Tema: Historia del Clan Zeverot libro I
  

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  1. #1 Historia del Clan Zeverot libro I 
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    Link original: Historia del Clan Zeverot libro I
    por Black Shadow.




    En una pequeña casa alejada de las ciudades, vivían unos curiosos niños al cuidado de un gran anciano:
    -Abuelo, nos prometiste que nos leerías uno de tus libros del Clan al que pertenecías- dijeron unos pequeños niños acostados sobre dos pequeñas camas.
    -De acuerdo niños, siéntense- dijo el anciano mientras le sacaba el polvo a un viejo libro que había tomado de la pequeña biblioteca.

    El anciano comenzó a leer frente a los atentos niños y a medida que leía una lágrima recorría su mejilla, recordando aquellos viejos tiempos.

    Clan Zeverot
    Libro I
    Orígenes

    En las tierras del Imperium se desataba una gran guerra entre el Imperio, el Caos y la República. Existían en dichas tierras cuatro soldados: Splatt (guerrero enano) y tres paladines humanos (Quimmecks, Juan Dhelf y Kadish). Había una serie de continentes y una serie de islas y archipiélagos en los cuales se encontraban feroces criaturas. El continente izquierdo era controlado por el Imperio y el derecho por la República. Además se extendían una serie de territorios neutrales y la Isla Siniestra, Orac y el Fuerte Krip-Bhûrz controlados por las Hordas del Caos.
    Quimmecks (republicano) residía en el continente derecho, mas precisamente en Illiandor; los demás vagaban por las ciudades neutrales ya que eran renegados. Quimmecks acérrimo republicano se enlistó en la Milicia. Poco después un antiguo colega se unió al Imperio su nombre era Slirtt un guerrero orco. Kadish decidió hacer lo mismo y también se unió mientras que los demás continuaron en sus antiguos roles. Alcanzando la madurez Slirtt comprendió que el Imperio sumido en la corrupción no era el camino correcto por lo que el junto con Kadish decidieron unirse a Splatt y a Juan Dhelf y desertar adoptando el rol de renegados.
    Unidos se dieron cuenta que debían seguir el ejemplo de Quimmecks en su búsqueda de libertad y se unieron a la República. Todos mejoraron sus habilidades y Slirtt se enlistó en La Milicia alcanzando el rango de Comandante de la República; Splatt y Kadish también se unieron a la misma. Bajo el mando del líder militar Dharian y del Reclutador de la Milicia Barrinke Fauster defendieron los ideales de la República protegiendo las ciudades de Illiandor, Suramei y Lindos; además lucharon contra el Imperio gobernado por el Rey Jerek.
    Poco después llegó un gladiador enano que fue entrenado duramente para poder desempeñarse en la República con honor y eficacia.
    La noticia llegó: las Hordas del Caos invadirían Lindos. Juan Dhelf, Quimmecks, Kadish, Splatt y Slirtt partieron a la guerra inmediatamente mientras que el gladiador se quedó custodiando la ciudad de Illiandor. Al llegar los soldados encontraron la ciudad devastada, yacían cadáveres republicanos y caóticos en el suelo; escudos, armaduras, cascos, armas, caballos muertos y mucha sangre señal de una cruenta batalla entre ambas facciones. A medida que avanzaban el aspecto no mejoraba.
    Al llegar al ring de Lindos encontraron a un puñado de republicanos a punto de morir por una jauría de caóticos que no cesaban de reírse por algo que observaban dentro del ring. Los soldados derrotaron a los caóticos y los republicanos huyeron asustados por la sangrienta guerra que acababan de presenciar. Los soldados observaron el ring para su completa sorpresa y tristeza, yacía un cadáver pero no cualquier cadáver, ¡era Dharian!
    ¿Qué había pasado? ¿Cómo el gran líder militar había sido derrotado? ¿Por qué la ciudad era neutral ahora? Desconocían esas respuestas pero si sabían algo: debían regresar a Illiandor inmediatamente.
    Al llegar el gladiador no estaba, en su lugar unas manchas de sangre que se perdían en los bosques de Illiandor. Los soldados observaron la entrada a su ciudad… algo había cambiado ¿Por qué se encontraban guardias y vendedores imperiales en una ciudad republicana? Súbitamente decidieron dirigirse a Suramei en busca de respuestas. Allí la situación era la misma, la ciudad era imperial y Barrinke Fauster vestía ropas imperiales. En las afueras de Suramei encontraron a un puñado de republicanos que les explicaron como poco a poco la República había sido derrotada por la traición de algunos de sus líderes como Barrinke, Halinte Ganre y Eston Arcad entre otros. La República desapareció por acciones como las de Faerjan que trabajó secretamente con el Imperio y espías imperiales dentro de la Asamblea Republicana que crearon confusión lo que impidió la elección de un nuevo líder militar. Los soldados tomaron la decisión de refugiarse en Ullathorpe que había quedado desprotegida convirtiéndola en una ciudad neutral.
    Creación
    (Resumen)


    Los 5 tomaron la decisión de unirse a las Fuerzas del Caos corrompidos por el odio a Barrinke y a aquellos que traicionaron a la República. ¿Qué pensaría Dharian? ¿Qué pensaría Fausto? Hombres que habían dado su vida por amor a la República y ahora todas sus acciones se habían visto arruinadas por las manos imperiales.
    Los 5 sufrieron cambios drásticos: Splatt y Quimmecks se transformaron en elfos drow seres oscuros, además al interpretar el pergamino mágico que habían heredado de sus respectivos ancestros se transformaron en asesinos y cambiaron su nombre; Splatt pasó a llamarse Ashenax y Quimmecks pasó a llamarse Ashenex. Ashenax encontró una extraña poción y al beberla se transformó en mujer obteniendo mucha mas sabiduría y poder que antes. Slirtt le juró al demonio que se uniría a las Fuerzas del Caos si éste le cambiaba su nombre, desde ese momento pasó a llamarse Lengerth y siguió siendo guerrero orco. Juan Dhelf hizo lo mismo y le pidió al Diablo que le cambiara el nombre y le aumente la cantidad de maná que podía controlar ya que la cantidad anterior le era insuficiente; desde ese momento se convirtió en Bhiko el paladín gnomo. Kadish confiaba en que había adoptado para sí la clase correcta por lo que no sufrió cambios.
    Los 5 lucharon valientemente contra el Imperio y la Armada Imperial (ahora llamada Sagrada Orden), eliminando cientos de imperiales: recorrieron las temibles Catacumbas, el tembloroso Dungeon Gaugin, el helado Dungeon Cristal, las temibles cavernas de la Cueva Pirata, el legendario Dungeon Farzhé, el oscuro Dungeon Veriil y el misterioso Dungeon Zero, entre otros temibles lugares que abarcan las tierras del Imperium.
    Finalmente consiguieron los requisitos necesarios y juntos le juraron fidelidad al Diablo; ahora pertenecían a las Fuerzas del Caos.
    Ashenax tomó la decisión de fundar un Clan y junto a sus compañeros consiguieron las cuatro gemas necesarias: la Gema Gris, la Gema Lunar, la Gema Dorada y la Gema Naranja. Para conseguirlas tuvieron que luchar contra feroces Golem y frente a soldados que se encontraban cerca de ellos. Ashenax era la única que poseía la sabiduría necesaria para interpretar el Manual del Liderazgo por lo que ella fundó el Clan: así nació Zeverot.

