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Tema: Memorias de un Imperial
  

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  1. #1 Memorias de un Imperial 
    Hare Krishna Avatar de OsiPhantom
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    26 Feb, 06
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    Buenas, es la primera vez que estoy escribiendo una historia, me dieron ganas luego de leer varios relatos muy creativos. Mi idea es hacer un cuento largo y dotarlo, de alguna manera, de un sentido filosófico o con algún tipo de moraleja.
    Espero que les guste (hasta ahora escribí los dos primeros capítulos nada más) y por favor, remárquenme los errores que tenga (ya sean gramaticales, sintácticos) o simplemente desviaciones que obstaculizen la fluidez de la lectura (ejemplo: creo que algunos detalles son inncesarios, pero los puse igual y voy a ir viendo como me desenvuelvo de ahora en más). Esto es sólo el inicio.

    Gracias y saludos.

    Prólogo

    Siempre me pregunté cuánto de innato tenemos en nosotros mismos. Cada persona tiene sus propias aptitudes, virtudes, sus propios defectos, una inteligencia, una forma de ser y una fisonomía en particular, entre tantas otras cosas que lo hacen único. Pero ¿por qué somos de determinada manera y no de otra?.
    Yo creo que al nacer uno está sentenciado (por decirlo de alguna manera) a tener que desarrollarse dentro de un marco más o menos amplio y que durante la vida uno va modificando esos aspectos medianamente estipulados desde el seno materno. El problema es establecer en qué proporción uno puede, teniendo determinadas vivencias, salirse de ese contexto inherente que ya está establecido.
    ¿Cómo es que el hijo de un carpintero ignorante puede terminar siendo un épico pensador o, asimismo, el hijo de ese gran sabio, ser un basto guerrero de un imperio?. En mi opinión, cada momento vivido, por más insignificante que parezca, puede cambiar nuestro rumbo hacia cualquier parte. El hecho de que vivir un momento pueda condicionarnos más que vivir otro, depende justamente de la percepción que tengamos de ese momento. ¿Y cómo es que esa percepción de las cosas varía dentro del mismo sujeto?, la respuesta anterior responde esta pregunta: porque cada momento vivido nos modifica, modifica la percepción que tengamos a partir de cada instante próximo a ese.
    En la niñez uno no tiene esa percepción completamente formada (y de hecho nunca termina de formarla) por lo cual al haber pocos momentos vividos (más preguntas y menos respuestas) cada nueva vivencia lo condiciona más a uno. Cuando el sujeto crece, su vida está más llena de momentos pasados que, siendo o no recordables, alteraron su forma de ver las cosas. De esta manera, uno fue formando una percepción determinada, por lo cual ahora ya tiene un método para advertirlas y distinguir entre qué le interesa o le llama la atención y qué no. Así, los momentos vividos durante los primeros años pesan mucho más sobre las características tanto internas como externas que uno posee.
    A medida que uno vive más y más cosas, cambia cada vez menos esa ya más forjada forma de ver la realidad por lo cual con el paso del tiempo uno se hace y se acepta de determinada manera, pues ya no puede seguir cambiando con tanta solidez. Y los cambios suelen ser tan paulatinos que uno no se da cuenta de quién es hasta que zocaba en los más ínfimos rincones de su mente, donde están aquellos recuerdos felices, aquellos recuerdos que no llegaron a serlo y aquellos recuerdos que no quieren ser recordados. Pues entonces la vida no es más que una constante y dialéctica improvisación dentro de una realidad percibida de determinada manera.
    Por obvias que puedan sonar estas conclusiones, en la práctica es casi imposible divisar cada una de las circunstancias que llevan a uno a ser como es, a pensar como piensa, a actuar como actúa, etcétera. Por lo general, uno sabe qué momentos o qué experiencias lo marcaron más en la vida y por las cuales uno responde de una manera y no de otra. El problema radica en que no hay reglas generales para estipular en qué caso concreto, determinado hecho condicionará de la misma manera a cualquier persona. Es decir que ante estímulos similares, cada persona sentirá, pensará y actuará de manera diferente a cualquier otra. Cada hecho puede ser similar, pero cada percepción de ese hecho es única.
    Uno puede preguntarse: ¿qué hay de trágico (toda pregunta sin respuesta lo es) en no poder advertir cada una de las circunstancias que formaron (y van formando) nuestra personalidad?. Y es que realmente no hay nada de trágico siempre y cuando, uno conozca cómo es (sus aptitudes y debilidades) al momento de responder; y a su vez, que uno se sienta conforme con esas aptitudes y debilidades.
    Uno no debe mentirse a si mismo, la incomodidad que pueda llegar a sentir no va a modificarse si uno no acepta primero cómo es.
    Aún se vuelve más dificil el asunto, cuando uno siquiera se interioriza en si mismo y cree que es capaz de hacer lo que sea. Cualquiera sean los orígenes de este desconocimiento o inconformidad, el primer paso es advertir cada una de las causas que generan en uno sus inseguridades.
    Entonces, ¿qué es lo que busca uno conociéndose a si mismo completamente? Descubrir por qué uno percibe así la realidad y, ergo, lograr que esa improvisación constante de la que se trata la vida, deje de serlo.
    Hay que recordar que cuanto más tiempo se pase anhelando desprolijamente lo que uno no es, o haciendo oídos zordos a la voz de su razón, más dificil será para uno manipular e interpretar su realidad.

    Introducción

    Desde chico soñaba con un mundo en el cual uno pueda vivir en total armonía con los demás. Será que las constantes guerras entre el Imperio y las fuerzas anarquistas del Caos (como se los llama) enfadaban a mis padres y generaban en mi pueblo una suerte de depresión social, la cual yo veía como una realidad tan aferrada, como dificil de modificar.
    En la ciudad en que viví una gran etapa de mi vida, hablar de guerra, fin de los tiempos y del Imperio era algo muy común. Cada seis meses llegaba un barco custodiado por la Armada Real que traía las últimas noticias, que siempre parecían ser malas y ocultar una realidad peor. Era un momento de constante alboroto en el pueblo de Nix, ya que durante varios días la ciudad estaba atestada de transeúntes (fácilmente reconocibles por los nativos), guerreros, prostituas que buscaban asegurarse el dinero necesario para subsistir durante los próximos seis meses, y las personas más despreciables: los comerciantes.
    Recuerdo que mi madre solía repudiar estas reuniones, y como si yo no lo notara, me obligaba a estudiar durante un tiempo más prolongado, sin ningún tipo de pretexto visible más que mantenerme alejado de lo que ella llamaba escoria humana.
    Mi madre era una maga del Imperio. La mayor parte del día ella se la pasaba leyendo, escribiendo y reflexionando bajo el más impetuoso de los silencios. Mi padre, por su parte, era un allegado al Consejo Superior de Banderbill, por lo cual solía viajar durante casi todo el año. No obstante esto, no puedo decir que mi padre no aportó su parte en lo que a mi educación y bienestar respectan: cada vez que se comparecía en nuestro hogar, lo hacía con una sincera sonrisa en su rostro y trayendo siempre enormes sacos de oro a cuestas.
    Recuerdo que la estadía de mi padre en mi casa solía ser corta, de dos o tres días como mucho y luego se preparaba para partir y ausentarse durante varios meses nuevamente. A pesar de las constantes guerras entre el Imperio y los hombres caóticos, Nix solía ser una ciudad muy segura, custodiada por guardias Reales de alta jerarquía. No obstante y sin mi padre en casa, como cualquier otro niño de catorce años, solía sentir miedo.

    Capítulo I: Un antes y un después.

