó y pudo apreciar cómo la tienda se incendiaba. Cómo había sucedido, todo pare´cia una pesadilla, la memoria de Wilharm estaba ocupada por las últimas palabras de su amigo… Su cuerpo dejó de resistir.

    A la mañana siguiente los guardias informaban a los ciudadanos el hecho. Al parecer la casa se había incendiado producto de una vela que cayó al piso. Posiblemente se debió a una pelea entre los amigos a altas horas de la mañana, ya que uno había asesinado al otro. Al mismo tiempo, el fuego activó el dispositivo antirrobos. El testimonio del vecino de Wilharm hubiese ayudado a aclarar las cosas, si no fuese porque se dirigió rumbo a occidente esa misma noche, nadie supo de su partida.


    "Historia de una republicana" - Arbell Infey

     
    Al principio éramos solo 4... Yo era la 4ta miliciana y la primer mujer en ese entonces en la milicia... yo juntaba tropas y aprendices para que puedan llegar a ser otro miliciano más... Cada compatriota que veía era otra alma por conocer... Mucha gente conocía, mucha gente hablaba de mí... cosas buenas, cosas de su experiencia... Entonces, con un gran amigo mío, Saralonde Elwe, un elfo que agradaba a la gente, fuimos por los puestos para perdonar a la gente, ja cuantas esperanzas tuvimos y como la gente nos eligió... Que buenos tiempos aquellos, donde nos reuníamos en una sala mucho mas pequeña que la actual, la anterior se demolió con el llegar de gente para construir otras mas grandes... Yo y saralonde peleábamos por varias cosas de los republicanos y milicianos... Peleábamos por que se cosieran vestimentas para nuestros milicianos que a penas algunos llevaban una insignia de la republica...
    Con el correr del tiempo llego más gente, esto fue bueno en unos principios, tantos proyectos que se habían planeado... pero no se contó con las cosas que traía el incremento de tropas... conductas inapropiadas, discusiones absurdas... Entonces se fundo la Asamblea, que estaba constituida por los asambleístas, nuevamente yo y Saralonde fuimos elegidos junto a otros postulados. Todos nos reuníamos en los cuarteles secretos y seguíamos peleando y debatiendo los perdones...
    Entonces todo empezó a caer... llegaron nuevas ordenes desde arriba, ordenes de cambiar lo que hacíamos y que se implantó una persona para ayudarnos pero que debíamos también ser liderados por esta persona, entonces... el alzó su mano y limpió a todas las personas en la asamblea, y impuso a los asambleístas y cancilleres, en esta vuelta no me reeligieron y pusieron a las personas que querían sin preguntar a la gente que opinaba al respecto... Entonces, después de caer al lado oscuro, terminé yéndome fuera de la república, con mis esperanzas rotas y sin un camino que seguir...

    Pero empezaré, ahora... A pelear...


    Historia realizada por Saralonde Elwe

     
    El silencio es opresor, oscuro, terrible. No había ningún ruido que demostrase vida, solo nuestras respiraciones, y nuestros pasos, cada vez menos seguros. Poco a poco, el oído se fue acostumbrando al silencio total, hasta que nuestras pisadas retumbaban en nuestros oídos de tal modo que parece que la tierra se va a abrir en dos. Así se podría decir que nos sentíamos cuando nos adentramos en el Bosque Muerto. Eramos un pequeño grupo, dispuesto a limpiar las tierras de criaturas, al mando de un joven elfo, llamado Iustus. Estabamos mal vestidos y mal armados, y la poca luz que se filtraba entre los árboles nos limitaba demasiado la visión.
    De pronto, empezamos a oir movimiento entre las hojas. Quizás fuese a cientos de metros de distancia, pero nuestro oído estaba tan aguzado por el constante y espantoso silencio, que oprimía todo dejándolo triste y sin vida, que nos pareció que el movimiento era al lado nuestro. A lo lejos, pudimos divisar una pequeña casa. Presa del pánico, huímos dentro de ella.

    -Estamos atrapados ahora- dictaminó, temeroso, Iustus
    -De algún modo tenemos que salir- dije

    Ruidos. Ruidos espantosos, infernales. Chirridos y golpeteos fue lo único que oímos. Las arañas nos habían rodeado. Estabamos encerrados, no teníamos salida. Rodeados por miles de criaturas hambrientas, deseosas de probar bocado que no fuese una rata perdida o, con suerte, algún mamífero un poco más grande. La desesperación se vió en nuestras caras, en nuestros gestos. Encerrados. Sin escapatoria, sin salida, encerrados. No podría ser peor, ¿acaso no podía venir alguien y despertarnos diciéndonos "fue una pesadilla"? No, no sucedió. Los espantosos arácnidos seguían allí, rodeándonos, oprimiendo con sus espantosos ruidos cada fibra de nuestro ser.
    No se cuanto tiempo pasamos allí. Tampoco como lo pasamos, ni bajo que circunstancias. Tan solo está grabado en mi mente el momento en que uno de nuestros hombres, con una gran hacha al hombro, aseguró "voy a salir". Con cuidado, abrió la puerta. Y luego caminó hacia adelante.
    Edu Siempre Presente
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  2. #2  
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    "Compilado de fragmentos de las Memorias de Brador, el gnomo" - Multiplechoice