    Pequeña Leyenda

    Cuentan las leyendas que el gladiador sobrevivió en el bosque convirtiéndose en un sabio bardo elfo que aprendió a usar la agilidad para evadir a los animales y luego contraatacar aunque tanto su nuevo nombre como su paradero son desconocidos.

    Libro de Exploraciones
    Capitulo I
    El comienzo

    En las costas de Oderon, Ashenax citó a sus compañeros: Ashenex, Bhiko, Kadish y Lengerth.
    –Ha pasado un largo tiempo- dijo Ashenax
    -Así es, muchas cosas han cambiado-dijo Ashenex.
    -Ahora, sin más preámbulos, ¿por qué nos has llamado?- dijeron al unísono.
    -Muy bien, tomen asiento, se los diré. Necesitamos unirnos como antes, ser más fuertes, trabajar en equipo y vencer de una vez por todas a las lacras imperiales. Sólo hay una manera de hacerlo y esa es… fundar un Clan.
    -De acuerdo, ya que todos somos caóticos estamos en condiciones de hacerlo, solo faltan Kadish y Lengerth que aún son renegados, nuestro objetivo será reunir las cuatro gemas necesarias- dijo Bhiko.
    -¿Estamos seguros de que tomamos el camino correcto al unirnos a las Fuerzas del Caos que acabaron con la vida de nuestro gran líder Dharian?- preguntó Lengerth.
    -Es la única forma de eliminar al Imperio, seremos fieles a nuestra nueva facción como siempre y cuando hayamos conseguido nuestro objetivo, seguiremos nuestro propio destino- dijo Bhiko.
    -Me alegra que estén de acuerdo conmigo, confío en ustedes. Ashenex tú y Kadish recorran las Islas Piratas he oído que allí los piratas esconden un tesoro, puede que allí se encuentre lo que buscamos. Bhiko tú y Lengerth vendrán conmigo, iremos a Dungeon Zero y nos enfrentaremos al Golem de Plata- dijo Ashenax.

    Habiendo escuchado las órdenes pertinentes el grupo se separó tomando direcciones muy diferentes.

    Islas Perdidas
    (Parte I)

    En las afueras de la Caverna Pirata, un lugar tranquilo pero misterioso, Ashenex y Kadish se encontraron con un puñado de imperiales que no representaron desafío alguno.
    -Apresúrate, no queremos llamar la atención, debemos actuar rápida y sigilosamente- dijo Ashenex.
    -Es muy fácil decirlo, estos piratas no quieren que nadie se acerque a su preciado tesoro- protestó Kadish.

    A punto de entrar se encontraron con un pequeño cartel, “Advertencia Zona Pirata”. Debajo de dicho cartel se extendía un pequeño cadáver que los piratas habían colocado seguramente como muestra de lo que sucedería si alguien se acercaba a tan preciadas joyas.
    Sin prestarle atención, entraron. Al entrar, divisaron una gran cantidad de piratas, resguardados por arañas gigantes y temerosas apariciones.
    -Rápido, pasemos ocultos, no debemos ser vistos- dijo Ashenex.
    Súbitamente corrieron sin ser detectados y lograron alcanzar el agua. Una vez allí se dirigieron hacia la tierra y lograron llegar al portón que protegía las riquezas de los codiciosos piratas.
    -Derribémosla, necesitamos cumplir con nuestra misión.
    Juntos intentaron derribarla pero era muy resistente, ni los conjuros ni los golpes surtían efecto.
    -Demonios, estamos fracasando. ¿Cómo les estará yendo a los demás?- dijo Kadish.
    -No, lo sé. Pero no podemos fallar, golpea este portón con todo lo que tengas, yo haré lo mismo; debemos derribarlo de una vez.

    Lo que ellos no notaron era el ruido incesante que causaron, suficiente para despertar a un Dragón quizá. Kadish volteó y contempló lo peor.
    -¿Qué te sucede? Continúa golpeando- dijo Ashenex.
    -Voltéate- dijo Kadish

    Continuará…




    Dungeon Zero
    (Parte I)
    Recorriendo tensos mares y lugares sombríos, finalmente alcanzaron a divisar la entrada a tan tenebroso lugar.
    -Rápido debemos llegar antes del anochecer, no tendremos oportunidad si llega la oscuridad- dijo Ashenax.
    Al entrar, encontraron antorchas y cadáveres putrefactos convertidos en piedra y además hallaron a varios enemigos inexpertos que sucumbieron fácilmente.
    -Aquí esta el Golem, ataquémoslo- dijo Bhiko.
    -¡No!, este no es el que buscamos es solo una distracción. Nuestro objetivo está mucho más lejos- dijo Lengerth.
    -Muy bien sigamos, esquivémoslo y sigamos nuestro camino- dijo Ashenax

    Pero, de repente, una voz misteriosa se escuchó a lo lejos.
    -Jaja, han llegado muy lejos pero no avanzarán más, nos encargaremos personalmente de ello.
    -¿Quiénes son ustedes? ¡Muéstrense inmediatamente!
    -¿Quiénes somos? Prepárense para su muerte.

    De repente tres Medusas Matriach aparecieron ante sus ojos.

    -No miren directo a sus ojos o será su fin- dijo Lengerth.
    Las medusas impartían un miedo desgarrador con solo imaginar que observando a sus pequeños ojos, sería el final de todo viajero. Una gran pelea tomó lugar entre las tres medusas y los tres soldados. Finalmente los tres soldados triunfaron y las Matriach huyeron, pero no salieron ilesos. Las Matriach los habían herido gravemente y ahora se les dificultaba caminar.
    -No importa, debemos acabar con el Golem no podemos fallar- dijo Ashenax.
    -No podemos, estamos muy heridos- dijo Bhiko.
    -Por mucho que me cueste aceptarlo, no estamos en condiciones de enfrentarlo, debemos regresar, ya llegará el momento en que podamos luchar con ellos- dijo Lengerth.
    -Malditas Matriach han logrado su cometido, pero esto no terminará así- dijo Ashenax furiosa.

    Antes de irse se acercaron ocultos y contemplaron al Golem.

    Los tres lograron salir del Dungeon, pero no tenían la fuerza suficiente para continuar su camino. Por ello, se refugiaron en una de las islas aledañas a la Tundra Zero. Escondiéndose debajo de uno de los árboles, los tres cerraron los ojos y descansaron.
    Había un aire tétrico como si algo maligno pudiera recorrer dicha superficie en cualquier momento. Varias horas después Bhiko se despertó, un canto extraño lo había hipnotizado.