    Una tarde de invierno, yo estaba leyendo uno de mis libros de literatura cuando escuché golpear a la puerta. Me acerqué hacia el salón y miré a mi madre, que me hizo un gesto como para que abra. Abrí, miré y no había nadie. De pronto escuché una voz ronca.
    -Aquí abajo. Mi nombre es Seil tengo hambre y frío, ¿podrías dejarme entrar para recuperar mis energías?- preguntó.
    Era un enano, se lo notaba cansado, muy sucio y algo herido. Tenía sangre en su cuello y su frente parecía sumergida en traspiración. Pronto deduje que recién había batallado y que seguramente pasó por Nix casi de imprevisto ante la dura batalla. Sin quitarle la vista de los ojos, le dije que pasara, que no habría ningún problema en auxiliarlo. Miré a mi madre esperando que aprobara mi acto (o lo rechaze) pero ella permanecía ahí, estática. El hombre, muy agradecido, entró a lo que él llamó "una envidiable morada".
    Luego de un baño y algo de comida, su figura ya no era deplorable, sino más bien admirable (teniendo en cuenta la primer impresión que tuve al verlo). Mientras Seil desenfundaba y limpiaba sus armas (único momento en el que vi a mi madre observar de reojo la situación), yo tocaba melodías con mi laúd. Como ya dije, el hecho de que mi padre no estuviera en mi casa me daba algo de miedo, y al ver al extraño bruñir sus armas con tal idoneidad, mi aplacado miedo tomó vida (aunque no dejé hacerlo notar). Pasó el día y luego de la cena me recosté.
    Ya era madrugada, la luna llena brillaba esplendorosa y mis ojos se cerraban al compás de la apacible llovizna. Casi en un sueño de esos en los que la realidad se entremezcla con el inconciente y uno no sabe bien en qué parte del espacio se encuentra, escuché un suspicaz ruido, que me hizo saltar pavoroso de la cama. Tomé valor, fijé en mi mano unos nudillos que mi padre me había obsequiado y me dispuse a examinar la sala. Abrí la puerta, todavía algo temeroso y una gran mano tomó con fuerza mi cuello, dejándome casi inmóvil y aún más asustado. Obviamente era Seil, que con su voz ronca y mientras sus fuertes dedos se incrustaban contra mi gaznate gritaba
    -Ja ja, niño imbécil, tu confianza y benevolencia quedarán enterradas con tu cadav...-Todo se detuvo.
    La perplejidad de la situación me daba aún más miedo. No podía moverme, no podía pensar: cerré los ojos esperando ser estrangulado cuando de pronto escuché la voz atónita de mi madre, seguido de un esplendoroso estruendo cuya energía, sentí, turbaba mi cuerpo. Caí rendido esperando morir y a mi lado, caía inmóvil y desfallecido el cuerpo de Seil. Cerré los ojos.
    A la mañana siguiente desperté en mi habitación, con mucho dolor en el cuerpo y unas heridas superficiales que no eran nada comparado con mi sueño en el que moría. ¿Qué había sucedido?. Todo era confusión y agotamiento, y queriendo recordar más allá de lo relatado, me sorprendió la figura de mi madre. Sus ojos me miraban fijos. Sin duda ella había tenido algo que ver en lo ocurrido. Recordaba su voz pero no sus palabras. Abrí la boca entre semblantes de dolor y le pregunté qué había sucedido. Mi madre sonrió casi alegremente.
    -Seil era un gran guerrero, pero su ideología y sus últimas palabras no me agradaron- expresó.
    La sorpresa obstaculizó mis deducciones.
    -¿Era?. ¿Sus últimas palabras?. ¿Acaso mataste a Seil?- pregunté, casi retóricamente.
    Todo era obvio, pero no estaba en condiciones de creer que mi madre, tan tranquila y aparentemente inofensiva había asesinado a tal guerrero. Nuevamente su aguda voz se hizo presente.
    -Osi, en este mundo uno tiene que saber defenderse. Eres inteligente y en una discusión de palabras podrías haber ganado, pero la guerra es todo un arte y nadie está excento de peligros, más aún habiéndo denotado tanta indulgencia al abrirle la puerta a ese miserable- Expresó con razón.
    Seguía sin saber qué había pasado, pero tampoco me creía en condiciones de entenderlo. Estaba sorprendido por las palabras de mi madre, pero más aún por una fuerza mágica que no conocía y que deseaba descubrir.
    -Ahora descansa, estás agotado- dijo mientras volteaba y me dejaba sólo nuevamente.
    Mi cuerpo todavía sentía los vestigios de esa lucha. Así, tomé mi laúd y mientras mis dedos interpretaban una suave melodía, mi mente, inquieta, anhelaba conocimiento.

    Capítulo II: El inicio.

    Pasaron algunos meses luego de lo acontecido. Mi vida no había cambiado en lo más mínimo, solamente mi forma de ver las cosas era ahora algo diferente. Comprendía (o creía hacerlo) lo que significaba realmente presenciar una batalla, el vértigo, la fuerza bruta. Analizé la situación muchas veces, si Seil me hubiera matado sin perder tiempo en hablarme, si yo hubiera estado dormido: ¡cuan delgada es la línea que separa a la vida de la muerte!.
    Estaba en mi habitación escribiendo en mi diario cuando la figura de mi madre apareció detrás mío.
    -¡Madre!, ¡qué susto!- exclamé casi instantáneamente.
    -Perdóname Osi, no era mi intención asustarte. Quería recordarte que tu padre llegará hoy al atardecer. Hablé con unos amables caballeros recién que se acercaron aquí, a pedido de tu padre, para avisarnos que él y sus acompañantes Reales están cerca de las costas y vienen en camino.- Me comentó.
    Que mi padre llegara a casa era todo un acontecimiento. Siempre traía regalos y noticias acompañadas de su buen humor.
    -Osi, ¿quieres salir a pasear?- Preguntó con tono alegre.
    -Pero madre, hoy el pueblo está atestado de gente, están llegando los soldados del Rey. La ciudad debe estar llena de peligros...- Respondí.
    -Osi, creo que ya estás preparado para afrontar situaciones difíciles, tu valentía aquella noche lo ha demostrado y creo que tu padre y yo te hemos educado y protegido lo suficiente.-
    A partir de ese momento comprendí que el miedo más grande de una madre es que su hijo corra algún tipo de peligro. Sin dudas ella también se sintió siempre algo desprotegida sin mi padre en casa y era un temor que ella pretendía ocultar con su fría serenidad. Ambos salimos a dar un paseo por el pueblo.
    Nix fue siempre un lugar tranquilo, los nativos del lugar convivimos en total armonía. A mi me conocían todos debido a que yo era el hijo de uno de los paladines más poderosos de la Armada. Pasamos un largo rato recorriendo las costas y la iglesia mientras mi madre (que miraba fija y crudamente a cada persona que se nos acercaba) me contaba historias de cómo ella y mi padre se habían conocido y de sus aventuras cuando eran más jóvenes. De pronto un anciano que parecía no estar en sus cabales, comenzó a vociferar.
    -¡El fin está cerca!. ¡El Imperio caerá agotado ante la República!. ¡Ya falta poco para derrocar al Rey!.- Gritaba.
    El hombre se acercó a mi madre y mientras yo me interponía para defenderla, ella dijo dos palabras que no entendí y el hombre quedó completamente inmóvil. Dos guardias llegaron en un abrir y cerrar de ojos y se llevaron al hombre cuya mirada de delirante denotaba su imposibilidad para desplazarse. Instantáneamente volvió a mi memoria la imagen de susto, casi idéntica, de Seil y su incapacidad para seguir estrangulándome.
    El sol cada vez se alejaba más y caía poseído por un horizonte que parecía atraerlo. En el fondo, dos barcos enormes y uno con el estandarte de la Armada real acercándose poco a poco. Las habladurías no eran pocas, algunos hablaban del infortunio que sufriría el Imperio, otros de la inconcistencia del poder Real mientras que, la mayoría, sólo se limitaba a contemplar los navíos que resaltaban en el horizonte.
    -¡Oh! ¿qué tenemos aquí? un pequeño y su bella madre. Seguramente están buscando algún libro de hechicería defensiva, sin dudas tengo cosas que pueden serles de utilidad- dijo un comerciante que se acercaba al muelle.
    Mi madre respondió con un silencio perturbador. Yo no entendía bien a lo que se refería, pero decidí dejarme llevar por el silencio de mi madre y no por la elocuencia de aquél hombre. Pasaron algunos largos minutos y mientras la muchedumbre se acercaba más y más al muelle, los barcos empezaron a ubicarse para que bajen los tripulantes.
    -¡Osi!, ¡Osi!.- gritó una voz afónica. Era mi padre.
    -Por fin, hemos llegado a tierra firme. Osi, estás enorme, enorme. -repitió.
    Mientras cada uno bajaba del barco, un hombre de orejas puntiagudas y cabello rubio con una gran capa azul divulgaba las últimas novedades en lo acontecido dentro del Imperio. Miré haciéndome el desentendido pero prestando atención llegué a escuchar lo que decía. Eran cifras económicas, estadísticas militares de muertes y reclutamiento y algunos acontecimientos bélicos; nada del otro mundo. Mientras en la ciudad había más murmullo que nunca, ventas, compras y encuentros entre familiares, mi padre hacía sus últimos deberes protocolares que lo dejarían, al menos durante los próximos tres días, libre de obligaciones.
    Al llegar nuevamente a casa, oí a mi madre contarle algo casi en secreto a mi padre, por lo que supuse que estarían hablando de lo acontecido durante su ausencia. Luego de saludos, risas y chismes y ya preparados para cenar, noté en mi padre una mirada peculiar como de inexcusabilidad.
    -Osi, es dificil mirarte... a veces creo que cuando te miro, lees mis ojos y deduces qué estoy pensando.- Expresó mi padre con una sinceridad más que llamativa.
    -Al parecer no quedan dudas de que soy tu hijo.- Dije con tono irónico y alegre.
    -Supongo que tantas cosas que has escuchado te tendrán algo confundido. Y es que, desde pequeño que vives en esta ciudad y no has salido de ella.- Dijo esta vez con tono serio y con, al parecer, ganas de continuar la charla.
    -Es que, padre, con tantos peligros acechando...- Respondí con tono de ingenuidad esperando algún tipo de monólogo de parte de mi padre, o de su esposa que no quitaba su vista de encima.
    -¿Tienes miedo?- Preguntó, entendiendo mi estrategia para extraerle información.
    -Creí que había quedado claro que era tu hijo...- Dije, con algo de cautela.
    Mi padre sonrió.
    -Estoy cansado y tu has tenido demasiado por hoy. Mañana me vas a acompañar en unas cosas que tengo que hacer.- Dejó de hablar, agachó su cabeza y comenzó a rezar ante su plato lleno de comida.
    ¿A qué se había referido?. La ansiedad es siempre una debilidad, pero no iba a dejarme ganar.
    Luego de la cena, ya en mi cuarto y con toda la incertidumbre, tomé mi laúd y dejé que mi corazón se exprese, y para deleite de mis oídos, mis ojos se cerraron poco a poco.
    Última edición por OsiPhantom; 04/11/2009 a las 01:10 AM
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  2. #2  
    Un bardo ambulante. Avatar de Nalekey
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    24 Mar, 09
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    Sinceramente felicidades por esta historia, un gran comienzo y el prologo puff inigualable realmente un relato hermoso. Felicidades nuevamente, y espero verte seguir escribiendo por aquí.