     
    La noche inundó nuestras almas, el estandarte del Imperio bailaba en el cielo al compás del viento refunfuñón. Un hombre entró en la agitada ciudad de Ullathorpe, pero no cualquier hombre, nuestro hombre.
    -¡Amigos míos!- dijo su firme voz- ¡El Imperio ha osado dejarnos de lado nuevamente!
    Gritos descontentos salieron a flote entre un mar de murmullos, la agitación se hacía notar.
    -¡Amigos míos!- prosiguió- ¡El Imperio no salvará las ciudades de Ullathorpe y Nix! ¿¡Quién debe hacerlo?! ¡Nosotros!
    -¡Nosotros!- gritó la muchedumbre al unísono, yo callé.
    -¡El Imperio ha trastornado nuestras simples vidas con complicadas políticas contra el Caos! ¡Ahora deberá sufrir las consecuencias de no respetar al pueblo!
    -¡Sí!- gritaron todos largamente, parecía que sus pulmones no acabarían de exhalar ese grito triunfador, otorgador de fuerza…
    La revuelta comenzó. Los rebeldes entraron a las casas de los guardias imperiales y los asesinaron, desparramaron sus cuerpos por toda Ullathorpe. En Nix, mensajeros enviados hacían llegar las noticias de la revuelta; las ciudades campesinas de Ullathorpe y Nix no escucharían más a un tirano como Arispar. La revuelta de los granjeros, había comenzado.
    Al caer más la noche el ejército de Armadas se formaba cerca de Ullathorpe y se horrorizaba del estado de la ciudad, desde el denso bosque, una voz imperial cruzaba el cielo.
    -¡Rebeldes! No debéis pelear contra nosotros, todo puede solucionarse. Entregad al traidor de Fausto y jurad lealtad a nuestro Emperador Asrispar, y todo será perdonado.
    La rabia inundó mi boca y le hizo hablar, con una fuerza que no creía que poseía exclamé
    -Mejor tú entréganos a Arispar, y no te haremos daño imperial- todos rieron, eso era bueno, yo también sonreí. Sonreír nos daba confianza para la próxima carnicería.
    El silencio se apoderó del panorama, los pasos al frente se escuchaban acercarse, el silencio se apoderó de los rebeldes, el miedo inundó sus corazones y les hizo rezar. La ráfaga Armada entró como un rayo a la ciudad, los granjeros combatieron ferozmente para intentar suprimir al Imperio, pero estábamos destinados a perder esa batalla. Yo me encontraba en la retaguardia utilizando mis simples conocimientos de la magia para la curación o para defender a algún herido. Poco tiempo después, la batalla estaba en las sucias manos de los imperiales; Fausto tocó la retirada y todos huimos hacia Arghâl, escapamos por la salida sur de la ciudad y la rodeamos cambiando de rumbo al norte, llegamos a Arghâl momentos después.
    Observé el rostro de todos los rebeldes, muchos de ellos más tarde conformarían a una facción igualitaria, pero en ese momento creían que la guillotina era su futuro. Fausto se paró en unas cajas del puerto y anunció
    -¡No desesperéis amigos míos, la libertad se consigue mediante un precio y ése aún no ha terminado! ¡Sin embargo debemos hacer que el esfuerzo de nuestros camaradas caídos no sea en vano, tomen las barcas, galeras y galeones que se necesiten, naveguemos hasta el Este a la ciudad de Wonder y tomémosla en nombre de la Libertad!
    Todos exclamaron aguerridos y confianzudos, yo me limité a callar y me dirigí a una embarcación de gran tamaño para sentirme más seguro, nunca me gustó el mar.
    El viaje duró un parpadeo y antes de lo que nos hubiésemos imaginado llegamos a la ciudad de Wonder; la tomamos en menos tiempo de lo que dura una exhalación, los ciudadanos nunca supieron qué sucedió. Tiempo después nos llegó la terrible noticia que los rebeldes de Nix también habían perecido, los que habían logrado huir vía mar estaban llegando a Wonder.
    Al día siguiente las barcas de Nix arribaron a la renombrada ciudad de Suramei, hogar de lo que Fausto llamó “La República”. Sus integrantes eran simples campesinos, rebeldes, asqueados de las políticas de Arispar que deseaban vivir una vida mejor, lejos de la devastación y la desolación de sus ciudades natales. Fausto irradiaba una confianza tal que todo rebelde (ahora conocido como republicano) abrazaba y agradecía; se sentían desolados, lejos de todo lo conocido pero inspirados por su nuevo líder que insistía en que todos debían tener voz y voto.
    Las construcciones se sucedieron y la techada ciudad de Wonder se convirtió en la amurallada y floreciente ciudad de Suramei, los republicanos, animados por el carisma de Fausto, prosiguieron su expansión y tomaron las ciudades de Illiandor y Lindos, quienes colocaron los estandartes republicanos anaranjados; la espada con alas se manifestaba en los corazones del pueblo de Suramei y le daba fuerza.
    -“Por la libertad y la igualdad, mediante la espada”- pensaba yo en mi cabaña. Con una facción en expansión compuesta de granjeros, nadie diría que hubiésemos llegado a tanto en tan poco. El resto de la historia es algo turbulenta, un pequeño grupo de exploración (comandado por Fausto) al que yo pertenecía se dirigió al Bosque Muerto para inspeccionarlo; hacía poco se había destruido un fuerte al norte de ese mismo bosque a manos de una escaramuza Imperial. Lamentablemente la República no tenía más recursos para reconstruirlo y debió dejarlo en ese lamentable estado, más tarde lo conoceríamos como el “Fuerte Abandonado”.
    En esa exploración, nuestro grupo fue atacado por imperiales merodeadores, Fausto intercambió su valiosa hacha con Ecnath, un enano, y peleó duramente contra la escoria imperial. Yo había sido enviado para curar e intenté hacer todo lo posible por salvar a los republicanos heridos; hasta que vi a Fausto caer sobre la pantanosa tierra del bosque y a Ecnath corriendo para intentar salvarlo. Corrí tanto como pude para tratar de curarle pero un golpe seco en mi nuca me nubló la vista.
    Al despertar y salir de mi cabaña, pude observar el cuerpo de Fausto mientras era rezado, una sonrisa se dibujaba en su rostro; algunos dicen que fue por morir como nació: Libre; otros que fue la euforia de haber acabado con cinco Armadas en una sola batalla; otros simplemente que estaba feliz de sus logros… Sea cual fuere la verdadera respuesta, esa sonrisa daría coraje a nuestros turbulentos corazones y a pesar de que el Imperio creía que nos desmoronaríamos, nos apresuramos a demostrar lo contrario. Nos esforzamos a engrandecer la utopía que alguna vez Fausto soñó, hasta que mis huesos dijeron “basta”.
    Ya cansado, escribo mis últimas líneas. Ecnath desapareció durante meses y regresó hace relativamente poco, he pasado noches enteras charlando, contando anécdotas y proyectando la visión de Fausto. Sé que será un gran líder.
    Creo fervientemente que hay que dedicar unas líneas a nuestros enemigos, y no sólo maldiciones. Quizás algún día comprendan nuestro sueño, lo que buscamos… No deseamos dar muerte a su sociedad, sino mas bien preservar la nuestra, si sus políticas no nos incluyesen quizás la rivalidad se habría extinto. Pero el Imperio debe mostrar orden y no puede permitirse dejar vivos a seguidores de un idealista como Fausto, ¿Qué saben ellos lo que hemos sufrido nosotros? Posiblemente nada, al igual que nosotros desconocemos sus dolores debido a nuestras ideas…
    La única alegría antes de morir ha sido enterarme de la victoria de Ecnath sobre el tirano de Arispar. Amarga alegría sin embargo, pues las pases entre el Imperio y los republicanos parecen aún más lejanas… Pero si su descendiente no es tan obstinado y ciego… Quizás haya lugar para el diálogo. Desde mi posición, ya no hay necesidad para la batalla. Tanto Fausto como Arispar perecieron y no debería haber problema para instaurar la paz entre los pueblos. A pesar de todo esto, lo propuesto es una utopía, la paz es algo tan lejano y codiciado como tocar al mismo Dios… Dos pueblos formados por la misma gente pero destinados a una guerra eterna y sangrienta… Quizás en la otra vida pueda abrazar a un imperial y pedirle disculpas, mis principios mortales de hoy, no me lo permiten… Mis ideales no me lo permiten… La espada alada de la República, símbolo de Fausto, no me lo permiten…


    "Diario de un Prisionero" - Multiplechoice

     
    Día 1:

    Desperté en una mugrosa celda sin poder recordar nada de lo que había ocurrido, nada luego de la batalla; sentía que mis energías escapaban por las cicatrices de mi cuerpo… Me arrastré por el moho y llegué hasta un plato de comida con pan rancio y duro; me deshice de mis últimas fuerzas y me desmayé.

    Día 2:

    No sé cuánto dormí, el tiempo ha perdido sentido entre estas cuatro paredes. Cada tanto veo soldados patrullando frente a mi celda sin siquiera voltear a verificar que esté vivo. La soledad me inunda cada vez más y no sé qué ha sido del afuera… Quizás mis antiguos camaradas hayan terminado igual que yo… O peor.

    Día 3:

    La locura me invade, sólo tres días en un mismo lugar me está dejando una marca emocional muy fuerte. No comprendo ya qué hago aquí o incluso me pregunto quién soy. Observando mis ropajes pude apreciar una espada alada como broche de mi capa; me era familiar pero no recordaba por qué la poseía. Sin embargo me daba fuerza de modo que paso el tiempo apretando el broche contra mi pecho y rezando.

    Día 4:

    Seré sincero mis días no son normales, casi no entra luz por estas celdas, mis ojos han perdido la capacidad de captar la iluminación… Me guío por la fuerza de la luz para ubicarme en el tiempo. He notado que tengo un compañero del lado derecho de mi celda quien ha estado cavando a través de la roca para abrir una conexión entre su celda y la mía. Desconozco el propósito, quizás se sienta solo. Lo comprendo.

    Día 5:

    El hombre de la celda contigua ha resultado ser alguien muy amigable. Al parecer su nombre es Harklar y en su tiempo fue un ladrón que trabajaba en Banderbill; fue atrapado hace unos años y desde entonces ha estado aquí.
    Lo liberarán en pocos días, según él. Su condena se está terminando; me siento feliz por él, aunque no puedo sentir lo mismo por mí.

    Día 6:

    Le he preguntado a Harklar sobre el emblema alado, dice ser el símbolo de La República. Nunca he escuchado ese nombre ni nada que se le parezca. Harklar me ha indagado sobre lo último vivido pero no he logrado responderle; el cansancio y la desolación me han abrumado, ya ni siquiera como la decadente comida de este lugar y mis energías restantes, así como mi corazón y mi alma son puestas en estas líneas que pueden leer ahora… No sé cuánto más pueda escribir.

    Día 7:

    Harklar me ha contado un poco más de La República, pero nada había levantado mi interés hasta que lo nombró. Como si esa palabra fuese la llave para abrir mi mente… “Fausto”.
    Conocí a algún Fausto y luché con él. Es todo lo que recuerdo… El cansancio me inunda pero no es como siempre. Siento que mi alma se despega de mí, no tengo fuerzas para seguir escribiendo…

    Día 18:

    Inconciente estaba cuando unos guardias me levantaron a la fuerza, se preguntaban si aún estaba vivo y no entiendo cómo lo estoy. Según mi compañero de la celda contigua, me desmayé mientras escribía y nunca me levanté; según su conteo estuve once días inconciente sin levantar la menor sospecha a los guardias de trajes azules… He decidido terminar estas líneas, de modo que ingiero algo de queso mohoso mientras escribo para darme fuerza.