    Continuará…
    Islas Perdidas
    (Parte II)

    Al voltear observó una gran cantidad de Piratas, pero ese no era el problema.
    Detrás, en el agua, dos Leviatanes miraban con ojos deseosos de sangre. Las legendarias criaturas tenían los dientes rojos, señal de que habían devorado a algún codicioso anteriormente.
    -¿Qué hacemos?- dijo Kadish.
    -Rápido ocúltate- dijo Ashenex.

    Pero algo extraño ocurrió, los Piratas pudieron detectarlos aún habiéndose ocultado.
    -Sus anteriores trucos no funcionarán ahora, no dejaremos que toquen nuestros tesoros- dijeron los Piratas con odio.
    -Rápido, salgamos de aquí- dijo Ashenex
    -¡No los dejen escapar!

    De repente, un puñado de Guerreros Piratas bloqueó el único medio de escape. No había escapatoria posible, los dos soldados observaron sabiendo que era su final.
    -Bueno, no nos iremos al otro mundo sin antes presentar resistencia
    Una sangrienta batalla tomó lugar, uno a uno los piratas sucumbían pero los soldados sufrían heridas desgarradoras, un arquero pirata hábil en el uso del arco, logró atinar tres flechas a Ashenex.



    Su final era inevitable. Pero cuando Kadish había perdido toda esperanza, pudo divisar a la derecha a un mago asustado que utilizó sus habilidades para realizar un Portal Planar para huir sin ser detectado por los Piratas.
    Kadish levantó a Ashenex que había caído cerca de un árbol y juntos corrieron atravesando el agua, ese Portal era su única esperanza.

    Al entrar, corrieron inmediatamente hacia el portal de Orac; al llegar al templo, Ashenex quedó inconsciente. Kadish le suplicó al sacerdote que lo salve y éste de mala gana aceptó. Utilizando todos sus conocimientos logró salvarlo y Ashenex aún débil por la batalla logró levantarse.
    -Salgan inmediatamente de mi templo lacras, antes de que cambie de opinión y le ordene al guerrero que se deshaga de ustedes.
    Sin considerarlo, corrieron hacia el Infierno esperando allí la llegada de sus amigos.
    Dungeon Zero
    (Parte II)
    La Sirena se acercó lentamente a Bhiko y comenzó a susurrarle al oído.
    Hipnotizado profundamente, se levantó y comenzó a acercarse peligrosamente al agua. La Sirena no lograba disimular una sonrisa malévola. De repente, la misma comenzó a emitir un canto y Bhiko se detuvo en frente del agua. En ese instante una figura comenzó a brotar de las profundidades del mar, ¡un leviatán!.
    Afortunadamente para Bhiko, Ashenax y Lengerth despertaron y en el instante justo en el que el leviatán se preparaba a devorarlo y lograron salvarlo. Bhiko volvió en si y junto a sus compañeros huyeron de esa isla, desde lejos pudieron observar el rostro de decepción que presentaba la Sirena.
    Las barcas en las que se dirigían eran muy lentas y les tomaría días llegar a Orac. Entonces, su suerte cambió, encontraron junto a una estatua de un dragón un galeón misteriosamente abandonado; sin pensarlo dos veces lo abordaron y gracias a él llegaron en poco tiempo a la ciudad caótica.
    De vuelta en el Infierno se encontraron con sus amigos y conversaron acerca de los planes futuros, ¡necesitaban esas gemas lo antes posible!
    Capitulo II
    La Gema Lunar
    No quedaba otra opción, debían recorrer Dungeon Veriil y enfrentarse al Gran Dragón Verde, solo así conseguirían la primera de las gemas necesarias. Pero debían mejorar sus habilidades si querían triunfar en sus objetivos.
    -Mejoren sus habilidades, yo también lo haré; nos veremos en este mismo punto en dos días, no podemos perder mas tiempo que ese- dijo Ashenax.
    Cada uno tomó rumbos diferentes con seriedad porque sabían que no tenían otra opción. Dos días después, se encontraron en el Infierno y Lengerth llevaba consigo las únicas armas necesarias para acabar con el poderoso dragón.
    -Muy bien, Bhiko, Ashenex y Lengerth vayan ustedes; yo necesito hablar a solas con Kadish- dijo Ashenax.
    -Pero, he entrenado mis habilidades arduamente, ¡merezco ir!- dijo Kadish furioso.
    -Lo sé, por eso te daré una nueva misión, apresúrense deben llegar y eliminar al Gran Dragón Verde.

    Kadish contempló decepcionado como sus amigos iban a combatir y el se quedaba en la ciudad.
    -Tú tienes una obligación, debes conseguir las muertes necesarias para convertirte en caótico sino no serás digno de ingresar al Clan- dijo Ashenax
    -Está bien me iré a conseguirlas- aceptó enojado Kadish.

    Ashenex, Bhiko y Lengerth lograron llegar a la puerta de Dungeon Veriil y en la misma hallaron un pequeño cartel en el cual se advertía de los peligros que yacían dentro.
    -Hemos llegado demasiado lejos como para regresar, entremos- dijo Lengerth.
    Habiendo esquivado a las Medusas y a los Golem de Piedra, los soldados llegaron al Dungeon Dragon. En las sombras una voz se hizo presente.
    -¿Quiénes se atreven a perturbar mi sueño?- dijo el Gran Dragón Verde.
    -Prepárate monstruo, hemos venido a conseguir la Gema Lunar y la obtendremos por las buenas o por las malas- dijo Ashenex seriamente.
    -No están en posición de negociar nada, Yuan Ti, Hombres lagartos acaben con estos seres pestilentes- ordenó el Dragón.


    Pero por mucho que lo pareciera no eran rivales para los soldados. Uno a uno fueron pereciendo antes los ojos incrédulos del Dragón. De repente, una figura monstruosa, con escamas verdes y fuego en sus ojos tomó la palabra.
    -Tal parece que si quieres que algo salga bien debes hacerlo tú mismo, prepárense escorias porque hasta aquí han llegado- dijo el Gran Dragón Verde mostrándose.
    -Por fin muestras tu cara, ahora ha llegado el momento de tu final- dijo Lengerth.
    El guerrero luchaba contra el Dragón Verde que recibía incrédulo los golpes de la espada mata dragones, mientras Ashenex y Bhiko lo curaban demostrando el poder del trabajo en equipo.

    Finalmente el dragón sucumbió.
    -Demonios, tal parece que los he subestimado arghhhhhhhhhhhhhhhhhhhh- dijo moribundo el dragón.
    Ashenex tomó la Gema Lunar y los tres regresaron rumbo a Orac; habían conseguido la primera gema.
    Capítulo III
    La Gema Gris
    Al regresar a Orac, se encontraron con Ashenax y le entregaron la Gema Lunar.
    -Muy bien, han logrado cumplir con su cometido, nuestro siguiente objetivo será conseguir la Gema Gris- dijo Ashenax.
    -¡No!, ¿debemos regresar a Dungeon Zero?; no me inspira buenos recuerdos- dijo Bhiko recordando a la Sirena, las Medusas y al terrible leviatán.
    -Así es, por eso debemos ir los mismos que antes, Ashenex necesito que ayudes a Kadish a conseguir las muertes necesarias, sino no lo logrará- dijo Ashenax.