    Saludos y suerte,
    Fran (Regnay)
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  3. #3 Memorias de un imperial 
    Registrado Avatar de Nahax
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    Muy interesante la historia con el deseo de saber hacia donde va, las descripciones y el relato de cada situación me encanta ,mas la familia y el comportamiento del protagonista es maravilloso.Buenisima espero poder tener el gusto de leer la continuación.Nahax
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  4. #4  
    Escucha... Avatar de Asynjur
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    13 Mar, 09
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    Bueno bueno, mucho para comentar
    El prologo es perfecto para una monografía de epistemología y la introducción perfecto para Piaget.
    Capítulos I y II muy buena narración, detalles innecesarios????? todo ayuda a una descripción completa.
    Por lo menos en estos dos capítulos, nada malo puedo yo decir.
    Adelante.



    Saludos.-
    Gracias Vann


     

    Escucha, te lo quiero al fin decir
    con algo de dolor y también pena
    que ya de tan antigua , se hace ajena,
    escucha, sin llorar ni maldecir,

    que me ha llegado la hora de partir
    no pongas dramatismo en esta escena,
    ni creas que no hubo dicha plena
    es que muero y no sé como vivir

    con dos lunas que alumbran hoy mi vida,
    tu eres una de ellas, ya menguante,
    ¿la otra?, la ejecutora de esta herida,

    ...


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  5. #5 Memorias de un imperial 
    Registrado Avatar de Nahax
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    Me llama mucho la atención que escribas así, sin cometer redundancia y pocas metáforas, creo q casi ninguna y el contenido de esta historia caiga en lo no! de un aburrimiento ya por el echo de q parezca larga al que no esta acostumbrado a leer, que nos lleves al lector/a ., a un q pasará luego con el padre en casa? que actitud o cambio de vida ara osi?realmente es una historia que atrapa
    sin uso complicado de palabras, los lugares descriptos a medida de su avance
    se me hace como reales ,ya que los veo cuando entro al juego como :el muelle
    de Nix siempre muy concurrido.Maravillosa a mi gusto hasta acá.Nahax
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  6. #6 Memorias de un imperial 
    Registrado Avatar de Nahax
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    Pensé que estaría la continuación.Nahax
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  7. #7  
    Hare Krishna Avatar de OsiPhantom
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    Gracias a los 3 por sus opiniones, en un rato o mañana sale del horno el capítulo III y espero que el IV si no se me agotan las ideas.

    Asynjur, interesante el artículo de Wikipedia sobre Piaget, no lo conocía y tampoco su teoría sobre la epistemología.. se refiere en parte a lo que intento mostrar yo.

    Nahax, como siempre gracias por opinar, tu buena onda me da ganas de seguir escribiendo =).

    Saludos.
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  8. #8 memorias de un imperial 
    Registrado Avatar de Nahax
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    La verdad te mereces que estemos esperando la continuación ¡¡¡ sos un excelente escritor!!.Nahax
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  9. #9  
    Escucha... Avatar de Asynjur
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    Si si, cuando me detuve a pensar en tu escrito me salto Piaget, en la psicopedagogía es un referente histórico.

    Si te pones a pensar, lo bien que esta logrado el comportamiento del niño, Osi, para la época; callado, silencioso con miedo de preguntar (a su madre) o de comentar lo que había pasado con Seil.
    La llegada del padre con un bagaje de historia por comentar; puesto que hacía varios meses que no lo veía; cena y se va dormir (tocando el laud). Con una sumisión total lógica para la época de narración.

    Desde ya podría pasar horas comentando tu obra.
    Resumiendo: muy buena seguí así.




    Saludos.-
    Gracias Vann


     

    Escucha, te lo quiero al fin decir
    con algo de dolor y también pena
    que ya de tan antigua , se hace ajena,
    escucha, sin llorar ni maldecir,

    que me ha llegado la hora de partir
    no pongas dramatismo en esta escena,
    ni creas que no hubo dicha plena
    es que muero y no sé como vivir

    con dos lunas que alumbran hoy mi vida,
    tu eres una de ellas, ya menguante,
    ¿la otra?, la ejecutora de esta herida,

    ...


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  10. #10  
    Hare Krishna Avatar de OsiPhantom
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    26 Feb, 06
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    Buenas, les dejo el capítulo III que recién acabo de terminar. Me extendí demasiado y me quedé con ganas de contar un montón de cosas pero se me hizo re tarde (y mañana tengo facu). Mañana a la noche espero escribir el IV porque se me ocurrieron unas cositas mientras escribía que me muero por redactar! =D

    Realmente GRACIAS Asynjur por tu comentario, me es reconfortante que haber logrado lo que pretendo en el lector, algún punto medio entre la realidad y el juego

    Espero les guste,
    saludos.

    Capítulo III: Más preguntas, más respuestas.