    Día 20:

    He visto algunos hombres con trajes naranjas caminar hacia fuera, quizás los liberan y pronto llegará mi turno. Halkran desconfía bastante de ello y apaga mis esperanzas. No he logrado conciliar el sueño, escenas de una batalla me despiertan horrorizado cuando intento descansar… No entiendo qué son ni qué significan.

    Día 25:

    He tenido las mismas visiones en mis sueños durante estos cinco días. Siempre me encuentro peleando junto a mis compañeros vestidos de ropajes naranjas hasta que siento una cuchilla infiltrarse en mi carne… Luego siento mucho frío y quedo inconsciente. Al final despierto aquí, sudado y asustado…

    Día 27:

    He logrado escuchar a unos guardias de azules uniformes hablar de las próximas “víctimas” para la guillotina. Cada vez que hablan de ello llaman a nuevos hombres de vestimentas naranjas… He caído en la cuenta que éstas líneas serán mis últimas. La humedad afecta mis pulmones, me cuesta respirar. Cada vez que toso siento que me asfixio lenta y dolorosamente, Halkran dice que pronto lo liberarán… Le deseo lo mejor.

    Día 30:

    Un prisionero se volvió loco mientras lo llevaban a la guillotina. Dio alaridos y blasfemó como nunca antes había escuchado. Maldijo al Imperio y bendijo a la República y a Fausto. Esos gritos me ayudaron a recordar un poco más la batalla que llevó a mi encarcelamiento… Recuerdo las praderas de Suramei donde luchamos, recuerdo el miedo que sentí, pero también la felicidad de estar allí. Se ve tan lejano… ¿cómo estarán todos en mi querida ciudad? Seguro defendiendo la República, mientras yo aquí veo como se pudre mi carne y mi alma se apaga lentamente. Que destino cruel me ha llevado a sufrir así.

    Día 33:

    Un guardia se dirigió ayer hacia mí y me dijo “Te toca a ti la próxima ves republicano, tu cabeza será un gran trofeo”… “Tu cabeza será un gran trofeo” pensé. Esa frase… Mi cabeza dio vueltas y mis ojos se perdieron en el vació, vi a ese guardia diciéndome “Tu cabeza será un gran trofeo” en medio de las planicies de Suramei, en medio de la batalla, mientras otros dos soldados me sostenían. Luego, un golpe certero, y la oscuridad me llevó. En dos días liberarán a Halkran, quiero que se lleve estos pergamino que tanto he cuidado y que tanto he tardado en escribir… Quiero que él posea lo único que me identificará cuando mi cadáver sea devorado por gusanos y moscas…

    Día 34:

    He hablado con Halkran, con gusto llevará mis pergaminos hasta Suramei. Dice que mañana lo liberarán, mientras yo moriré mañana bajo el filo del Imperio. Al parecer a mí me ha tocado la peor parte, junto con un grupo muy numeroso nos asesinarían en la plaza pública. Lo único bueno es que podré insultar a los imperiales a la cara y dignificar a Fausto en público.
    Mañana será un gran día, pensé… Espero que mi muerte sea rápida.

    Día 35:

    Me he quedado dormido, escucho pasos en la lejanía, sé que vienen por mí. Halkran piensa que vienen por él, quizás vengan por los dos. Al fin podré conocer a mi compañero de celda frente a frente; mis pergaminos están por serle entregados y todo lo que queda es despedirme. No podré describirles a mi compañero, pues cuando lo vea mis pergaminos ya le habrán sido entregados… Espero que alguna vez me encuentre a Fausto del otro lado y pueda observar a la República con dignidad… Antes de que la guillotina corte mi cuello, exclamaré “Viva Fausto y la República. Muerte a los Armadas seguidores de Arispar, muerte al tiránico Imperio”. Ya llegan, entrego mis pergaminos en buenas manos…


    Diario de Qüelrik,
    el republicano


    "Una muerte digna" - Multiplechoice

     
    Me empujaron fuera de la cárcel con una fuerza tal que caí al suelo. Mis ojos se cegaron por la fuerte luz del Sol del mediodía. Sin perder tiempo, guardé unos pergaminos en mi mochila y me apresuré a dirigirme a la plaza central de Banderbill.
    Cuando llegué, la muchedumbre pedía a gritos la sangre de los condenados a la guillotina. Busqué con la mirada como un lunático busca la muerte hasta que encontré al hombre, era el tercero de la fila y miraba a la muchedumbre con odio pero se percibía su paz interior.
    Los dos primero murieron en silencio, sus cabezas cayeron en una mugrosa cesta. El tercero, mi amigo, colocó su cabeza en la guillotina. El imperial levantó la voz y anunció los cargos de su muerte, puras mentiras. Atrocidades nunca antes vistas siquiera efectuadas por un caótico, le eran atribuidas a un republicano… Qué cobardía fatal se escondía entre las palabras de un descerebrado que seguía órdenes de un emperador sanguinario.
    Cuando hubo terminado, se le dió unos segundos al republicano, mi amigo, para que dijese sus últimas palabras que por supuesto nadie recordaría.
    Sin embargo, ante todas las adversidades el republicano exclamó con voz desafiante: “¡Viva Fausto y la República. Muerte a los Armadas seguidores de Arispar, muerte al tiránico Imperio!”. La guillotina cayó pesadamente sobre su cuello y lo partió, su cabeza cayó en la canasta junto con las otras dos, su cuerpo fue lanzado a una carreta que más tarde lo lanzaría a un agujero lleno de desperdicios, donde se pudriría para siempre…
    Así pues, fue como la vida de Qüelrik, el republicano, se extinguió… Nunca he visto muerte más digna, que la de un republicano… Especialmente la de ese republicano.


    Extracto del diario de Halkran, el ladrón


    Historia de Masgox - Thargivox

     
    MasGox: La historia

    Inicio de una vida
    Esfuerzo. Ese sería la palabra que distingue mi vida de las de otros. Creo que cada uno tiene una palabra para describir su vida. La mía , sin lugar a dudas, es esa.