    Ashenax depositó la Gema Lunar en el banco, no sin antes recibir las quejas del sacerdote que ordenaba que abandonen su templo inmediatamente…otra vez.
    Al llegar al Dungeon Zero se encontraron nuevamente con unas figuras familiares.
    -¿Ustedes nuevamente?, ¡esta vez nos encargaremos de que este Dungeon sea su tumba!- dijeron las Matriach con tono soberbio.
    -Inténtelo, no somos los mismos de antes- dijeron los soldados convencidos de que el tiempo que habían empleado en prepararse había sido el suficiente.

    En efecto, las medusas no tenían el poder necesario para detenerlos y huyeron.
    -Muy bien, lo hemos conseguido, ahora acabemos con el Golem y consigamos la gema- dijo Ashenax.
    Dicho esto, al entrar, hallaron a una gran cantidad de enemigos que huían despavoridos por la presencia de tantas criaturas poderosas.
    -Allí está, ¡acabémoslo!- dijo Bhiko.
    Delante de ellos una figura monstruosa, que impartía miedo con solo escuchar sus lentos y ruidosos pasos hizo su aparición.
    -¿Qué están haciendo aquí?, aléjense inmediatamente si no quieren ser exterminados- dijo el Golem de Plata.
    -No nos iremos de aquí sin la Gema Gris, será mejor que nos la entregues si no quieres sufrir las consecuencias- dijo Lengerth.

    Los tres trataban de disimular el terror que semejante criatura les causaba.
    -Jaja, tontos mortales, tal parece que su final ha llegado- dijo el Golem.
    Una cruenta batalla dio comienzo entre los tres soldados y el Golem de Plata. Se escuchaban ruidos incesantes de espadas y hachas que no hacían más que demostrar el gran poder que esa bestia poseía.
    -Muy bien, comenzaré atacando al que posee mas poder ofensivo y ese eres tú- dijo el Golem de Plata mirando fijamente a Lengerth.
    Rápidamente evadía a tiempo sus ataques y cuando tenía la oportunidad los devolvía. Mientras tanto Ashenax y Bhiko aprovechaban que el Golem tenía puesta su atención en el guerrero orco y atacaban con todas sus fuerzas.
    Luego de un largo tiempo consiguieron derribarlo.
    -¡Nooooo!, no permitiré que salgan de aquí con vida. ¡Gran Dragón Negro acaba con ellos!- dijo antes de morir.
    Ashenax tomó la Gema Gris y junto a los demás corrieron rumbo a la puerta.
    -¡Miren eso!-dijo Bhiko.
    Una figura furiosa se acercaba a lo lejos.

    -¡Rápido, debemos irnos, si esa criatura se nos acerca estaremos muertos!- dijo Ashenax tomando del brazo a Bhiko
    .Los tres corrieron rumbo a la puerta y la atravesaron, pero encontraron algo que no esperaban.
    -Nos volvemos a encontrar, esta vez las cosas serán muy diferentes; ¡no escaparán!- dijo la Sirena.
    Pero no estaba sola, junto a ella estaba el temible leviatán protegiéndola.
    -Vámonos de aquí, no tenemos tiempo para lidiar con esto- dijo Ashenax.
    Entonces comenzaron a correr, pero…
    -¿A dónde creen que van?- dijo la sirena entonando una melodía.
    Los tres soldados quedaron hipnotizados por la melodía y comenzaron a caminar rumbo al Leviatán que los esperaba con la boca abierta y los dientes preparados para comérselos de un bocado.

    De repente, Bhiko rozó involuntariamente con su bota derecha un pequeño objeto que estaba en el suelo y el encanto acabó. Se trataba de un pequeño laúd que servía para dormir a las bestias.
    -¡No!, ¡no debería estar eso ahí!- vociferó la Sirena furiosa.
    -Jaja, tal parece que nuestra suerte ha cambiado, es hora de irnos- dijo Bhiko mientras tocaba el instrumento.

    Así los tres huyeron y volvieron a Orac, ya tenían la segunda gema.
    Capítulo IV
    La Gema Dorada
    (Parte I)
    La emboscada
    Los cinco soldados se reunieron en Orac para conversar acerca de sus futuros movimientos.
    -No podemos regresar otra vez a Dungeon Zero, para conseguir la Gema Dorada, es muy peligroso regresar una tercera vez, nos estarían esperando- argumentó Ashenax.
    -Puede que no necesitemos volver- manifestó Ashenex.
    -Explícate.
    -Me han informado que un grupo de imperiales han robado a un Clan Caótico dicha gema.
    -¿Podemos confiar en tus fuentes?
    -No poseen siquiera el valor necesario para mentirme.
    -Está bien pero, ¿que sucede si recuperamos la gema?, la pedirán de regreso…
    -Ya han fundado su propio Clan, no les interesa la gema, su único interés es que no la conserven los imperiales.
    -De acuerdo, ¿cuántos son?
    -Son nueve pero son inexpertos en el arte del combate, salvo tres que representan un gran reto.
    -Muy bien, Ashenex y Kadish acompáñenme, Lengerth debes conseguir las muertes necesarias y convertirte en caótico. Bhiko necesito que consigas todo el oro que puedas, conseguir el Manual del Liderazgo no será tarea fácil.

    Habiendo escuchado las órdenes pertinentes Bhiko y Lengerth se retiraron a cumplir sus objetivos.
    -Muy bien, ¿dónde se encuentran nuestros enemigos imperiales?- dijo Ashenax observando a Ashenex.
    -Se encuentran en los archipiélagos aledaños a Tundra Zero, han decidido tomar un descanso antes de volver a Suramei- dijo Ashenex.
    -Muy bien si los esperamos en este punto podremos acabarlos- dijo Ashenax señalando un punto distante en un mapa.

    Inmediatamente partieron a dicho punto.
    El punto seleccionado era la última isla antes de entrar al océano abierto, allí era el único punto posible en el cual podían obtener la posibilidad de emboscarlos (suponiendo que habían elegido tomar un camino recto). Los tres llegaron a la isla.
    -Rápido, escóndanse, no sabemos cuando pasará el enemigo- dijo Ashenax seriamente.
    -De acuerdo- asintieron Ashenex y Kadish.