    La mañana siguiente desperté casi simultaneamente al sol que se asomaba tímido en el horizonte. Corrí hacia la habitación de mis padres mientras me quitaba las legañas de sueño profundo de la comisura de mis párpados.
    -Papá, ¡papá!- grité eufórico.
    No obtuve respuesta. Llegué a la habitación de mis padres pero ellos no estaban.
    -¡Padre!, ¡madre!- volví a gritar.
    Era inútil. Recorrí la casa y nuevamente no obtuve respuesta. Llegué al comedor y observé una túnica gris, un escudo de madera y unos nudillos. Junto a estos una nota que decía que me cambiara de ropa, me pusiera liviano y cómodo y saliera de mi casa. No podía contener la emoción que sentía, me lavé la cara, me vestí y salí de la casa. El sol cada vez estaba más arriba y no había siquiera una nube que opacara su brillo. Miré para ambos lados, y le pregunté a un vecino si sabía dónde se encontraban mis padres, me dijo que lo siguiera a lo que asentí cordialmente. Seguimos un camino de tierra, pasamos por el banco de Goliath y casi llegando a las costas del norte logré ver a mis padres. Mi madre tenía una túnica de capa verde (como las que solía usar) pero con un largo gorro gris sobre el cabello recogido. Mi padre, en cambio, un casco que cubría su rostro, además del escudo, la armadura y la espada que casi siempre llevaba encima. Realmente no entendía que hacían ahí los dos, quietos, hasta que el hombre que venía conmigo me tomó del hombro y me indicó que me quedara quieto.
    -¡En guardia!- señaló mi padre.
    De pronto desenvainó la espada y comenzó a atacar a mi madre que a penas si podía esquivar los golpes.
    -Observa atentamente, no se harán daño, solo mira luchar a tus padres- me dijo el hombre con tono certero.
    Ambos estaban en constante movimiento, él revoleando la espada de un lado hacia el otro y ella recitando expresiones que parecían molestarle a mi padre, que las impugnaba con otras, desde mi perspectiva, frases sueltas. De pronto mi madre realizó un ademán seguido de un movimiento de manos muy singular y una nube de fuego golpeó a mi padre que cayó desvastado al piso.
    -¡Bravo, bravo!- gritaba el hombre que seguía espectante a mi lado.
    Mi madre ayudó a levantar a mi padre del suelo y gesticulando nuevamente emanó de su cuerpo una nube de energía inmensa que lo atravezó curándolo de las heridas que el fuego anterior le había provocado.
    Realmente nunca había visto nada tan extraordinario. Los hechiceros y guerreros que solía ver en mis paseos por el pueblo sólo lograban expedir pequeñas chispas y sus armas aparentaban ser casi inofensivas.
    Lo acontecido aquél tiempo atrás con Seil ahora cobraba todo el sentido, mi madre lo había atacado con un fuerte hechizo y este cayó muerto. La verdad es que no podía comprender del todo como ella podía controlar tanto poder.
    -Osi, ve con tu padre, te llevará a aprender a controlar tu magia, tu ataque y tu defensa. Serás un buen luchador.- dijo mientras se evaporaba y desaparecía. Acto seguido mi padre me llevó hacia las afueras de Nix, un lugar que no conocía pero que tampoco parecía tan peligroso como lo habían caracterizado.
    -Osi, no quites ni un segundo tu vista, esta zona está custodiada por guardias Reales y es dificil que algún bandido se acerque, no obstante los lobos y demás animales del bosque podrán lastimarte. Es importante que prestes atención a lo que te diga. Hace años el Imperio era sinónimo de paz, pero hace más o menos una década que la alianza con la República se ha quebrantado, el Imperio está en guerra constante y aunque las ciudades y sus alrededores suelen ser tranquilos, es mejor estar preparado.-
    No se escuchaba ningún ruido más que el roce de las hojas de los árboles, los búhos y algún que otro aullido. Caminamos durante horas mientras mi padre me indicaba los rumbos hacia las ciudades y campamenos más cercanos y a su vez me advertía de los peligros que podía llegar a sufrir si algún día me dirigía en otra dirección.
    De pronto se escuchó un grito aterrador y al instante siguiente se dejaron ver tres lobos. Sus ojos eran tan rojos como la sangre que pretendían beber. Mi padre estaba quieto y, observando como los lobos se acercaban, comenzé a temblar de pánico. El primer lobo se abalanzó sobre mi tirándome al suelo. Lo demoré pegándole con mi mano derecha y mientras los demás se acercaban intentaba alejarlos golpeándolos con el escudo. Mi padre estaba inmovil, observando la situación con el terror producto de la impotencia que provocaba su estado de inamovilidad, idéntico al de Seil. Tenía a los tres lobos encima mío, dejé fijo el escudo impidiendo que me muerdan y le pegué a uno con toda mi fuerza, lo cual provocó un pequeño grito de dolor, que, para mi sorpresa, pareció enfadarlo aún más. De repente se hizo visible una imagen oscura de las sombras que comenzó a atacar a mi padre por sorpresa. Le pegaba una y otra vez a mi padre con sus nudillos, su cara sangraba cada vez más y yo no sabía qué hacer. Caí rendido ya completamente al piso y en un acto de furia grité una palabra que, sentí, salío de lo más profundo de mi. Sentí como mi corazón parecía disolverse y estallar producto de la ira e impotencia contenidas en ese momento. Mis sentimientos parecían estar en consonancia con mi mente y, mi fuerza de voluntad ansiaba estallar en un instante agónico. De pronto sentí una energía indescriptible atravezar todo mi cuerpo y esfumarse por completo en un instante que aparentó (o al menos así lo percibí yo) durar una eternidad. Escuché una especie de estertor emanar del cuerpo de mi padre que comenzó a moverse nuevamente y que, luego de desenfundar su espada, atacó a su oponente hiriéndolo gravemente.
    -¡Muere maldit...!- exclamó potente.
    -¡Ayúdame!- grité, provocando que mi padre volteara hacia mi pretendiendo que me defienda.
    Los lobos ya estaban encima de mi cuerpo. Uno había desgarrado completamente mi túnica dejando a la vista sangre proveniente de mi torzo; los otros dos amenazaban llegar a mi rostro si mi escudo tan sólo tambaleaba.
    -¡Osi!- gritó atónito mi padre. El hombre desapareció.
    Sin dudas mi padre también estaba confundido por la situación, los golpes que había recibido en todo su cuerpo lo habían dejado en un estado de lucidez deplorable.
    Se abalanzó sobre los lobos para recibir los golpes y no yo, que tardé varios segundos en levantarme e intentar mantenerme parado. Los lobos fueron atravezados en aliviantes segundos que parecieron ser menos cuando se acercó un cazador que me tomó de la espalda, con una fuerza considerable para el estado malherido en el que me encontraba y amenazó con clavarme una flecha justo en la yugular. Mi mente comenzó a sentir una claridad absoluta: recordé que, según los consejos de mi madre, la guerra era un arte (como lo es la literatura), en otras palabras, las palabras pueden ser débiles como mi fuerza, o poderosas si era astuto.
    -Estás muerto...- expresé con algo de espontaneidad y un tono que denotaba confianza ante la situación.
    -Qui.. ¿quién eres tu?- preguntó el hombre. Rápidamente supuse que estaba nervioso, titubeó en su respuesta; no aparentaba ser un gran guerrero pero la ventaja estaba de su lado. Mi padre se dio vuelta mientras rompí nuevamente el silencio.
    -¿Ves esos lobos?, ¿quiéres acompañarlos?. Quedarás paralizado para presenciar como tu sangre empieza a fluir por esa espada- dije. Mi padre hizo un ademán con su espada y el cazador se volvió varios pasos hacia atrás.
    -Yo... no quiero hacerles daño, sólo escuche un ruido y corrí a ver qué ocurría.- expresó temeroso. La ventaja siempre había estado de nuestro lado, pero ahora lo sabíamos.
    -¿Quién eres?- preguntó mi padre, mientras se detuvo a beber algún tipo de líquido rojo.
    -Mi nombre es Merthal, sólo estaba cazando lobos y no sabía qué hacer.- comentó el hombre ya con tranquilidad.
    -Puedes irte, te dejaremos con vida por esta vez- dije, resaltando la fuerza de mi padre.
    -Parecen heridos, pueden acompañarme a mi campamento, tenemos comida y bebida y en pocas horas anochecerá.- exclamó ahora el extraño. Al fin y al cabo no era estúpido, mis graves heridas y las de mi padre habían sido notorias a sus ojos. Mi padre se acercó diciéndome al oído:
    -Osi, se nota en su voz, es nativo y está dentro de tierras custodiadas por el Imperio. ¿O prefieres volver?.- Sin dudas volver y perderme de deleitar mi mente y espíritu maravillado por la existencia del ser humano y las posibilidades que ofrecía el mundo, no estaba en mis planes. Asentí a la idea moviendo mi cabeza y emprendimos viaje.
    Es irrelevante relatar lo ocurrido en el camino, simplemente yo confiaba en el sentido de ubicación de mi padre y sin emitir casi palabra estuve pensando una y otra vez en que lo que meses atrás para mi no existía era cierto y lo estaba viviendo demasiado rápido y con una adrenalina que me hacía sentir bendecido por la posibilidad de vivir cada momento.
    El campamento estaba compuesto por tres tiendas como para albergar a dos o tres personas cada una. En el centro había una fogata no muy grande y cinco hombres. Tres tenían la misma armadura, similar a la de mi padre y otros dos tenían unos gorros (como el de mi madre). Uno de ellos un báculo y el otro simplemente una daga. Hubiera creído que no iba a sentir miedo, pero el ver que estabamos en una notable desventaja numérica me acerqué a mi padre. El entendió todo sin que yo dijera ni una palabra.
    -No son republicanos, cuando vean el escudo real nos daremos cuenta... simplemente bebe las pociones que te di.- dijo tranquilo y tranquilisándome a mi. -¿Recuerdas lo que sucedió hoy cuando yo estaba inmóvil?- dijo. Sabía qué se referia.
    -Escucho.- respondí. Me explicó en dos o tres frases que mantuviera mi mente fría, y que analice cada detalle como si fuera lo único en el medio de la nada, que confiara en mi cerebro y que intente repetir el sentimiento que había tenido cuando (según también me comentó) lo liberé de su parálisis.
    -Focalizar mente y espíritu (haciendo alusión a ese sentimiento), unirlos y emanar energía es la parte más dificil. Yo sólo puedo hacerlo pero me es imposible dominarlo, solo entiendo los conjuros que requieren menos inteligencia. Inténtalo, sin dudas ese poder lo has heredado de tu madre.- explicó nuevamente mi padre. Dejó gran parte de la situación en mis manos, lo cual me dio confianza pero a su vez, un violento temor a fracasar. No obstante supuse que mi padre, siendo un miembro de la Armada Real ya tenía una eficaz estrategia preparada.
    Al llegar nos saludamos mutuamente, contamos lo ocurrido. Mi padre dejó a la vista su escudo, que vi que fue objeto de los ojos de todos los allí presentes. Estabamos tranquilos, comimos, bebimos y haciendo honor a su proposición de hospedaje, decidimos quedarnos a pasar la noche. Durante la cena casi no hablé, no podía opinar porque recién estaba entendiendo e interpretando mi alrededor (en igual situación parecía estar Merthal, el cazador). Escuché varias cosas que me interesaron. Al parecer combatir tenía toda una teoría que era esencial para dominarlo, así como el arte de la lengua o la música requiere un aprendizaje que va más allá de la subjetividad, combatir era lo mismo. Dominarlo dependía de, al igual que en esas artes, conocer la teoría y ser eficaz en la exteriorización del are, en este caso, saber pelear con la mente y las armas. Según qué dominara más cada persona, se lo caracterizaba, lo cual no era nuevo para mi; mi madre era maga, mi padre paladin, conocía cazadores y guerreros. Jamás había visto lo que escuché durante esa conversación: uno de los hombres era mago (estaba claro por su báculo), otro nigromante y los tres restantes paladines. El nigromante y el mago parecían parecerse, y a su vez, yo me sentía identificado con la forma de ser (basándome en cortas horas de relación) de ellos más que con los otros cinco (incluyendo a mi padre) que hablaban de batallas entre la Armada y los, así los llamaban, "traicioneros republicanos". Había algo que, pese a la confianza, me inquietaba por demás, y era, sin lugar a dudas, la mirada del mago (un pequeño gnomo) que parecía poder quemar lo que viese a su paso.
    Ya más tarde, luego de la cena, entramos a la carpa. Yo toqué algunas melodías con mi laúd (estaba sólo en una carpa con mi padre) y hablamos de lo ocurrido. Me comentó que estos eran imperiales cuyo objetivo era convertirse en defensores del Rey, que el Nigromante era su líder y que el mago los había socorrido días atrás durante una discusión con caóticos. Luego de un panorama general de la situación y gracias a deducciones cuya veracidad confirmó mi padre, me creía capaz de usar la diplomacia como defensa si alguna situación lo ameritaba. Obviamente y ya sin deseo de callar, me dispuse a preguntarle cual era la finalidad de la vida, ¿acaso todo es guerra y poder en un mundo donde nadie confía en nadie?.
    -Osi, hay todo un Imperio que está por encima nuestro. Nosotros no podemos cambiar la realidad que nos toca vivir, hay que adaptarse a ella y hacerla amena durante nuestra existencia. Hasta antes de que nacieras todo era paz y armonía en la tierra, pero los Republicanos fueron tentados por el demonio y rompieron toda alianza con el Imperio.- contó mi padre.
    -¿Qué quiere República?- pregunté. Realmente no sabía nada, para mi la vida terminaba en los límites de Nix, ahora conocía un mundo completamente diferente y entendía a mi madre y sus temores. Me explicó más o menos que, desde nuestra perspectiva, hacia el este se encontraba otro continente que estaba fuera de los límites del Imperio y que, luego de la última guerra en Arghal, las relaciones entre ambos eran complicadas. La República, según entendí, anhelaba poder y su objetivo era conquistar el Imperio. Había otro bando (del cual hablar en Nix era más común), las Fuerzas del Caos (un grupo de hombres, dispersos) que vivían viajando porque, debido a que no respetaban las reglas (de hecho no tenían reglas, actuaban conforme a su subjetividad), no eran comunmente aceptados. Enlistarse en una facción (según los intereses que tiene cada uno) era darle un sentido bélico a la vida, vivir por la tierra que uno ama y, si es necesario, morir por sus ideales. La idea no me agradaba mucho, más allá de que no sabía pelear, realmente morir por representar intereses de los cuales no formo parte directa me parecía una estupidez. Obviamente no le dije esto a mi padre, que mientras apagaba el fuego del cirio, me decía que mañana teníamos que estar en Ullathorpe porque la Armada lo pretendía. Me recosté, mis sentidos se apagaron, mi mente se puso en blanco y mi cuerpo parecía agradecer mi posición. Pasaron pocos segundos hasta que mis ojos se cerraron por completo.
    Última edición por OsiPhantom; 28/09/2009 a las 05:52 AM
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  11. #11  
    Escucha... Avatar de Asynjur
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    Extiéndete todo lo que se te ocurra, munca está de mas si lo que quieres es tener una obra que llene tus ambiciones, si quieres una obra popular y muchos comentarios hazla cortita.
    Mi gusto particular es similar a tu escribir.