    Desde pequeño, tuve que sobrevivir, no vivir. Mucha gente piensa que es lo mismo, pero no es así. Cuando mi madre dio a luz, casi muere de dolor, pues no estaba en condiciones de hacerlo. Era una noche fría, con lluvia y granizo golpeando el techo de mi humilde cabaña, donde me crié por 10 hermosos años, los mejores de mi corta vida. El parto fue doloroso, y casi muere mi madre. Mi padre, varios años después me reveló que casi muero, pues el aire se me hacía muy denso para respirarlo. Fue un milagro, como si la mismísima muerte quisiera retrasar mi partida hacia el Más Allá. Sin embargo, pude resistir a esa noche, y así dio comienzo mi vida...
    Mi familia, como ya les he dicho, era muy numerosa, y pobre. Vivíamos cerca de la gloriosa Banderbill y de la aún no destruida Arghal, que, aunque no sean comparables, era una esplendorosa ciudad, llena de alegría y vida. Para ser más precisos, nuestra vivienda se hallaba a metros del río Arghal, que, como la ciudad que lleva su nombre, aún no había sido arruinado por las Hordas del Caos. Tenía aguas cristalinas y transparentes, y puras como el aire de bosque.
    Crecí rápidamente, educándome en la naturaleza. En esos tiempos, cuando debía de tener unos 3 o 4 años de edad, pensaba que la vida era hermosa, que no existía el dolor ni la tristeza, aunque aún no la había sentido. Creía que mis apdres eran dioses, y mis hermanos, compañeros de juego. De mis diez hermanos, cuatro de ellos tenían aproximadamente mi edad. Otros debían de tener 6 más que yo, y los dos restantes, se los podía considerar guerreros, pues poseían barba y mucha fuerza. De los cuatro de mi edad, yo era el más inquieto, astuto e inteligente. Aunque no poseía mucha fuerza, tenía una gran agilidad para esquivar golpes, y muchísimo valor.
    Cuando, a los 6 años, descubrí la maravilla que es el pensamiento lógico y el razonamiento, mis padres me confiaron la historia de su vida. Mi hermosa madre era una elfa clérigo imperial, que atendió al mismísimo Emperador varias veces. Mi padre, fuerte y valiente, era un hábil Asesino elfo drow perteneciente a la Armada Imperial, capaz de asesinar lobos feroces de una sola cuchillada de su daga, hecha de plata y con un hermoso mango de madera tallado. Yo, su descendiente, había heredado la piel y raza de mi padre, y los hermosos ojos de mi madre. También heredé la valentía de mi padre, algo que solo dos de mis hermanos tenían. Pero lo que me caracterizaba a mí era mi habilidad de usar artes mágicas. Cuando, a los 7 años, aprendí a leer, encontré un libro extraño debajo de la cama de mis padres. Buscaba un lugar para esconderme, pues estábamos jugando a perseguir al otro, y era mi turno de ser perseguido. Decidí, apresurado por los pasos de mis hermanos, esconderme debajo de allí. Al meter todo mi cuerpo debajo del lecho de mis padres, toqué algo, y allí estaba. Lo agarré, y empecé a leerlo, o al menos intentarlo. Decía: “ Hechizos “ y estaba escrito en tinta. Para facilitar la lectura, leí en vos alta una frase que decía “ Rah Za Lu”. Luego comprendí mi error, pero era muy tarde. Un destello de luz se disparó de mis manos, y me empujó hacia atrás, contra la pared. Me quede mudo de asombro al ver que el hechizo salía disparado, y se perdía en el cielo. Mi padre fue corriendo hacia la cabaña. Al llegar, no me reprendió, sino que me hizo sentar en la mesa, y me explicó que, mis padres, al conocerse, le servían a Arispar, quien era el actual emperador. Un día, mi padre vio a una joven salir del palacio, escoltada por 2 guardias. Se maravilló por su belleza, y ella, al verlo, quedó impresionada por su fuerza. Cuando los guardias la dejaron, por orden de ella, a solas, el joven asesino le preguntó su nombre. Luego de varios encuentros así, se fueron conociendo más, hasta que un día, el mismísimo emperador los vio. Furioso, pues creía que ella era de ÉL, mandó a un guardia a torturar al Elfo Drow. Mientras tanto, fingió un dolor de cabeza para que su clérigo viniera. La joven, sin saber lo que Arispar había mandado a hacer, le curó el dolor, y se fue. Mientras tanto, mi padre era torturado sin motivo ni piedad por los guardias.
    Sin embargo, mi madre, llamada Thari, al pasar los días, descubrió las torturas que recibió su compañero. Enfurecida, decidió hacerle pagar a Arispar por el acto atroz que había ordenado hacer. Puso un brebaje especial en su infusión, que, si el rey no lo hubiera mezclado con una galleta, hubiera muerto. El brebaje, si no se hubiera contrarrestado, causaba gran debilidad por unos días , hasta provocar la muerte. Como el cruel Emperador lo bebió con una galleta, la poción no lo afectó demasiado.
    Aunque esto último mi madre lo supo después, fue a buscar a su amado, y lo encontró tendido en el suelo ,en el puerto. Le contó rápidamente lo sucedido, y juntos decidieron abandonar la ciudad para siempre. Arispar, enfurecido, mandó a buscar a la pareja, pero, por suerte, se hallaban lejos de la ciudad. El Emperador ordenó que, quien los encontrara, tendría una hermosa recompensa. Nunca nadie los encontró, gracias a Barrin. Luego de esto, encontraron la cabaña en donde viví por 10 largos años, hasta el día en que...

    ¿En qué? Se preguntaran muchos lectores. Pues, estos hechos que pienso narrar a continuación, separan la infancia de la vida adulta de MasGox.

    Continuación del relato(para mostrar mi otro gusto, decido continuar el relato en forma de 3° persona, y no como 1°, como venia haciendo antes) :


    Una vida, dos mitades.
    "Era una noche fría y oscura. Una llovizna tan helada como el mismísimo hielo caía sobre las tierras de Imperium. MasGox se hallaba acurrucado en un rincón, viendo la lluvia caer y caer. De repente, se dio cuenta de un hecho extraño, y les contó a sus hermanos. El río se estaba volviendo de un color marrón como la madera del roble, y luego, rojo como, como.... La sangre. Llamó a sus padres, y todos vieron el horrible espectáculo. De repente, se escucharon golpes y pasos. Luego, algún que otro caballo. Nuestro padres nos dijeron que esperara adentro, junto con mi otro hermano. Los demás salieron a investigar que sucedía. El joven nigromante, pues ya conocía artes de magia oscuras y por lo tanto se le podía atribuir este nombre, se escondió junto con su hermano bajo tierra, en un agujero oculto en un rincón. Se escucharon voces, y luego espadas chocando. Se escuchó un grito, y varios más. Luego, el silencio volvió a reinar. El joven e inexperto mago, salió a ver que es lo que sucedió. Vio a sus hermanos y sus padres muertos, y se largó a llorar. Vio a su hermano acurrucándose para dormir, llorando silenciosamente. Decidió hacer guardia, pero el sueño, junto con la tristeza que sentía, lo vencieron. Se durmió profundamente, hasta que el Sol se elevó.
    Se despertaron al amanecer, y se dirigieron hacia el Sendero del Norte. Allí encontraron a un extraño campamento, sitiado en un claro, al costado del sendero. Tenían estandartes naranjas y una especie de espadas chocando entre sí. Habían muchos hombres y mujeres heridas. Un grupo reducido de personas curaba a los heridos, que debían de ser alrededor de 100. MasGox decidió acercarse a ellos, pues había cargado por varios kilómetros a su hermano, y estaba muy débil. Se arrodilló en el suelo, y un hombre se le acercó. Lo único que pudo pronunciar, antes de desfallecer, fue:
    -“Por favor, cuide a mi hermano”.
    Luego de esa simple frase, cayó al suelo.

    Horas más tarde, se despertó. Descubrió que no estaba tendido en el suelo, sino se hallaba en una cálida carpa, con un manto de lana y otro de cuero cubriéndolo. Se levantó de su “lecho”, pero casi se cae pues estaba agotado y mareado. Se quedó mirando a la entrada de la carpa, y vio a un joven hombre, de cabellos dorados y piel mestiza entrar al refugio. Lo reconoció inmediatamente, pues era quien lo había ayudado, cuando iba a desmayarse. El humano le acercó un brebaje caliente y un pan de maíz. Luego de terminar su comida, le preguntó como se llamaba:
    -“Mi nombre es MasGox “ le dijo el joven.
    A lo que el humano respondió:
    -“Pues bienvenido al campamento republicano, MasGox. Mi nombre es muy conocido en este lugar. Soy Zurack, comandante de la República.”
    Luego de hablar sin cesar por varios minutos, el humano se retiró. El nigromante se hallaba agotado, así que se retiró a dormir.

    Al otro día, ya con su ánimo y fuerza recuperados, preguntó donde se hallaba su hermano. Una joven elfo le respondió:
    -“Zhaerek, ¿has dicho? Creo que lo he atendido. Esta mañana se lo llevaron hasta la arenosa Rinkel, para trasladarlo a la gloriosa Suramei, pues se hallaba muy delicado.”
    Estas palabras cayeron cual roca en el ánimo del nigromante. ¡Su hermano, su querido hermano, se hallaba lejos de él! MasGox, entristecido, se retiró a su carpa, donde decidió dejar el campamento para llegar a Surei, pues así nombraba el joven a esta ciudad. Cuando el Sol se retiró bajo el horizonte, cogió su bolso, preparado horas antes, y se dirigió a la ciudad más grande de todo Imperium: Banderbill.

    Al llegar allí, decidió dormir en un callejón, al lado de una casa residencial. El dueño del lugar, al verlo, lo despertó e intento echarlo, pero el elfo drow, muy astuto, le preguntó si tenía algún trabajo para él, pues necesitaba dinero para el pasaje. El humano le dijo que sí, y lo hizo entrar.
    Le ofreció hospedarlo allí, a cambio de que mañana empezara sus servicios.

    Al otro día, MasGox se levantó apenas despuntó el Sol. Se dirigió a la cocina, donde lo esperaba el hombre para darle su primer trabajo. Durante todo el día, estuvo cosechando y sembrando todo tipo de vegetales, y cuando llegó la noche, se hallaba exhausto. Recibió su paga, y se fue a descansar.
    Esta rutina se repitió cada día, en cada mes, durante 3 largos años. Sin embargo, cada día que pasaba, los trabajos eran más arduos y agotadores, y la paga era menor. Un día 3 monedas de oro, otro 2 de oro y 5 de bronce. Así, la paga se redujo hasta el punto que lo único que podía comprar era un par de manzanas de mediana calidad. El trabajo, sin embargo, fue aumentando hasta que el nigromante no tuviera tiempo ni para comer su comida tranquilo. Empezó a hartarse de este abuso por parte del Armada, y por lo tanto, empezó a odiarlos a todos. No solo por estos maltratos de su amo, sino por los que recibía de otros ciudadanos, que , pensando que él era un pobre debilucho, se abusaban de él, pues no encontraban otra actividad más interesante.
    Esto siguió hasta que, en el trigésimo sexto mes, decidió abandonar la casa y alejarse de allí. Sin embargo, la huida había sido planificada hace varias semanas, cuando se le vino esta idea a su cabeza. Había escondido parte de su ración diaria debajo de una manta, junto a su mochila y unas monedas, para tener todo listo. También guardó en su mochila una brújula, comprada a un comerciante que pasaba por allí. Había además una daga, la mismísima daga de su padre, el antiguo libro de hechizos, que leía en silencio escondido para que su amo no lo descubriera y castigará, y por último, un collar de su madre, con un hermoso rubí, y una cadena hecha de oro.