    Al cabo de una o dos horas se acercaron a lo lejos unas barcas imperiales. Eran los objetivos pero no eran nueve eran tan solo seis, lo que indicaba que eran los inexpertos.
    -Rayos, Kadish encárgate de ellos, Ashenex ven conmigo no tenemos tiempo que perder, debemos evitar que lleguen a Suramei o nuestro objetivo se esfumará- ordenó Ashenax furiosa.
    Habiendo dicho esto se alejó rápidamente junto a Ashenex.
    Kadish asintió y se enfrentó a los enemigos. Uno a uno fueron exterminados hasta que solo quedó un orco que se dirigió a tierra incitando a Kadish a pelear.
    Mientras tanto Ashenax y Ashenex recorrían sin consuelo todas las islas buscando a los imperiales. Hacia arriba vieron a lo lejos a las tres figuras que buscaban, entonces, las siguieron súbitamente ya que eran su única opción. Finalmente llegaron a tierra, se encontraban en los bosques de Suramei y los tres imperiales estaban a punto de entrar a la ciudad. Sin pensarlo dos veces llamaron su atención y se abalanzaron contra ellos. Los imperiales solicitaron una pelea en la cual cada uno se enfrentara en una batalla individual.
    Los caóticos accedieron y la pelea comenzó.
    Ashenex vestido de amarillo se abalanzó contra el soldado imperial vestido de verde.




    La pelea fue reñida, las miradas de odio no faltaban. Tanto el soldado imperial como el caótico demostraban la presencia de habilidad en el arte del combate y astucia para encestar el golpe pertinente. Ashenex logró encestar un terrible golpe en el brazo derecho del imperial, que arrojó su escudo y cambió de mano su arma. Además cambió su armadura ya que la anterior quedó desgastada por el tenso combate. Ashenex tomó el escudo y comenzó a contemplarlo, de un lado era gris y del otro dorado. En ese preciso instante el imperial aprovechó para atacar y el asesino no tuvo otra opción que hacer lo mismo.
    Con su espada Ashenex exterminó al imperial, pero sufrió un gran golpe en su hombro derecho. La siguiente pelea fue la de Ashenax vestida de rojo y el imperial vestido de azul. Al parecer era el más inexperto de los tres imperiales, se movía toscamente y sus golpes eran mal situados por lo que fallaba todo el tiempo. Sabiendo esto, Ashenax lo usó en su contra para acabarlo, así el segundo imperial fue derrotado.
    Luego de pocos segundos, Ashenax derrotó y derribó al último imperial.Al registrar a los imperiales, no encontraron la Gema Dorada. Además salvo el primero, los últimos dos eran inexpertos.
    -¿Qué está sucediendo?- dijo Ashenax.
    -Jaja, tontos, han sido engañados fácilmente, nuestros amigos imperiales seguramente ya alcanzarán la ciudad de Nix- dijo un imperial.
    -¿Qué? Dime en donde se encuentran inmediatamente.


    Pero era tarde, el imperial había perecido.
    Continuará…
    La Gema Dorada
    (Parte II)
    Infiltración
    -Demonios, tal parece que tendremos que dirigirnos rumbo hacia Nix- dijo Ashenax
    -Pero, ¿cómo haremos para infiltrarnos y encontrar la gema sin ser descubiertos?, es una ciudad muy bien custodiada- dijo Ashenex.
    -No te preocupes, yo misma me encargaré de infiltrarme y conseguir la gema.
    -¿Está segura que podrá?
    -Déjamelo a mi yo me encargaré, confía en mi.
    -De acuerdo.

    Acto seguido Ashenax partió rumbo a Nix vistiendo las armaduras imperiales que había extraído de uno de los soldados.
    Mientras tanto, Kadish seguía combatiendo con el orco que no quería ser vencido.
    Finalmente el soldado caótico derribó al imperial, pero cuando estaba a punto de encestar el último golpe, el orco lo esquivó y se abalanzó hacia él, mordiendo fuertemente su cuello. Con sus últimas fuerzas Kadish utilizó un pequeño cuchillo que guardaba y acabó con el imperial, pero era tan dolorosa la mordida que se desmayó inmediatamente.
    Por suerte Ashenex había decidido regresar a buscarlo.
    -Amigo, ¿qué te ha sucedido? Te llevaré a Orac para que te curen es hora de devolverte el favor- dijo Ashenex cargando a Kadish y llevándolo rumbo a la barca.
    En el preciso instante en el que Ashenex llegó a Orac, Ashenax hizo lo propio en Nix. Al llegar, un sabio gnomo se fijó en ella, extrañado.
    -Buenas tardes, noble forastera- dijo.
    -Buenas tardes, sabio gnomo- dijo Ashenax.
    -¿Qué te trae por estas maravillosas tierras regidas por el mismísimo Rey Jerek?
    -Se trata de mi padre, curioso gnomo. Me ha contado grandes historias de los pescadores de esta zona y he venido a comprobarlo por mi misma.
    -De acuerdo, no te quitaré más tiempo, ve.
    -Para nada, ha sido un placer, hasta luego.

    Habiendo logrado infiltrarse exitosamente en Nix ahora el siguiente paso era conseguir la información necesaria para saber el paradero de la gema.
    -Pescador- dijo Ashenax al vendedor de Nix.
    -¿Qué sucede?- respondió.
    -¿Sabes quién tiene una gema dorada?
    -Lo lamento pero yo no proporciono ese tipo de información.
    -Tal vez esto cambie tu opinión-dijo Ashenax extendiendo una gran bolsa de oro.
    -Ahora que lo recuerdo, un elfo pasó por el puerto presumiendo haber conseguido una gran gema burlando a unos caóticos.
    -Muy bien, ahora ¿hacia donde se fue?
    -Se escondió en subastas, esperando a un viejo amigo para hacer un intercambio. Ahora vete y no le digas a nadie que tuvimos esta conversación.
    -No lo diré.

    Sigilosamente se dirigió a subastas en donde encontró al subastador junto a un imperial que tenía entre sus ropajes la valiosa gema. Rápidamente cerró la puerta y tomó su daga apuñalando al imperial que no podía entender lo que pasaba; habiendo tomado la gema se preparó para huir de Nix pero algo sucedió. El subastador había huido y alertó a todos de su presencia.
    -¡Soldados imperiales, un caótico infiltrado ha matado a un ciudadano, encuéntrenlo y acábenlo!- dijo el subastador.
    Ashenax no lo pensó dos veces y rápidamente huyó rumbo a la salida baja de Nix, pero unos soldados la custodiaban, lo que impedía su salida. Finalmente no tuvo otra opción que refugiarse en las catacumbas, hogar de las arañas.
    La Gema Dorada
    (Parte III)
    La huida hacia Ullathorpe
    -De prisa, búsquenlo- decían los imperiales sin saber que Ashenax estaba en las catacumbas.
    Era un lugar tétrico con cadáveres en las esquinas y telarañas sobre ellos, las arañas se alimentaban de las almas de los exploradores inexpertos.
    Corrió rápidamente, esquivando a las arañas que solo la retrasarían en su intento de llegar sana y salva a Ullathorpe. Cuanto se encontraba en la mitad del recorrido encontró a un elfo encadenado, sus brazos estaban sucios y su cuerpo lleno de marcas, señal de una cruenta tortura.
    -¿Quién eres?- preguntó Ashenax.
    -Soy Lord Zeverot, antiguo encargado de proteger el Castillo Maldito, ¿quién eres tú?- respondió.
    -Mi nombre es Ashenax y estoy al servicio del Demonio, ven, te ayudaré- dijo Ashenax liberando al elfo.