    Te daras cuenta que sería mucho mas fácil decir, que estaba aprendiendo a usar la magia, inmovilizando o remover parálisis, pero cuan mejor es decirlo poéticamente:

    "Focalizar mente y espíritu (haciendo alusión a ese sentimiento), unirlos y emanar energía es la parte más dificil. Yo sólo puedo hacerlo pero me es imposible dominarlo, solo entiendo los conjuros que requieren menos inteligencia."

    Y es hermosa la narración cuando haces incapie en la lucha codo a codo (es un decir) con lo lobos.
    Y cuanta verdad al poner en la boca del padre la necesidad del crecimiento individual..
    "Dejó gran parte de la situación en mis manos, lo cual me dio confianza pero a su vez, un violento temor a fracasar."
    Crecer es en realidad una dualidad de confianza y temor....

    Espero, realmente tu próximo capitulo que será igual de bonito


    Saludos.-
    Gracias Vann


     

    Escucha, te lo quiero al fin decir
    con algo de dolor y también pena
    que ya de tan antigua , se hace ajena,
    escucha, sin llorar ni maldecir,

    que me ha llegado la hora de partir
    no pongas dramatismo en esta escena,
    ni creas que no hubo dicha plena
    es que muero y no sé como vivir

    con dos lunas que alumbran hoy mi vida,
    tu eres una de ellas, ya menguante,
    ¿la otra?, la ejecutora de esta herida,

    ...