    En busca del hermano perdido


    Así pues, cuando la oscuridad reinaba sobre la ciudad, MasGox huyó sigilosamente de la ciudad. Siguió el Sendero del Norte hasta llegar a la bella Ullathorpe, hogar de los mejores sastres de las tierras imperianas. Luego de pasar la noche allí, siguió su rumbo hasta la fortificada Nix, conocida por su gran y majestuoso puerto. Cuando arribó a la ciudad, se hallaba terriblemente agotado, así que decidió pedirle a una familia hospitalidad por esa noche. Ésta se la dio, y MasGox, por primera vez en mucho tiempo, pudo dormir pacíficamente y bien abrigado.
    Al otro día, se levantó a mitad de la mañana, y , luego de despedirse de la amable familia, se puso en rumbo al puerto. Allí, el comerciante principal le avisó que el galeón dirigido hacia las costas de Illiandor, pues no había viaje directo hacia Suramei, salía en unas 6 horas. Así pues, el nigromante decidió explorar la ciudad mientras esperaba hasta la caída del Sol. Visitó el banco, el local de pesca, la taberna y algunas casas hechas de madera proveniente de los hermosos bosques de la ciudad de Ullathorpe.
    Una vez que terminó el improvisado recorrido, volvió al puerto, y esperó durante un rato la llegada del galeón. Cuando la embarcación tocó tierra, MasGox pagó al comerciante el pasaje correspondiente, e ingresó al barco. Minutos después de partir, se acostó sobre una manta, y se durmió profundamente, mecido como lo hacía su madre cuando él era solo un niñito.

    Despertó súbitamente. Una fuerte tormenta estaba llevándose a cabo por donde el galeón estaba. Caían truenos y rayos, y gotas gruesas como el cristal. La nave se balanceaba de lado a lado, sin poder controlarse, azotado por el fuertísimo viento y las fuertes olas. Gran parte de la nave se hallaba inundada, pues entraba mucho agua hacia el interior de la nave. El joven se levantó de un salto de donde dormía, e, intentando mantenerse en pie, quiso llegar hasta una zona elevada del galeón. De repente, una ola gigante, del tamaño de un fango azotó la nave del lado en que estaba caminando, y MasGox cayó al piso. La nave se inclinó hacia un lado, y arrastró al elfo drow hacia la baranda que evitaba que los tripulantes cayeran al mar. MasGox golpeó la baranda con su cabeza, y se desplomó inconsciente, mientras la nave seguía hamacándose, sacudida por las olas...

    Abrió los ojos. Se hallaba en un sillón, cubierto por una capa hecha de cuero de vaca y piel de lobo, y adornado con una trama dorada. Descubrió que no estaba en el barco, sino en tierra firme. Un elfo drow, vestido con una armadura naranja, le dio un jugo de frutas y un par de manzanas. Mientras comía, el piel oscura empezó hablando:
    -“Tienes suerte de estar vivo, forastero. Muchos, al recibir semejante golpe, mueren instantáneamente. Por suerte, ese no fue tu caso. Antes de preguntarte quién eres, y qué deseas, me presentaré. Soy Thargivox, miembro de la Rebelión. Desde ahora, siéntete como en tu casa, pues te he dado hospitalidad.”
    Cuando MasGox terminó de comer, se dio cuenta de que ese nombre le resultaba conocido, pero no recordaba de donde lo había escuchado. Sin embargo, continuó dialogando con el amistoso elfo drow.
    -“Mi nombre es MasGox, y soy un seguidor de las artes oscuras.”Ante estas palabras, Thargivox se sorprendió, pero por extraño motivo, no desenvainó su espada. MasGox continuó:
    -“No me debéis temer, pues no le he hecho daño a nadie aún. Ni tengo intenciones de hacerlo. He venido en busca de mi hermano, mi único hermano, que fue embarcado hacia estas tierras hace unos 10 años.”
    A lo que Thargivox respondió:
    -“Tienes suerte de saber donde se encuentra tu hermano. El mío, nunca he visto ni oído nada acerca de él. ¿Cuánto tiempo deseas quedarte? Debo partir a buscar víveres a Suramei, por lo tanto, debo calcular cuanto necesitaremos los dos.”
    -“Mi intención no es quedarme mucho tiempo aquí. Si no es molestia, quisiera pasar la noche aquí, y mañana apenas despunte el Sol, dirigirme a Suramei”.
    -“Haces bien, estos caminos no son ideales para transitar de noche. Además, el recorrido es muy extenso, y te demorará un buen tiempo llegar hasta la ciudad. Te daré víveres para 2 días, aunque creo que con medio día de viaje alcanzará.”
    El hechicero agradeció la ayuda del republicano, y cuando este partió, se quedó meditando y pensando, hasta que el sueño lo venció."



    La batalla de la raza


    MasGox, como venía haciendo desde que se internó en la Naturaleza, se levantó apenas el Sol se asomó. Comió un pan de maíz que le había robado a un humano, junto con una botella de agua. Se dirigió, como era su rutina, hacia el norte, cerca de la ciudad de Illiandor. Allí, vio algo fuera de su rutina: un elfo drow, que después descubriría que era nada más ni menos que Thargivox, saliendo a cazar. Como un animal al acecho, se escondió detrás de unos arbustos, y se fue acercando lentamente. Cuando estuvo a tan solo una mano de su pie, se abalanzó sobre su víctima, y le sujetó el tobillo para derribarlo. Casi lo logra, si no ser porque el otro drow se arrojó al suelo sobre su víctima, y le clavó una flecha en un pie. Como nunca antes, MasGox sintió tanto dolor, e ira al mismo tiempo. Sujetó firmemente su daga, y empezó a clavarla en donde pudo. Pero Thargivox le asestó una patada en el medio de su cara, que lo hizo llorar y MasGox tuvo que soltar al otro drow. Thargivox aprovechó ese momento para darle varios golpes en su cara, y mientras tanto, le clavaba más hondo la flecha. Pero justo cuando el nigromante no ofrecía más resistencia, Thargivox se detuvo, para asombro de MasGox. Lo sujetó y lo arrastró, luego lo hizo sentarse contra un árbol. Luego de depositar las armas lejos del alcance del nigromante, se sentó en la hierba, y no le dijo nada más que:
    -“¿Por qué?”
    El nigromante se quedó atónito, esperando que el noble republicano lo liquidara o lo hiera. Pero solo se le quedó mirando, hasta que le dijo:
    -“Si quieres matarme, puedes hacerlo. Estoy caído, cansado, y no ofrezco resistencia. De lo que hagas se decidirá tu destino.”
    En ese momento, en MasGox se libraba una batalla entre dos partes de su cuerpo: el corazón, y su instinto. Su corazón, que volvía a nacer, le obligaba a rendirse, y a unirse a las fuerzas que él había matado. Su instinto de elfo drow, le decía que tenía que seguir el camino de la oscuridad, y matar a aquél ser. Finalmente, decidió tomar una decisión.

    MasGox se levantó ágilmente y agarró una brillante daga, la suya, y se acercó a Thargivox. Levantó la daga, y la empuño po el mango firmemente. Luego, la bajó.... Y un grito se escuchó.

    Pero no se derramó más sangre. La daga se clavó a un pelo de la cabeza de Thargivox. Y el grito furioso provino de MasGox . Luego, entre lágrimas, se tiró en la hierba, y le dijo, sollozando:
    -“¿Qué, qué puedo hacer...?¿Qué puedo hacer para remediar mis errores?” preguntó.
    Thargivox tomó aire y le dijo:
    -“¿Qué es lo que puedes hacer? Pues eso está en tu decisión.”
    -“Pues ya lo he decidido. Me uniré a la República”.


    La expedición

    Pasaron varios meses. MasGox se hallaba en la ciudad republicana de Suramei, listo para salir de caza, cuando vio un aviso en una puerta. Éste decía:

    ''Señores, la oportunidad de demostrar su valentía a llegado. Aquí, en estos días marcharemos hacía lugares donde ningún hombre a pisado. Muchos... tal vez mueran, pero es un sacrificio que hay que hacer, así que los espero en el centro del a ciudad...
    Saludos y gracias, cordialmente Shtonk''

    Sin dudarlo, se fue a su hogar a prepararse para la aventura.