    -Regresemos a Ullathorpe, allí estaremos seguros- dijo el elfo.
    Acto seguido, juntos comenzaron a correr, rumbo a Ullathorpe. Pero, cuando iban a alcanzar la ciudad, una flecha atravesó el pie derecho de Ashenax.
    -Lo logré, logré detenerla, ahora acabémoslos de una vez- dijo un cazador.
    -¡Rayos!- dijo Ashenax arrastrándose.
    -Vete, yo te cubriré- dijo Lord Zeverot.
    -Pero…
    -No te preocupes por mí, mi vida ha terminado y si debo elegir como debe terminar, esta será la manera correcta. Además, ellos me encadenaron, creo que debemos arreglar algunas cosas pendientes.
    -Estaré eternamente en gratitud.
    -Vete, yo me encargo.

    Ashenax se arrastró con todas sus fuerzas, estaba muy cerca de Ullathorpe.
    -De prisa, atrápenla, no la dejen escapar- ordenó un miembro de la Sagrada Orden.
    -¿Se acuerdan de mi? – dijo Lord Zeverot enfrentándose a los imperiales.

    Luego de unos minutos Ashenax consiguió llegar a Ullathorpe. Segundos después, Lord Zeverot fue derrotado y falleció a manos de los imperiales.
    -Lord Zeverot, jamás te olvidaré- dijo Ashenax mientras se arrastraba rumbo al templo.
    Capítulo V
    La Gema Naranja
    Al regresar a Orac y reunirse en el Infierno, Lengerth se convirtió en soldado caótico.
    -Muy bien, tenemos las tres gemas, sólo falta la gema naranja- dijo Bhiko.
    -Nuestro objetivo será conseguirla hoy mismo, así podremos fundar el clan. Tenemos el dinero necesario para el manual, ¿no es así Bhiko?- dijo Ashenax.
    -Así es.
    -Entonces, Bhiko y Lengerth irán junto a Ashenex y acabarán con el Golem Infernal.
    -¿Y que hay de mi?- preguntó Kadish.
    -Tu tienes un objetivo, convertirte en caótico, o no podrás ingresar al clan.

    Luego, Ashenex, Bhiko y Lengerth se dirigieron rumbo al Dungeon Farzhé. En la entrada, había una serie de piratas y renegados combatiendo.
    -No se metan en la batalla, no nos corresponde; de prisa, debemos conseguir la gema- dijo Ashenex.
    Al ingresar al entre piso del Dungeon, observaron escritos en las paredes y dibujos antiguos que decían en una lengua muy peculiar “No suban la escalera, jamás lo hagan o serán castigados”, avanzando en su camino encontraron rápidamente detrás de una escalera con un portal arriba, al temeroso Golem Infernal. El fuego recorría su cuerpo y su rostro, su entero cuerpo estaba bañado en él, un fuego de las profundidades del Infierno.
    -No permitiré que se lleven mi preciada gema, prepárense para su muerte- dijo el Golem Infernal.

    Luego de horas de intenso combate, el Golem quedó moribundo y los tres soldados agotados.
    -Terminemos esto- dijo Ashenex.
    Finalmente el Golem pereció, cayendo una gran gema al suelo. Pero en el instante en el que se preparaban a escapar, un clan imperial hizo su aparición.
    -¡Esos Caóticos tienen una gema, acabémoslos!- dijo uno de ellos.
    Luego de un gran combate solo un imperial seguía en pie y visto en inferioridad de condiciones decidió huir. Por un mal movimiento de su parte un Golem lo embistió, acabando con su vida.
    -Dejemos sus pertenencias en el suelo, no nos pertenecen, no ha sido una muerte digna- dijo Lengerth.
    -De acuerdo, ahora salgamos de aquí inmediatamente- dijo Bhiko.

    Al alcanzar el puente, unos renegados intentaron arrebatarles la gema, pero fallaron en el intento y terminaron pereciendo.
    -Regresemos a Orac, no estamos en condiciones de otra batalla- dijo Ashenex agotado por la batalla con el Golem que casi les cuesta la vida.
    La Fundación
    -Muy bien, todos estamos listos, sólo falta Kadish que aún no es caótico así que lo ayudaremos posteriormente a alcanzar su objetivo- dijo Ashenax.
    Ashenax tomó la Gema Naranja y la colocó en el suelo junto a las demás, además estaba a su derecha el Manual del Liderazgo.
    -Sólo falta una cosa, el nombre- dijo Ashenex.
    Al oír esas palabras, Ashenax recordó al hombre que había salvado su vida en las catacumbas.
    -Nos llamaremos Zeverot, en honor al valiente soldado que salvó mi vida- dijo Ashenax tomando el Manual del Liderazgo.
    Acto seguido el Clan Zeverot fue fundado.
    -¡Esto merece una celebración, todos tomen sus copas!- dijo Bhiko.
    -Por la fundación del Clan Zeverot, por el valiente hombre, el Demonio y todos sus súbditos- dijo Lengerth.
    -¡Salud!- dijeron al unísono.

    Diez días después Kadish se convirtió en caótico incorporándose al Clan Zeverot.



    Capítulo VI
    La Invasión de Orac.
    Los miembros del Clan Zeverot se reunieron en el Infierno, como lo hacían habitualmente; debían analizar cual sería su próximo movimiento. Entonces, cuando la primera palabra iba a ser pronunciada, algo les llamó la atención. Los protectores del Infierno se movían incesantemente, daban órdenes, preparaban sus armas; algo estaba por suceder.
    Entonces, el Diablo, un ser tenebroso, con fuego que recorría sus entrañas y unos ojos llenos de odio, se levantó y balbuceó unas palabras:
    -¿Dónde esta Mheiter?- dijo el Diablo.
    -Señor, se encuentra con unas tropas combatiendo en las afueras de Banderbill- dijo un guerrero que se encontraba por allí.
    -Tráemelo inmediatamente.
    -Si, señor.

    Ashenax supo rápidamente que era lo que estaba sucediendo.
    -Prepárense, hoy debemos proteger Orac aunque nos cueste la vida- les dijo a sus compañeros.

    Al cabo de unos minutos, Mheiter llegó al Infierno.
    -Señor, aquí estoy. ¿Por qué me ha llamado?- dijo el general caótico.
    -Reúne a las tropas inmediatamente, nuestro espía caótico nos ha informado que Jerek está reuniendo un ejército que en poco tiempo estará listo para atacar. Lacra, si llegas a fallarme…
    -No fallaré.