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  12. #12 Memorias de un imperial 
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    Es una de las historias mejor redactadas y narradas que he leído en este foro, su contenido es maravilloso con una
    descripción de hechos, lugares, actuantes que decir: son verdaderamente increíble
    hermosa osi.Nahax
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  13. #13  
    Un bardo ambulante. Avatar de Nalekey
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    La verdad que Osi vos decias que nunca habias escrito una historia pues..debo decirte que siendo tu primera historia creo que tus proximas historias podrian ponerse en libros, ya que esta es maravillosa! Tu vocabulario, tu manera de relatar y narrar es completamente hermosa, y tenes un estilo propio, te felicito.
    Espero con tremendas ganas tu proximo capitulo.

    Saludos y suerte,
    Fran.
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  14. #14 memorias de un imperial 
    Registrado Avatar de Nahax
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    Malekey su forma de confortar al escritor , tambien es maravillosa, mas que se lo merece el autor.Nahax
    Es mi humilde opinión...
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  15. #15  
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    Gracias chicos, me alegra que les haya gustado el inicio de mi historia.
    Me alegra mucho que hayan interpretado el relato y la idea de la sumisión a la lógica de la época y el crecimiento personal y paulatino de mi personaje.
    Sus gratos comentarios además de alegría me producen un placer que sin dudas, me motiva a seguir escribiendo.
    Les dejo el capítulo IV, tenía pensado hacerlo más largo pero lo hice igual que los demás y ahora estoy empezando a redactar el inicio del capítulo V para tenerlo cuanto antes terminado.
    Gracias nuevamente y saludos.

    Capítulo IV: Destino, Ullathorpe.

    Aquella noche tuve uno de los sueños más maravillosos que hasta el momento había presenciado. Sólo una imagen sobrevivió a la fragilidad de la memoria: yo parado observando un cúmulo de luces brillantes cuya procedencia era, para mi, desconocida. En ese instante, una energía similar a la que había experimentado anteriormente parecía apropiarse de mi cuerpo e inmiscuirme en una serenidad plena. Mis sentidos aparentaban suspenderse ante un estado de éxtasis místico. Quizás haber tenido el mismo sueño días atrás le hubiera restado importancia, pero conocer cada sentimiento y dominar hasta mis más ínfimos pensamientos (incluso de los cuales mi conciencia no formaba parte activa) parecía ahora cobrar una importancia excesiva.
    Cuando desperté esa mañana mi padre ya estaba levantado, al parecer, hacía un rato. Fue cuando salí de la carpa que lo vi hablando nuevamente con aquellos cuatro hombres (faltaba Merthal). Hasta que me espabilé totalmente habían pasado varios minutos, realmente mi sueño había sido muy profundo y estaba, seguramente, relacionado con lo acontecido hasta el momento.
    -Buenos días- resonaron simultáneamente las voces de los allí presentes. Mi respuesta fue una sonrisa que expresó, sin lugar a dudas, mi espontáneo deseo de continuar asombrándome ante las maravillas de la existencia.
    Casi cuando ya estaba completamente despierto, llegó Merthal con un lobo a cuestas y una canasta repleta de frutas que, al parecer, había salido a recoger. Mientras éste se encargaba de su labor culinaria, yo me dispuse a teñer mi laúd mientras recitaba unos poemas. Nada me llamó la atención durante lo naturalmente ocurrido sino únicamente la mirada de aquél mago que no quitó ni un segundo su vista de encima mío.
    Comimos, bebimos y luego de un par de horas que pasaron fugases ante mi percepción del tiempo, mi padre alzó su voz:
    -Señores, estamos muy agradecidos de su grata actitud al habernos albergado durante la noche; pero tenemos que partir hacia Ullathorpe, pueblo en el cual nos esperan.- explicó rápidamente, mientras tomaba nuestras pertenencias y casi simultáneamente saludaba a los allí presentes. Entre prontos agasajos, di media vuelta junto a mi padre y mientras nos disponíamos a emprender viaje, nos interrumpió Merthal.
    -Osi, toma- expresó mientras sostenía en su mano izquierda un escudo de caparazón de tortuga.
    -¿Para mi?- respondí preguntando algo que era obvio.
    -Te hará falta en tu viaje, con el podrás defenderte más fácilmente si algún cazador te toma por sorpresa pretendiendo asesinarte- explicitó con tono alegre. Tomé el escudo y lo salude diciéndole que esperaba encontrármelo nuevamente algún día. Pronto seguí el camino de mi padre y nuevamente emprendimos viaje hacia el pueblo norteño.
    Recorrimos varios caminos de tierra y casi llegando a un terraplén que parecía poco seguro, mi padre expresó:
    -Osi, toma tu laúd y prepárate para tocar alguna de tus melodías, sin duda si algún animal pretende acercarse, con el sonido de tu instrumento quedará calmado durante nuestra aventura-.
    Recorrimos varios kilómetros de tierra pacíficamente hasta que, tomándonos por sorpresa, apareció una araña cuya estatura hubiera asombrado e inhibido a cualquiera. Jamás había visto una criatura similar, su epidermis parecía estar cubierta de algún tipo de fluído acuoso. Tenía ocho ojos dispersos de manera tal que nada parecía escapar a su vista. Mi padre tomó su espada y en un movimiento instantáneo clavó su estoque atravezando el torax de la criatura. La araña quedó perpleja, su fuerza se había reducido a punto tal de sumirse a la calidad de su situación.
    -Golpéala fuerte, ¡destrózala!- imperó mi padre. Yo respondiendo a su pedido y sin titubear, sacudí mi puño sobre su cuerpo, aunque para mi sorpresa, la araña resistió a mi azote. Su cuerpo parecía ser impermeable y mis golpes no afectar a su atroz estado de salud. Nuevamente aferré mi mano a los nudillos y esta vez sacudí mi puño con aún más fuerza; por segunda vez, el resultado no fue el esperado.
    -Quédate quieto Osi.- expresó esta vez mi padre, que quitó la filosa hoja de acero del cuerpo de la araña alargando la supervivencia de la criatura. Hice un paso hacia atrás esperando algún tipo de orden de mi padre, que cerró los ojos y comenzó a suscitar un pequeño brío que pareció esfumarse en el aire. No quedaban dudas de que dicha energía era producto de la concentración de mi padre, aunque no estaba seguro de qué consecuencias provocaría ante las circunstancias. En un tris, mi cuerpo empezó a hacerse de un calor característico, que aparentaba inundarlo de vigor. Me sentía más vivo que nunca.
    -Pégale ahora.- exclamó tranquilo mi padre, haciendo referencia a la pobre araña que yacía trágicamente inmóvil producto de su invariable y funesto devenir. Inhalé el cálido aire del bosque, me paré denotando vehemencia y en un arrebatado movimiento golpeé a la araña que, esta vez, cayó tendida al suelo dejando a la vista su inmundo cadáver.
    Proseguimos viaje luego de la interrupción que provocó lo acontecido. Mi padre esta vez fue menos escueto para con las cosas que a mi mente escapaban. Me explicó que dentro de los conjuros que él podía invocar, se encontraba la capacidad de otorgarle al cuerpo una energía determinada que, según sea el caso, podía agraciarlo de fuerza bruta, una mayor agilidad e incluso aliviarlo si éste había sido dañado. Durante el recorrido me comentó varias cosas más, todas referentes hacia el poder que tiene la mente de afectar (ya sea en beneficio o con objeto perjudicial) el cuerpo de cualquier ser vivo hasta, incluso, matarlo.
    Mientras las nubes en el cielo amenazaban con producir alguna tormenta y el sol se ocultaba tras los celajes de vapor, nuestro recorrido faltante se hacía cada vez menor.
    -Osi, sólo faltan pocos kilómetros, ¡estamos cerca!.- vocalizó mi padre. Yo estaba contento, aunque algo harto por la larga caminata que ya tenía a mi cuerpo casi agobiado. Lo que hacía dos días atrás no se me hubiera ocurrido, estaba sucediendo: aprendía poco a poco a defenderme por mis propios medios, lo cual quería decir sin dudas que en algún momento lograría ser capaz de recorrer las bastas tierras del Imperio valiéndome de mis propios conocimientos en el arte del combate.
    Raramente y sin haberla podido divisar tiempo antes, se acercó a nosotros una carreta. Se movía rápido, lo cual me llevó a deducir que la ruta a la cual se sujetaba era certera. Pasó a varios metros de donde nos encontrábamos nosotros y se detuvo casi impredeciblemente. De ella bajó un soldado que dejaba a la vista una armadura y capa azul con el estandarte de la Armada Real (y aquél mismo escudo que llevaba mi padre).
    -¡Soldado!- exclamó mi padre, que, sin dudas conocía a esa persona.
    -¡Comandante!- respondió el extraño, que hizo un ademán que, supuse, hacía referencia a algún tipo de saludo. Sin que nadie preguntara nada y mientras nos acercábamos mutuamente, aquél soldado dijo en tono serio:
    -Señor, no pudimos esperarlo más tiempo. Han llegado noticias de una posible invasión en Nix. Nos dirigimos hacia el sur con el afán de reforzar la seguridad de la zona.-. Instantáneamente mi padre miró al soldado y giró su vista de reojo hacia mi, como si la situación se hubiera tornado incómoda por algo, y eso sólo podía significar una cosa o, al menos, lo primero que se me pasó por la mente: el peligro que correría mi madre. Comenzé a llorar sin pena ni vergüenza, me sentía más vulnerable que nunca.
    -Osi, debo irme. Creo que ya has entendido todo.- dijo mi padre.
    -Iré contigo.- expresé mientras empapaba su hombro de lágrimas.
    -Tu vida correría peligro, es un riesgo innecesario que puede evitarse. Has aprendido lo suficiente, al menos como para llegar sano y salvo hasta Ullathorpe. Sólo toma estas pociones y vete.- expresó esta vez, sin compadecerse ante la situación. Ambos subieron a la carreta y ésta rápidamente comenzó a moverse nuevamente. Me sentí sólo por primera vez en mi vida. Sequé mis lágrimas, me hice de valor y comenzé a caminar hacia el norte (tal y como me había indicado mi padre anteriormente).
    La situación al parecer era complicada. Si bien no estaba seguro de lo que ocurría, tenía las esperanzas de que lo expresado por aquél hombre haya sido algo exagerado y ante la duda, también sabía que mi madre sabía defenderse y nadie iba a poder fácilmente con ella. Mi mayor duda era: ¿por qué mi padre no me había hecho saber la posibilidad de una guerra -o algún tipo de combate- en Nix?. Quizás el tampoco lo sabía, pero ¿por qué lo estaba acompañando a Ullathorpe?. ¿Qué tenía que hacer él allá? ¿No me habría dicho nada para no incentivar algún tipo de preocupación? tan errado no hubiera estado, más aún, viendo como me había comportado al recibir la noticia minutos antes. Ninguna pregunta tenía una respuesta certera y no estaba en condiciones de divagar entre hipótesis y deseos.
    Empezé a pensar en lo relativo a mi defensa e integridad física. Si alguna criatura se aparecía, debía estar preparado para afrontar la situación o, llegado el caso, correr por mi vida. Poco a poco el atardecer se dejaba entrever entre la inmensa cantidad de nubes que, casi tan impredecibles como mis lágrimas, comenzaron a mojarme. Era insensato preocuparme por la tormenta y si bien quería llegar pronto al pueblo, sabía que la lluvia haría mi viaje algo más ameno: ninguna criatura se me acercaría, sino más bien los animales del bosque (por la mera intuición) preferirían protegerse de lo que ya era un diluvio.
    Seguí caminando durante una o dos horas hasta que, a lo lejos, divisé un pequeño camino de piedras y tierra mojada con un letrero algo más arriba. Claramente decía Ullathorpe. Conforme a mi acercamiento, mi vista también llegó a ver que dicho cartel explicitaba "ciudad custodiada por el Imperio", lo cual (y aunque ya lo sabía, lo recordé) me tranquilizó un poco más. Tan sólo segundos duró mi calma, cuando observé que varias carretas se dirigían hacia el sur a toda marcha. Seguí caminando, pasé cerca de un montículo de tierra y unos minutos después llegué al fin al pueblo.
    La tormenta parecía no pretender despejarse, sino continuar cada vez con mayor presencia. La ciudad estaba vacía, sólo unas pocas personas que ni se detuvieron a observar mi lamentable estado físico (producto del cansancio). Ullathorpe sin dudas era un lugar de paso y no una zona de comercio y residencial como Nix. Nuevamente me sentí aún más sólo.
    Última edición por OsiPhantom; 29/09/2009 a las 09:58 AM
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  16. #16  
    Un bardo ambulante. Avatar de Nalekey
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    Lindo capitulo, la verdad las dudas también me llegaron, y pobre Osi, ya me imagino lo que sucedera :/
    Bueno continualo pronto