    Al día siguiente, salió al encuentro de los demás, y juntos partieron. Entre el grupo se encontraban ArlockII ; Shtonk, el líder ; Zhaerek, un joven mago, y otros. Eran un grupo numeroso, formado por las 5 razas de todas las tierras de Imperium. Caminaron por los bosques hasta hallarse en un claro. La noche caía, así que Shtonk ordenó armar un par de fogatas y dormir, pues sería un largo día. Los viajeros aprobaron su sugerencia, y uno a uno, cayeron dormidos.

    Horas más tarde de que la luz proveniente del Sol volviera, prosiguieron camino hacia la Torre de la Soledad, donde debían hallara el báculo. Nadie se percató de que estaban siendo observados...




    El sacrificio


    Pararon a descansar unos minutos. MasGox se sentó cerca del líder. Todo estaba tranquilo, solo se escuchaban a las aves cantar. De repente, una flecha se disparó de entre unos árboles, y se clavó en un árbol, a metros de la cabeza de ArlockII. Todos se levantaron, desconcertados, y tomaron sus armas, aunque no sabían de donde provenían las flechas. Dos flechas más fueron a parar en los árboles, y justo Shtonk gritó: “¡Miren!”
    En ese instante, dos arqueros con armaduras de las Hordas caóticas corrían hacia ellos, con ballestas en sus manos. Al verlos, MasGox recordó la matanza de su familia, 16 años atrás. Pero, en vez de embestir contra ellos, fue a tomar refugio. Segundos después, sucedería lo que el destino había decidido hacer con él...

    Vio a su líder estático, presa del terror y el pánico, inmóvil como una piedra .También vio como un caótico disparaba una flecha hacia él. Por último, se dio cuenta que tenía un tiro perfecto si es que le lanzaba un hechizo al caótico. De nuevo, se debatía si vengarse o salvarle la vida su líder. Inmediatamente, y sin dudarlo, se interpuso en la trayectoria entre la flecha y Shtonk, que no había reaccionado aún. Se arrojó, y la flecha se le clavó en su pecho. Se desplomó, herido de muerte sobre el suelo. Vio a Zhaerek lanzarle un hechizo, que, al mezclarse con el Ráfaga Ígnea de ArlockII, provocó un devastador combo que sacó volando a ambos arqueros.
    Pero todo se empezó a nublar y ponerse oscuro, como si cayera la noche... Tomó aire, y exhalo por última vez. Quedó tendido, inerte.
    MasGox, el nigromante de 26 años, había muerto.


    La promesa

    Thargivox se despertó sobresaltado. Algo terrible había sucedido, lo presentía. Tuvo la visión de MasGox muerto. Y luego otra visión. La de su hermano cuidándolo y llevándolo a cuestas. Y de repente, todo se aclaró.
    Thargivox se percató de algo: MasGox era su hermano perdido.

    Al día siguiente, fue a buscar su cuerpo, y lo trajo hasta la ciudad de Suramei. Allí, realizó el entierro. Muchas personas lo presenciaron. Luego, Thargivox se quedó llorando. Pero antes de irse de la tumba, le prometió a MasGox vengar su muerte, y hacer que cada republicano conozca su valiente acto.

    Al otro día, Thargivox cogió las pertenencias de su hermano, y junto con las suyas, las guardó en un bolso y partió de Suramei. Dejó la ciudad, y se dedicó a mejorar sus habilidades. Tenía solo un objetivo: cumplir la promesa hecha a su hermano.
    Y esta es la historia de MasGox, el nigromante elfo drow republicano. Y de los comienzos de su hermano, Thargivox.

    PD: Si es necesario, muevanla a Libros. Creo que va allí, pero no estoy seguro.


    Batallas de una vida - Zaring

     
    Batallas de una vida.

    Capitulo I: Escapando del peligro.

    Mi infancia no fue normal, nací en una familia rica de Banderbill, mi padre era soldado real, y amigo del emperador. Desde muy joven me contaba historias sobre los malvados soldados Caóticos, y sobre los que el llamaba los "desarrapados" Republicanos.
    A los 12 años comenzó a entrenarme en el arte de la guerra, tres horas diarias con uno de los mejores maestros armeros de toda la ciudad. Pronto me convertí en un gran espadachín, y a los 14 años comencé a acompañar a mi padre y a algunos amigos suyos a cazar en los bosques. Jamás olvidare ese día, el día en que mi vida y mi destino cambiarían para siempre.
    Todo parecía normal, nos preparábamos para matar a un lobo, cuando de la nada apareció un misterioso jinete que pronuncio las palabras: "NIHIL MORTEM" y tras decir eso desapareció en los bosques. Pronto una gran explosión cayo sobre mi padre y sus amigos, yo me había salvado por milagro. Todos habían muerto, me encontraba perdido y solo entre la maleza, no sabia que hacer ni a donde ir, tantas preguntas rodeaban mi mente... ¿Que hacer? ¿A donde ir? ¿Que me pasara? ¿Quien era ese misterioso jinete, por que nos ataco y que era esa extraña explosión?
    Por varios minutos estuve inmóvil, pensando en miles de cosas, hasta que finalmente, me desmaye... Cuando desperté estaba en un pequeño campamento, varios hombre me despertaron, me dijeron que estuve inconciente por varios días, no entendía nada, pero esas personas me habían salvado, no debían ser malas.
    - Gracias por salvarme - Les dije.
    - Tuviste mucha suerte, chico. Estábamos yendo hacia Argâl. Apropósito, mi nombre es Azorat - Respondió uno de ellos - Deberías venir con nosotros, estos bosques no son muy seguros... -
    - Me llamo Zaring. Pero no puedo irme, no puedo... mi padre, mi casa... yo... -
    - ¿Casa? - Interrumpió el otro hombre - ¿Acaso vives en Banderbill?
    - A si es... -
    - ¡Es un imperial, merece morir! - Exclamaron varios de los soldados que estaban presentes.
    - Tranquilos - Dijo Azorat - Ustedes también fueron esclavos de la opresión, ¿verdad?. Pero para eso vine a Banderbill, a rescatarlos.
    - ¿Opresión? ¿De que opresión hablas? El imperio es justicia, no opresión - Respondí.
    Todos me miraron con odio, con asombro, con pena... en el fondo ellos querían matarme
    - ¿Tu crees? - Me pregunto Azorat - ¿A caso no sabes la historia de la republica? -
    - Claro que si, los desarrapados campesinos que se revelaron y fueron asesinados, ¿acaso eso tiene importancia? -
    Algunas de las tropas comenzaron a desenvainar sus espadas, a sacar sus hachas, a preparar sus armas... Me di cuenta muy facilmente, ¡estas personas eran Republicanos!. Estaba en un problema grave, sin dudarlo me levante muy rápido, atravesé la pequeña carpa y comencé a correr con todas mis fuerzas, Corrí hasta llegar al lago de Banderbill, ahí me detuve a descansar. Solo había tomado algo de agua, cuando una flecha callo justo a mi lado, entre los bosques se acercaban los soldados. Mi única esperanza era llegar a Argâl, y esconderme allí... Luego de varias horas logre llegar, mis piernas me dolían demasiado, apenas podía caminar, Rápidamente me escondí en una casa abandonada, allí pase la noche.
    Argâl no es un buen lugar para visitar si uno es joven, es demasiado peligroso...
    Cuando salio el sol, me dirigí hacia los muelles, tenia que escapar antes de que algo peor me pasara, ya no me importaba nada, no sabia lo que hacia, estaba tan confundido que subí secretamente a un barco al azar, sin pensar en el destino.

    Continuara...







    Capitulo II: Más problemas.