    Mas tarde los caóticos y renegados estaban listos. De repente, los imperiales llegaron, sorprendiendo a todos. Sorpresivamente los ciudadanos y los miembros de la Sagrada Orden comenzaron a derrotar a cuanto enemigo se cruzaba.
    La derrota caótica parecía inevitable, pero…
    -¡Rayos!, tal parece que yo mismo tendré que acabar con la escoria de Jerek- afirmó el Demonio.
    Sólo quedaban en pie Mheiter, un puñado de caóticos y unos renegados contra una gran cantidad de imperiales que estaban triunfando.
    Justo en ese momento una figura monstruosa hizo su aparición:
    -Escorias, su final ha llegado- dijo el Demonio.
    -Por fin, mi señor necesitamos su ayuda, algunos no comprenden que no deben atacarse entre sí, lo que diezma aún mas a nuestras tropas- dijo Mheiter.

    Aunque el demonio había hecho su entrada, los imperiales seguían triunfando y superaban en número a los caóticos.
    -¡Retirada! Diríjanse al Fuerte Orac inmediatamente, no hay nada que podamos hacer aquí- ordenó Mheiter.
    -¡La ciudad es nuestra!, ahora acabemos con ellos en el Fuerte Orac, pero sean precavidos, quien sabe que trampa nos depara allí- dijo Blash (un general imperial).
    Apenas entraron, el Demonio pronunció unas palabras y creó una serie de portones y rejas que protegían la entrada al fuerte.

    -Sucio Demonio, derribaremos esta puerta y te eliminaremos. ¡Soldados derríbenla!- ordenó Blash.
    Ashenax observó a sus compañeros del clan que estaban exhaustos.
    -¿Cuál será nuestro próximo movimiento?, han acabado con nuestro sacerdote por lo que nos hemos quedado sin la posibilidad de resucitar a los caídos en batalla, además por cada soldado caótico hay mas de cincuenta imperiales- dijo Ashenax.
    -El Demonio ha convocado a sus viejos amigos del Inframundo, es sólo cuestión de tiempo para que lleguen. Ahora lo único que debemos hacer es resistir y formar la última defensa- dijo Mheiter

    La Búsqueda en el Inframundo
    -¡Con valor!, acaben con esa última puerta, el camino hacia la derrota caótica es inevitable- dijo Eurith (otro general imperial).
    -Prepárense, debemos resistir- le dijo Bhiko a sus compañeros.

    En ese momento los protectores del Infierno hicieron su aparición mientras el demonio regresaba al mismo.
    -¿Cuánto falta para la llegada de las criaturas?- preguntaron a Mheiter los soldados.
    -No lo sé, ya deberían haber llegado- respondió.

    Al oír esto Ashenax le dijo a Kadish:
    -Kadish.
    -¿Si?
    -Debes ir al Inframundo y buscar a esas criaturas.
    -Pero…
    -Es una orden.
    -Pero quiero combatir.
    -Necesitamos que vayas, no hay alguien mas apto para esta misión; el tiempo se acaba.
    -Está bien, iré.
    -Nigromante- dijo Ashenax mirando al único nigromante caótico con vida.
    -¿Qué sucede?- respondió el nigromante.
    -Necesitamos que utilices tus habilidades en la magia arcana para crear un portal planar ya que nuestro pirata es inaccesible en este momento.
    -De acuerdo.

    Blash astutamente escuchó toda la conversación.
    -De prisa golpeen esta pequeña parte del portón, es la mas débil- ordenó.
    Al hacerlo se creó una pequeña fisura suficiente para realizar lo que tenía en mente.
    -Noble cazador, requiero de sus servicios- dijo Blash mientras le susurraba al oído.
    Justo en el instante en el que el nigromante estaba terminando el conjuro, una flecha atravesó su corazón, causando su inmediata muerte.

    -¡Rayos!, refúgiense detrás de ese muro- dijo Lengerth observando como su única esperanza se había desvanecido frente a sus ojos.
    La Huida hacia el Infierno
    “¡Blum!”, se escuchó en el Fuerte Orac, el último portón había sido derribado.
    -¡Acábenlos!- gritó Blash.
    -Escúchenme valientes soldados. Hemos llegado hasta aquí, somos los únicos que han logrado sobrevivir, por eso, somos los únicos que pueden vencer a los imperiales. Esta no es una batalla mas, es la batalla por el control absoluto de orac; no podemos ser vencidos- dijo Mheiter.

    Entonces, la última batalla comenzó. Sorpresivamente los imperiales comenzaron a morir uno por uno, a pesar de la superioridad numérica; algo extraño sucedía en los caóticos; no era un combate más, era le combate por sus vidas.
    -Muy bien, resistan, es solo cuestión de tiempo para que lleguen- dijo Mheiter.
    Pero, si bien los caóticos demostraban una gran fuerza, los imperiales unidos eran más poderosos.
    -Debemos retirarnos al Infierno y cerrar el portal, no deben llegar hasta esas instancias- ordenó Mheiter.
    Habían perdido el control del Fuerte Orac.
    -Retirada, todos al Infierno- dijeron los soldados caóticos.
    Todos habían cruzado menos Ashenex y Bhiko.
    -De prisa, entremos- dijo Bhiko.
    -Yo no iré, cerraré el portal desde aquí y les conseguiré tiempo- dijo Ashenex.
    -¿Qué?
    -No te preocupes por mí, confío en ustedes y se que triunfarán y me revivirán.

    Acto seguido empujó a su amigo y cerró el portal. Adelante estaban cientos de imperiales que corrían hacia él. Al verlo, preparó su espada y corrió hacia ellos, hacia su inevitable final.
    La Fortaleza Kerthon
    -Hemos sido vencidos, es sólo cuestión de tiempo para que abran el portal nuevamente- dijo Mheiter.
    -No todo está perdido, podemos usar la Fortaleza Kerthon- dijo Ashenax.
    -Tienes razón, además allí tenemos ventajas estratégicas en el terreno que podemos aprovechar.
    -Así es, si fallamos allí, la muerte de nuestro amigo y de todos los demás serán en vano.

    Rápidamente todos corrieron rumbo a la fortaleza.
    -Rápido, todos los protectores aquí; traigan a los de las Ruinas Caóticas- ordenó el Demonio.
    -Está bien, ahora que estamos todos, les diré mi plan. Colocaremos una fila de cazadores aquí a la derecha, detrás estarán los bardos, paladines, nigromantes, druidas, asesinos y clérigos que se encargarán de inmovilizar a los enemigos para que los cazadores acaben con ellos. Además los clérigos sanarán a los heridos. A la izquierda, una fila de guerreros, gladiadores y mercenarios que contarán también con soldados listos para paralizar y curar. Finalmente los magos se esconderán en este punto, listos para respaldar con sus hechizos- ordenó Mheiter.

    Mientras, en el Fuerte Orac Blash había logrado reabrir el portal.
    -¡Todos al Infierno!, acábenlo- ordenó Eurith.
    Pero al entrar, no había nadie; todo el Infierno estaba vacío.