    Saludos y suerte,
    Fran (RegnaY)
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  17. #17  
    Escucha... Avatar de Asynjur
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    Miles de preguntas deben haber en la cabeza de cada uno de nosotros, pensando y ahora que será del pobre Osi tan solito.
    Hace poco tiempo me dijo Nalekey... hay que darle tiempo al autor
    Sin dudar un excelente capitulo, lleno de ternura.



    Saludos.-
    Gracias Vann


     

    Escucha, te lo quiero al fin decir
    con algo de dolor y también pena
    que ya de tan antigua , se hace ajena,
    escucha, sin llorar ni maldecir,

    que me ha llegado la hora de partir
    no pongas dramatismo en esta escena,
    ni creas que no hubo dicha plena
    es que muero y no sé como vivir

    con dos lunas que alumbran hoy mi vida,
    tu eres una de ellas, ya menguante,
    ¿la otra?, la ejecutora de esta herida,

    ...


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  18. #18  
    Pandemonium Avatar de Vann Dak
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    Rio Gallegos =)
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    Bueno, por donde empezar... Sinceramente es una de las mejores historias que tuve el placer de leer por estos foros (Por no decir la mejor). En su momento habré leido algunos post tuyos, ya sea de algún escrito u opinión, y siempre me llamaron la atención. No necesariamente por la ideologia de los mismos (Lo cual no quiere decir que no compartí en algunos casos) sino más que nada por la forma que tenes para hacerla conocer.

    Me fue sorprendente el dinamismo que pudiste encontrar en tu historia, la cual logró una fluides excepcional para con la lectura. Tan así fue que la estuve leyendo tomando unos mates, y sin darme cuenta se me habia volado el tiempo ^^ La verdad es que no tiene desperdicio alguno, por donde quieras mirarla.

    Te felicito realmente, entre sabiendo que encontraria una muy buena historia, pero me encontré mucho más de lo que habría imaginado. No creo que haga falta aclarar, que espero con ansias la continuación.

    Cita Iniciado por Asynjur Ver Mensaje
    Miles de preguntas deben haber en la cabeza de cada uno de nosotros, pensando y ahora que será del pobre Osi tan solito.
    Hace poco tiempo me dijo Nalekey... hay que darle tiempo al autor
    Sin dudar un excelente capitulo, lleno de ternura.

    Saludos.-
    Con razón Miry me dejaste de preguntar por renglones =P

    Abrazos!
    "Condenado a la sed de ser... siempre que hay vida, habrá esperanza"


    Mi blog: Historias y escritos cortos
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  19. #19  
    Final Fantasy Fan Avatar de Rothevan
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    Nada queda por decir, sólo, espero ansioso la continuación. Un abrazo, y nos estamos hablando.
    Cita Iniciado por OsiPhantom
    Para que mierda soy BARDO si me pegás todas!!!
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  20. #20  
    Hare Krishna Avatar de OsiPhantom
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    Ante todo, y no me voy a cansarlo de decirlo, GRACIAS. Me alegra que les esté gustando mi historia, al menos hasta aquí, aunque como saben estoy abierto a cualquier tipo de crítica para que el texto no se aleje de lo que ustedes como lectores quieran recibir.