    Me escondí en la bodega del barco, no sabia a donde iba ni por que, solo podía pensar que me pasaría...
    Parecía ser un barco mercante, llevaban vino, grano, y varias cajas extrañas.
    Los días iban pasando y cada ves me resultaba mas monótono estar ahí sentado, sintiendo como las olas golpeaban el barco, pensando que seria de mi. Pero, una noche las cosas cambiaron, comencé a sentir las olas mas fuertes, el barco se movía mas, y se oían gritos de desesperación en la cubierta. Pronto de la escalera que llevaba a la bodega en la que me encontraba, comenzó a caer agua. ¡El barco se hundía!
    Corrí rápidamente a la cubierta del barco solo para ver una tormenta gigantesca que destruiría el barco. El descontrol y la desesperación reinaban en todo el barco, varias personas saltaban al mar, tratando de salvarse, otras preferían encerrarse en las bodegas, pensando que quizás ahí estarían seguros.
    Me aferre con todas mis fuerzas al mástil, luego de eso un pedazo de madera golpeo mi cabeza, me desmaye al instante…
    Desperté rodeado de agua, sobre una tabla de madera, solo, en un gigantesco océano. Debo confesar que me sentía mejor estando solo en el barco, que solo en el océano.
    Por varios días estuve a la deriva… esperando llegar a algún lugar. Finalmente, al cuarto día, divise tierra en el horizonte. Arranque un pedazo de madera y lo use como remo. Llegue a tierra firme, no puedo describir lo feliz que estaba, sin embargo, ahora otra pregunta rodeaba mi mente: ¿donde estaba? Estaba tan confundido que comencé a caminar sin rumbo por el misterioso lugar.
    - ¡¡¡HOLA!!! – Grite desesperadamente, pero solo logre escuchar un molesto eco…
    Luego de caminar varias horas logre ver un camino, ¡finalmente lograría llegar a algún lugar!
    Pero ahora otro problema nublo mi mente: ¿A dónde llegaria?

    Continuara...

    Aclaracion: Este capitulo es mas corto de lo normal, lo hice asi por que no tenia mucho tiempo.

    PD: Pueden dejar sus opiniones eh, no esta prohibido.







    Capitulo III: Muriok.

    No sabia donde estaba ni a donde ir, pero mi sentido común me decía que debía seguir ese camino. Agarre una pequeña rama afilada que encontré a mí alrededor como defensa y comencé a caminar. Camine y camine sin llegar a ningún lado.
    El sol se estaba ocultando en el horizonte, debía encontrar un lugar donde pasar la noche, vi un tronco caído con un gran hueco en el centro. No era muy cómodo, pero era lo mejor que había en este misterioso bosque.
    Comencé a oír aullidos de lobos, cada vez más fuertes e inquietantes, agarre fuertemente mi improvisada lanza y lentamente me dormí… Algo me despertó a mitad de la noche, un extraño ruido, abrí mis ojos y vi el feroz hocico de un lobo enfrente mió. Con la poca energía que me quedaba clave mi “lanza” en su pecho, tras gruñir terriblemente el lobo murió.
    Al día siguiente comí algo de la carne del lobo y continué mi camino. Sentía como si alguien o algo me observara, varias veces gire mi cabeza para observar a mí alrededor pero no lograba ver nada. En ese instante varios lobos salieron de entre los árboles, no logre contarlos pero eran mas de tres. Parecían ser de la jauría del lobo que me ataco la otra noche, y buscaban venganza. Uno de ellos se abalanzó sobre mí, pero logre matarlo con mi arma, sin embargo, no podría contra todos los demás. Los lobos restantes se acercaban más y mas, no podría defenderme de todos, estaba perdido. Uno de ellos se preparaba para saltar sobre mí, pero justo en ese instante una flecha atravesó su cuerpo, lo mismo les sucedió a las otras bestias, todas murieron al instante.
    - Tuviste suerte de que yo estuviera aquí, muchacho – Dijo un extraño con un arco en la mano – Ya estas a salvo. Estos lobos son bastante peligrosos, pero eh aprendido a dominarlos. Soy un experto cazador –
    - Muchas gracias por… salvarme la vida – Respondí agradecidamente. - ¿Cómo te llamas?
    - Mi nombre es Muriok – Dijo el cazador – Pero este no es un buen lugar para hablar, tengo el presentimiento de que pronto vendrán más lobos. Ven tengo un pequeño campamento no muy lejos de aquí.
    Caminamos por el sendero hasta que vi una fogata en el bosque, entre unos árboles había una tienda y algunas lanzas.
    - Aquí esta, mi humilde campamento de cazeria – Me dijo Muriok.
    Luego de hablar por mucho tiempo, entendí que estaba muy lejos de Banderbill, ¡Estaba en el continente del oeste! ¡El continente de La Republica!
    Obviamente no podía decirle a Muriok que yo no era republicano, así que mentí diciéndole que había nacido en Suramei… Pasamos toda la tarde hablando, le conté mi odisea en el mar y mi enfrentamiento con el lobo...
    En la noche, antes de que me durmiera, me dijo que mañana me llevaría a Illiandor, la ciudad más cercana.
    Nuevamente una inquietante pregunta rodeo mi mente: ¿Qué me pasara si descubren que no soy republicano?

    Capitulo IV: La revelación.

    - Es hora de levantarse – Me dijo Muriok – Come algo y partiremos hacia Illiandor. Pero debo advertirte algo, estos caminos se hacen todavía más peligrosos, quiero que tengas un arma a mano cuando partamos –
    Muriok saco de su bolsillo una daga y me la entrego.
    Tras terminar comer algo de carne y una manzana partimos hacia Illiandor.
    Caminamos y caminamos, siempre vigilando nuestras espaldas. Luego de caminar por varias horas, nos detuvimos a descansar unos minutos. Pero, cuando menos lo esperábamos una lanza cayo justo al lado nuestro.
    - ¡¡¡Si quieren conservar la vida, mejor quédense quietos!!! – Dijo perversamente una extraña voz.
    - Te dije que estos caminos eran peligrosos – Me dijo Muriok.
    De entre los árboles salieron varios hombres armados.
    - ¿Acaso son bandidos? – Le pregunte en voz baja a Muriok.
    - Temo que si – Respondió
    - Entréguennos todo su oro y talvez los dejaremos con vida, jajaja – Dijo amenazadoramente el que parecía ser líder de la banda.
    Rápidamente Muriok cargo su arco con tres flechas, cada una de ellas impacto sobre la cabeza del líder de los bandidos. La sangre cubría toda la hierba, los demás salteadores de caminos no sabían que hacer, y yo estaba totalmente impresionado.
    - ¡Largo de aquí escorias! – Grito Muriok
    Al instante todos los bandidos se alejaron rápidamente.
    - Fue increíble – Dije impresionadamente.
    - Rápido, no debemos perder más tiempo. Debemos llegar a Illiandor antes de que se ponga el sol – Dijo el cazador.
    Continuamos nuestro viaje sin descansar ni un segundo, mientras Muriok me contaba como había aprendido a utilizar el arco y la flecha de una manera tan mortífera. Finalmente, después de muchas horas de caminata, llegamos a Illiandor.
    Luego de tantos peligros había llegado a una ciudad, ¡Al fin!
    - Debes estar cansado, conseguiré una habitación para ti en la posada y mañana por la mañana vendré a buscarte para que visites la ciudad – Me dijo Muriok.
    Extrañaba mucho dormir en una cama, también extrañaba mucho poder sentarme en una silla, pero no tenia mucho tiempo para disfrutarlo, estaba tan agotado que simplemente me desplome sobre la cama.
    Al día siguiente fui con Muriok a recorrer la ciudad, visitamos su templo, su muelle, su banco… Me sentía un poco incomodo de ver tantos republicanos en un mismo lugar, pero casi me había olvidado de que era peligroso para mi estar aquí.
    Había un extraño tumulto en las calles, Muriok me dijo que no era normal que eso sucediera, corrimos para ver que sucedía, ¡estaban llevando a un imperial a la prisión de Illiandor!
    No se por que lo hice, tal vez aun quedaba algo de imperialismo en mi, talvez sentí pena por el hombre… pero la cuestión es que agarre firmemente mi daga y la lance contra una de las cadenas que sostenía al imperial. La lance con tanta fuerza, que rompí una de las cadenas. Toda la multitud me miro, “¿Qué diablos estas haciendo muchacho?, ¿acaso estas loco?, ¿Qué diablos haces?... Fueron solo algunas de las cosas que oí decir.
    - ¿Por qué has hecho eso Zaring? – me pregunto Muriok.
    No podía contenerlo mas, no podía seguir fingiendo… Le grite a Muriok y a todas las personas allí presentes:

    ¡¡¡NO SOY REPUBLICANO, SOY IMPERIAL. TODA MI FAMILIA LO ERA!!!

    Capitulo V: Nueva vida.

