Relatos de un futuro
Capítulo I: El rescate
La sombra de un ser encapuchado se escurría por la noche de Suramei. El pequeño enano avanzó a paso acelerado hasta llegar al enorme Palacio de Justicia. Se detuvo para admirar el edificio, y luego se acercó a la puerta rápidamente, sacó una pequeña llave que estaba atada a su bolsillo y abrió la puerta con un chirrido. Unas pocas velas se encendían para guiarlo hasta su puesto, varias personas lo esperaban sentados; colgó la capa, y se dirigió hasta su asiento.
-Bien, por fin has llegado- dijo uno
-Lamento el retraso, Xisk- dijo el enano- pero tengo la información.
-Bien, que suerte que la tienes, cuéntanos Barbak ¿Qué has hallado?- dijo otra voz
-Bueno- encendió una pipa pequeña que se encontraba frente a él- Tú sabes muy bien Sáralonde, que lo más probable era que se encontrase allí.
-¿Te refieres en la cárcel de Banderville?- respondió un humano con los ojos cansados por el paso del tiempo.
-Así es Lathval, está allí.
-¿Cómo haremos para rescatarlo?- exclamó una nueva voz
-No lo sé, tú Malkat, deberías tener algún plan.
-Podríamos realizar un ataque en algún sector cerca del perímetro de Banderville para llamar la atención- dijo una voz distinta
-La idea de Mixtli no es mala, pero no creo que funcione- respondió Sáralonde
-Podemos realizar una distracción acuática- se escuchó, era la última voz
-Esa idea no funcionará Magudtir- exclamó Barbak- perderemos muchos hombres y lo más probable es que seamos avistados por puestos de mando enemigos.
-Bien, habiendo escuchado a cada uno dentro de esta Asamblea, creo conveniente realizar una misión de rescate directo, sobre la cárcel de Banderville, silenciosa y cautelosamente- dijo el líder militar.
Los demás asintieron.
-Entonces deben prepararse, Barbak, Xisk y Sáralonde irán con un reducido grupo de tropas al Oeste, deberán infiltrarse entre los bosques y penetrar en la cárcel lo más silencioso posible. Rescaten a Ecnath y vuelvan lo más rápido que puedan, los barcos estarán en donde hayan desembarcado.
Cuando la conversación hubo terminado, los hombres se relajaron…
-Creo que debo descansar- dijo Barbak mientras apagaba su pipa- el día ha sido largo y no soy tan joven como hace cincuenta años.
-La vejez nos inunda a todos pirata- respondió Lathval, y luego se retiró y junto con él Xisk y Magudtir.
-Bueno señores, un placer haberlos visto bien- terminó Barbak
-Que descanses Barbak, mañana será un día largo y nadie sabe cuánto viviremos- respondió Sáralonde.
-Cierto- dijo Mixtli- pero han pasado setenta años desde que he sido elegido asambleísta, nunca creí que Lathval pudiese vivir tanto.
-He de aceptar que la medicina ha avanzado mucho y combinada con la magia arcana nos permite mantener a nuestros fieros guerreros aún de nuestro lado- exclamó Malkat
-Piensen que si no hubiese bebido parte de la Lágrima del Creador, hoy estaría haciendo fuerza para levantarme- dijo Barbak
-Señores me voy a acostar- dijo Malkat- buenas noches
Los demás lo saludaron.
-¿Cuántos años tendrías ahora?- preguntó Sáralonde
-Trescientos veinte aproximadamente- respondió el enano- me quedarían treinta años de vida nada más- y dicho esto se echó a reír.
-Bueno ya no te rías tanto que puede que tu corazón deje de funcionar- dijo riéndose Mixtli- he de acostarme temprano, los tiempos son difíciles.
Una vez que Mixtli se hubo ido sólo quedaron Sáralonde y Barbak en la enorme habitación.
-¿Cómo piensas que saldrá todo mañana?- preguntó el elfo
-No lo sé, pero esos imperiales cobardes deben pagar por lo que le han hecho a Ecnath
-Estoy de acuerdo, ¿qué otras sorpresas nos deparará el futuro?
-Eso nadie lo sabe, sólo se descubre viviendo, por eso mañana hay que volver todos.
-Sí… ¿Sabes que es una misión casi suicida, no?
El enano no dijo nada, más bien se quedó con la mirada perdida un rato, misiones suicidas… ¿Cuántas misiones suicidas deben haber ocurrido en el mundo para que hoy lleguemos a ser lo que somos?, seguramente muchas, pensaba.
-Barbak…
-Disculpa, sinceramente no lo sé, creo que la esperanza es lo último que se pierde, incluso muerto, la esperanza de un día regresar está… Creo que la misión sólo es suicida si nos dejamos morir.
Las gotas de agua no aguantaron más en compañía de las nubes y se desprendieron de ellas, cayendo en la tierra y dando origen a una leve pero constante lluvia, el viento golpeaba los edificios de la ciudad y el soplido era como un llamado de advertencia para todo el pueblo.
-El mundo… ha cambiado mucho- prosiguió el enano- desde los memorables momentos que vivíamos hace setenta años.
-Es verdad, creo que la nostalgia terminará por acabar con nosotros.
Ambos rieron con ganas.
-Todos sabemos que la guerra está tocando la puerta, sólo debemos decirle, donde queremos verla- continuó el enano
-O podemos salir por la ventana mientras toca…
-¿Acaso Fausto querría eso?
-Fausto hubiese querido lo mejor para la República
-Exacto… La incógnita aquí es… ¿Qué es lo mejor?
-No lo sabremos hasta que abramos la puerta o salgamos por la ventana…
-Cierto, bueno, he de descansar. Nos veremos mañana, que Fausto te guíe en la noche.
-Adiós.
El elfo se mantuvo pensativo un rato, incluso cuando las velas se apagaron y el soplido del viento hacía golpear las ventanas. El elfo se levantó y miró al horizonte a través del piso superior del palacio.
-Mañana saldrá el Sol. Que Fausto nos proteja.



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