    Gracias Van Dak, sin dudas vos también sos un excelente escritor y espero algún día llegar a tener la cantidad y calidad de los relatos que has aportado a esta comunidad. Felicitaciones, además, por el Rol master. Seguramente puedas aportar buenas ideas desde ese lugar para mejorar el rol del juego.

    En fin, acá les dejo el capítulo V, espero que les agrade;
    saludos.

    Capítulo V: Un desvío

    Acercábase el ocaso cuando el diluvio parecía denotar la ira de los Dioses de la guerra de todas las mitologías. Estruendos seguidos de resplandecientes relámpagos opacaban cualquier encanto que el pueblo de Ullathorpe pudiera llegar a tener. Los pocos viajeros que dejaban verse iban encontrando refugio para resguardarse de la fuerte tormenta que pretendía ser inmutable. Yo por mi parte no fui la excepción: ni bien encontré un pequeño recoveco junto a una empalizada cerca del sellado banco de Goliath, me introduje procurando cubrirme ante el intenso temporal. Pasé varios segundos intentando tranquilizar los pálpitos que mi corazón aparentaba ya no poder resistir: realmente estaba muy asustado.
    Pronto y aún sin sosiego remití mi memoria a analizar la situación. Me costaba tanto pensar como nunca hubiera imaginado y asimismo tomar cualquier decisión se me hacía imposible. Si mi preocupación por una posible invasión en Nix estaba aún latente, más se incrementaba esta sensación al contemplar ante mi figura la magnitud del vendaval (cosa que obstaculizaba el poder de mi mente ante el vigor de mi sensación de infortunio). Mi cuerpo estaba empapado y mi interior, atestado de sentimientos de pánico.
    Fue cuando escuché un ligero éco que, aunque mi mente estuviera desorientada, supuse venía del interior del diminuto escondite en el cual me encontraba. Enardecí mis ánimos, di media vuelta y fue cuando, para mi sorpresa, descubrí que aquél pequeño recoveco era, en realidad, una madriguera cuya entrada estaba tapada. Tomé con fuerza algunas rocas y las empujé hacia la única dirección posible. El eco ahora aumentaba su volúmen. Continúe con dicho proceso hasta que logré escabullir mi austero cuerpo abriéndome paso a lo que resultó ser una estrecha cueva. Luego de varios metros deslizando mi cuerpo sobre un suelo conformado por piedras y viendo que ahora el lugar era algo más espacioso, me atreví a pararme para localizar la procedencia del cada vez más intenso éco.
    Caminé algunos metros sin emitir sonido alguno y cuidándome de que las estalactitas no golpeen mi cabeza. El eco se había apagado, al parecer, sin razón alguna. Seguí abriéndome paso a la espera de algún encuentro con alguien que me suscitara las respuestas concernientes a lo que estaba (o no) ocurriendo en mi pueblo natal. Sin advertir lo negligente que era al caminar por el camino rocoso que alguien había clausurado por causas que desconocía, di a parar con otra de aquellas arañas como la del bosque. Esta parecía aún más grande y esta vez estábamos en igualdad de condiciones o, mejor dicho, en igualdad de cantidad; pues sin dudas yo era presa fácil para la criatura. Nos encontrábamos frente a frente, yo con mi pequeño escudo (al lado de la araña las dimensiones disminuían notablemente) y ella, con sus enormes patas que, inquietas, aguardaban el momento más oportuno para liquidarme. Giré y comenzé a correr apresuradamente. Estaba a escazos metros de la salida y sin saber si el repugnante ser de abundates ojos me perseguía, apareció repentinamente (de algún agujero en la pared) otra araña de similares características (aunque algo más pequeña). Estaba atrapado, caminara hacia donde caminase no tenía escapatoria. Nuevamente volteé hacia la zona más alejada de la salida y esperando ver a la criatura justo detrás mío, ésta se encontraba varios metros alejada. Sin lugar a dudas, la movilidad no era su aptitud. A sabiendas de esto y en un análisis esporádico de la situación, me dispuse a correr con todas mis fuerzas hacia donde se encontraba la araña más grande. Acelerando mi paso a medida que me acercaba a su repugnante presencia, precipité notablemente mi marcha, y quedando justo entre la estrecha pared y la criatura, ésta me sacudió con una de sus ochos patas. Tropezé cayendo al piso y quedando totalmente al descubierto ante la inmensidad del arácnido, que me golpeó nuevamente perforando mi talón izquierdo. Sentí un dolor desmesurado que me dejó completamente atónito ante lo que fue mi segundo encuentro con una espantosa muerte. Comenzé a gritar sin agobio cuando el éco se hizo nuevamente presente.
    -¡Ven aquí, maldito!; ¡... aquí maldito!; ¡... maldito!; ¡... ito!- parecía gritar un hombre de voz adulta.
    No estaba seguro si lo que mis oídos percibían era lo que realmente ocurría o si todo se agotaba en alusionasiones producto del temor y del veneno que, sentía, aletargaba mis sentidos a cada instante.
    Repentinamente y mientras mis ojos observaban las impurezas del suelo y no a la criatura que tenía encima próxima a aniquilarme, escuché un apagado estruendo seguido de el reflejo de una luz azul parpadeante.
    -Osi, ¿eres tu?- expresó alguna voz misteriosa que, insólitamente, conocía mi nombre.
    -Así es...- llegué a decir en un instante prácticamente agónico y con una voz casi sin dicción.
    El extraño pronunció unas palabras en alguna lengua extraña y mientras mis ojos se cerraban sentí una suave brisa que se apoderó de mi interior dejándolo a merced de una energía que me dominó por completo durante algunos segundos.
    -Párate Osi- resolvió el extraño.
    Abrí nuevamente los ojos y apoyé mi adormecido cuerpo sobre mis brazos que, haciendo un gran esfuerzo, lograron levantarme lo suficiente como para apoyarme en la pared. Levanté la cabeza y rápidamente comprendí la situación. La araña estaba totalmente petrificada, sus ojos habían quedado como grabados en dibujo que representaba un instante de impotencia. Mi talón estaba intacto, la túnica desgarrada por completo dejando al descubierto mi torzo y parte de mi brazo y pierna derecha. Lo que mayor sorpresa me dio fue que aquél extraño que, supuse desde que dejé de sentir el pavor de la muerte, iba a salvarme, no era ni más ni menos que aquél mago del campamento imperial que había visitado el día anterior con mi padre.
    -No hay tiempo Osi, nos están siguiendo.- exclamó con su seriedad característica.
    -¿Quiénes?- pregunté anodadado.
    -No importa, ya habrá tiempo para explicaciones.- respondió rápidamente.
    -¡No te escaparás!; ¡... te escaparás!; ¡... escaparás!- se escuchaba el éco esta vez con mucha mayor presencia.
    -¡Maldición Osi!- gritó el mago que, moviendo sus dos brazos simultáneamente y en el mismo sentido, volvió a pronunciar unas palabras que escapaban a mi léxico.
    Las paredes comenzaron a retumbar, el mago tendió sus manos hacia el techo y con su cabeza posando hacia arriba, dejó desprender de su diminuto cuerpo una incomparable energía invisible (pero fácilmente perceptible) que, a los pocos segundos, empezó a acumularse formando una aglomeración de nubes intangibles. Las paredes y la cueva dejaron de tronar y surgió casi paralelamente un destello que iluminó la cueva en un instante y volvió a oscurecerla en el instante siguiente. De pronto el cúmulo de energía se hizo brillante y junto a un resplandor se formó lo que parecía ser una entrada hacia algún lugar, nuevamente, desconocido.
    -¿Qué es eso?- pregunté naturalmente.
    -Un portal. Entra Osi, rápido; no hay tiempo.- expresó esta vez el mago, mientras agitó su báculo e ingresó hacia el círculo luminoso recién formado.
    No sabía qué hacer. Seguramente lo habían estado siguiendo por el camino y eludiendo obstáculos dio a parar casualmente conmigo para finalmente pretender escaparse (cosa que mágicamente había logrado). Ante la duda y la desesperación de la situación, caminé despacio hacia el descripto portal cuya energía me atrajo fuertemente y me liberó de aquella cueva.
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