    La multitud quedo callada, todos me miraron fijamente, por varios segundos un molesto silencio lleno toda la ciudad.
    De entre la muchedumbre, apareció una extraña figura, que me parecía familiar… ¡AZORAT!
    - ¡Zaring! ¿Me recuerdas? – Me dijo Azorat – Me causaste bastantes problemas antes, pero ahora, llego el momento de vengarme –
    Tomo un hacha de su cinturón, y la lanzo hacia donde yo me encontraba, pocos instantes antes de que impactara contra mi cara, Muriok me protegió con su escudo.
    - ¡Detente! – Grito Muriok mientras cargaba y apuntaba su arco hacia Azorat – Este niño puede haber nacido, ser criado y haber vivido como un imperial, pero no lo es. El día que nos conocimos me di cuenta fácilmente que el provenía de Banderbill, llevaba vestimentas que solo allí podían conseguirse, pero me di cuenta que el no quería seguir siéndolo, por eso al día siguiente le di una daga, yo no tenia ninguna armadura y estaba desarmado, si el hubiera querido seguir el destino de su familia, ¡me habría matado! –
    La multitud quedo impresionada, todos dejaron de mirarme con odio, y comenzaron a mirar con odio a Azorat.
    - ¡Patrañas! ¡El merece morir! - exclamo Azorat
    Las personas comenzaron a gritarle y algunos le lanzaron piedras.
    - ¡Pagaras caro esto, te lo aseguro! – Me dijo Azorat mientras se alejaba rápidamente.
    - Muriok, lamento todo lo que paso, me gustaría poder unirme a la Republica – Le dije a Muriok.
    Muriok me llevo a una casa rodeada de estandartes republicanos, me dijo que ahí podría unirme a la Republica. Lentamente entre, seguí a Muriok hasta llegar a una sala pequeña donde un hombre permanecía sentado.
    - ¡Saludos, mi nombre es Helinte Ganre, soy el gobernador de Illiandor y mi tarea es hacer ingresar a la Republica a todos aquellos que lo deseen – Dijo Ganre
    - Buenos días Helinte, este joven quiere unirse a nuestra causa – Le dijo Muriok
    - Muy bien, ¡con los dioses como testigos, de ahora en adelante, serás un ciudadano de la republica! – Me dijo Helinte
    Sentía una gran alegría en mi corazón, había logrado lo que deseaba, ¡pude unirme a la Republica!

    Varios años habían pasado, yo tenía 28 años en ese momento. Muriok me acompañaba a cazar varias veces a la semana, los recuerdos de mi pasado se habían borrado con el tiempo, todo parecía ir bien…
    Un día decidimos ir a cazar basiliscos, ya habíamos cazado algunos antes, pero esta vez iríamos por uno grande.
    Habíamos llegado a los bosques, nos preparabas para buscar un basilisco. Todo parecía normal, cuando de la nada se oyó arrojarse una lanza, la misma calla sobre Muriok atravesándolo inmediatamente.
    - ¡¡¡Ja ja ja ja, te dije que me vengaría Zaring!!! – Dijo una figura que salio de entre los árboles.
    - ¿Azorat? ¡Maldito! – Le dije a Azorat
    Desenvaine mi espada y comencé a perseguirlo, el hico lo mismo, pronto comenzamos a pelear, la batalla duro bastante tiempo… Cuando la extenuación estaba por matarnos, un basilisco apareció de la nada. Comenzamos a correr con las pocas fuerzas que teníamos, el basilisco logro morder a Azorat, quien callo al suelo. El basilisco estaba por matarlo, lance mi espada contra el cuello del mismo, murió rápidamente…
    - ¡Acabas de cometer tu ultimo error! – Exclamo Azorat mientras se preparaba para atacarme.
    No tenia arma, estaba muy cansado como para correr… estaba perdido. Azorat se aproximo, de una patada me arrojo al piso, tenia su espada lista para matarme y una expresión maligna en su rostro. Pocos segundos antes de que el fin llegase, su cara cambio, su espada callo al piso y se desplomo muerto a mi lado ¡tenia tres flechas atravesando su espalda! A lo lejos, logre ver el cuerpo moribundo de Muriok. Corrí rápidamente a buscarlo, pero cuando llegue había muerto…
    Fue enterrado en el cementerio de Suramei, jamás olvidare a ese gran amigo.

    Esta no es solo una historia, tampoco es la historia de toda mi vida, es la historia de como ingrese a La Republica, de los amigos que conocí y de los enemigos a los que me enfrente.
    Es una historia que nunca olvidare...

    Fin.
    Última edición por Khoreldrim; 23/04/2008 a las 13:05 PM
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  3. #3  
    The pirata Avatar de Barbak
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    jajaj grande inodoro ^^

    Nos vemos deps chicos!

    Saludos!
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    Mis historias: Memorias de Barbak ; El caminante ; Crónicas de una aventura ; Relatos de un futuro ; Historias Republicanas (compartida) y El abismo de Panthracus


     

    Cita Iniciado por Krimson Ver Mensaje
    Eh visto gente decir boludeces grosas, entre los cuales me incluyo, pero siempre se me daba por pensar que esa gente algo fumaba, algo consumía.
    Pero un día empecé a conocer mejor a Nico. Un buen tipo, sincero, sencillo y descubrí que hay gente que puede decir pabdas, boludes, delirios sin el uso de ayuda externa y ahí empecé a comprender que la gente es capaz de decir boludeces pero con cierto sentido y bajo un nivel de cordura normal.
    Ahí es donde encendí la tele y empecé a decir: Marley te entiendo. Moria te entiendo. Lafauci sos un ilustre.

    Que felíz me sentí.
    jajajja nadie me definió tan bien jajaja xD

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  4. #4  
    Gnomito Avatar de Karishul
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    Inedour, quisiera agregar una: Batallas de una vida.

    Es una historia que estoy escribiendo, cuenta la historia de mi personaje, Zaring
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  5. #5  
    Bibliotecario Avatar de Khoreldrim
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    Cuando la termines, posteala que la agrego
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  6. #6  
    Aguss! Avatar de Artridhion
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    Ine, agrega la mía:


    Ta terminada.

    MasGox: La historia
    Última edición por Artridhion; 19/04/2008 a las 17:00 PM Razón: Posts juntados de manera automática.
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  7. #7  
    Bibliotecario Avatar de Khoreldrim
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    Ya la subi ^^

    Saludos!
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  8. #8  
    Soul Colector Avatar de Merliner
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    Muy buenas historias la verdad, unas me conmovieron y otras me facinaron pero =mente todas muy buenas

    Lei todas menos la historia de Masgox (despues la leere y posteare )
    De las que lei me gustaron mucho el "Diario de un prisionero" y "Una muerte digna", me conmovieron
    Y la de Saralonde, tan corta y tan buena a la vez XD. = con el final abierto quede

    Pero la verdad

    TODAS EXCELENTES
    Última edición por Merliner; 23/04/2008 a las 00:01 AM
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  9. #9  
    Gnomito Avatar de Karishul
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    Cita Iniciado por inedour Ver Mensaje
    Cuando la termines, posteala que la agrego
    Ya esta terminada...
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  10. #10  
    The pirata Avatar de Barbak
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    Cita Iniciado por Merliner Ver Mensaje
    Muy buenas historias la verdad, unas me conmovieron y otras me facinaron pero =mente todas muy buenas

    Lei todas menos la historia de Masgox (despues la leere y posteare )
    De las que lei me gustaron mucho el "Diario de un prisionero" y "Una muerte digna", me conmovieron
    Y la de Saralonde, tan corta y tan buena a la vez XD. = con el final abierto quede

    Pero la verdad

    TODAS EXCELENTES
    jajaj no le gustó nada que al de mati elwe terminara tan abierta xD
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    Cita Iniciado por Krimson Ver Mensaje
    Eh visto gente decir boludeces grosas, entre los cuales me incluyo, pero siempre se me daba por pensar que esa gente algo fumaba, algo consumía.
    Pero un día empecé a conocer mejor a Nico. Un buen tipo, sincero, sencillo y descubrí que hay gente que puede decir pabdas, boludes, delirios sin el uso de ayuda externa y ahí empecé a comprender que la gente es capaz de decir boludeces pero con cierto sentido y bajo un nivel de cordura normal.
    Ahí es donde encendí la tele y empecé a decir: Marley te entiendo. Moria te entiendo. Lafauci sos un ilustre.

    Que felíz me sentí.
    jajajja nadie me definió tan bien jajaja xD

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  11. #11  
    Soul Colector Avatar de Merliner
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    Cita Iniciado por Multiplechoice Ver Mensaje
    jajaj no le gustó nada que al de mati elwe terminara tan abierta xD

    Es verdad el final es muy abierto, pero la historia me atrapo en los pocos rengolnes que tiene XD

    Y vos barbak bajale a los renglones y hace 1 historia cortita alguna vez
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  12. #12  
    Bibliotecario Avatar de Khoreldrim
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    Cita Iniciado por Zaring Ver Mensaje
    Ya esta terminada...
    Ya la subí!!



    Saludos!
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