    -¡Todos a la Fortaleza Kerthon, no los dejen escapar!- ordenó Blash.
    Pero al ingresar a la misma, todos los imperiales se vieron sorprendidos por una inmensa cantidad de flechas, hachas arrojadizas, arpones incendiarios y hechizos. Cientos de cadáveres yacían en el suelo, la sangre derramada en la batalla era mayor que cualquier cantidad antes vista. No había forma de vencer, uno a uno los imperiales eran vencidos sin poder siquiera acercarse al enemigo.
    -¡Retirada!- ordenó Blash al ver la cantidad de cadáveres imperiales que yacían en el suelo.
    -¡No dejaré que escapen!- dijo Kadish siguiendo a los imperiales al Infierno.
    -¡Detente tonto!- ordenó el Demonio al verlo correr rumbo a docenas de imperiales.

    De repente, una flecha atravesó el corazón de Kadish.
    -¡No!, he usado la flecha mágica que estaba reservando. Es única, causa cambios en la conducta del enemigo, convirtiéndolo en un nuevo ser, alguien diferente- dijo un cazador imperial.
    -No te preocupes, por lo menos un caótico recibió su merecido, regresemos al Fuerte Orac- ordenó Blash.

    El Fin de la Batalla
    Cuando los imperiales se refugiaron en el Fuerte Orac, Kapdevet hizo su aparición en la Fortaleza Kerthon.
    -Señor, he llegado con las criaturas que ordenó- dijo.
    -Llévalas al Fuerte Orac, que acaben con los imperiales- ordenó el Demonio.

    Mientras Eurith y Blash preparaban un plan para vencer la estrategia caótica, las criaturas del inframundo hicieron su aparición.
    -¡Acábenlas!- ordenó Blash.
    Pero las criaturas eran demasiado fuertes, era imposible vencerlas ya que habían perdido muchos soldados en la Fortaleza Kerthon.
    -¡Retírense!, hemos llegado muy lejos, incluso conquistamos Orac; pero nos es imposible continuar combatiendo en estas condiciones- ordenó Blash.
    Rápidamente los imperiales huyeron rumbo al Palacio Real.
    -¡Hemos triunfado!- señaló Mheiter.
    -Si, ¿pero a qué precio?- dijo Ashenax observando el cadáver de Kadish.




    Capítulo VII
    La Invasión de Banderbill
    La Venganza
    Sólo quedaban en Orac unos pocos imperiales que habían decidido proteger la ciudad que aún estaba en su poder. Luego de acabarlos, la ciudad volvió al control caótico.
    Al revivir a los caídos en batalla, Kadish, ya no era el mismo. Intempestivamente abandonó el clan y se alejó, sin que sus compañeros lo vuelvan a ver, solo en pocas ocasiones.
    Al cabo de diez días, los caóticos y renegados se reunieron en Orac, listos para atacar la capital imperial; lejos en el Palacio Real Jerek reunió a los ciudadanos y miembros de la Sagrada Orden al enterarse que el Demonio planeaba una venganza.
    -Han tenido la osadía de invadir nuestras tierras, han pisado incluso el Infierno, esto no puede quedar así, ¡hoy pagarán por su atrevimiento!- dijeron Mheiter y Kapdevet
    Mas tarde, las tropas arribaron en Barrios Bajos.
    -Soldados, allí esta la entrada, debemos cruzarla y llegar hasta Jerek, debemos acabarlo de una vez por todas, ¿quién está conmigo?- preguntó Mheiter.
    -¡Ataquen!- gritaron los caóticos.

    Del otro lado Blash y Eurith se preparaban.
    -¡Defiendan al Rey!- gritaban los imperiales.

    Luego de unos minutos ambas tropas se enfrentaron, luego los imperiales hicieron retroceder a los caóticos y renegados hacia Barrios Bajos y bloquearon la entrada, encerrando a todos los que pasaban. Blash ordenó que no bloqueen la entrada pero hicieron caso omiso a sus órdenes.
    Afortunadamente para las Fuerzas del Caos, luego de unos minutos lograron romper el bloqueo defensivo del Imperio y se esparcieron por todo Banderbill causando el terror de los ciudadanos.
    -De prisa, Ashenax, Bhiko y Ashenex, diríjanse hacia el Palacio Real y acaben con Jerek. Yo proporcionaré mi ayuda en esta zona- dijo Lengerth.
    Rápidamente, una gran tropa se dirigió al Palacio Real, cruzando antes el Distrito Real fuertemente custodiado por el Imperio. Luego de eliminar a las tropas de defensa llegaron al Palacio Real, pero en él, no estaba el Rey Jerek ni nadie.
    De repente se escucharon unos pasos que venían de arriba y una figura familiar hizo su aparición; sus ojos y su aspecto eran diferentes que antes.
    -¿Buscaban al Rey?, por suerte somos mas astutos que ustedes, esta a salvo en otra ubicación. Ahora me encargaré personalmente de acabarlos- dijo Barrinke Fauster.
    -¡Traidor!, ¿qué pensaría Fausto al verte así?, ¿qué pensaría Dharian al ver como aquél en quién confiaba lo traicionó?- dijo Ashenax con furia en sus ojos.
    -¡Acábenlos!- dijo Barrinke ignorando sus palabras.

    De repente una gran cantidad de imperiales salieron de un pasadizo secreto en la recámara del Rey Jerek. En ese momento Barrinke se alejó rumbo a dicho pasadizo y se retiró.

    Una lágrima corría por la mejilla de Bhiko, al haber observado a aquél en quien confiaban y que los traicionó. Luego de una intensa batalla un puñado de caóticos seguía en pie entre los que estaban Bhiko, Asheney y Ashenax. Luego se dirigieron rumbo a Mheiter y a Kapdevet para contarles lo sucedido. Cuando los encontraron, vieron que eran unos pocos que combatían contra un gran número de imperiales que estaban consiguiendo alejarlos de Banderbill.
    -De prisa, hay que ayudarlos, ataquemos por este flanco, los imperiales se verán atacados por ambos frentes y no tendrán posibilidad alguna de triunfar- dijo Ashenax.
    Los caóticos y renegados atacaron por ese frente y los imperiales murieron inmediatamente.
    -Rápido al centro de la ciudad, acabemos con Blash y Eurith- ordenó Kapdevet.
    Al llegar, los generales imperiales los estaban esperando. El combate comenzó, los soldados de ambas facciones morían sucesivamente, dejando caer sus yelmos, armaduras, escudos, pertenencias, sangre y un sentimiento de tristeza por haber fallado. Luego de horas de combate, los caóticos se vieron diezmados debido a la extrema seguridad presente en las ciudades imperiales; era imposible vencer a los imperiales con tantos protectores de la ciudad defendiendo.
    De repente algo le llamó la atención a Mheiter: Blash y Eurith colocaron a sus tropas en dos flancos, colocando cazadores, guerreros, gladiadores y mercenarios delante y demás clases detrás.
    -¡Demonios, mi estrategia! Rápido, todos formen un círculo de escudos, así no podrán dañarnos- ordenó Mheiter.
    La estrategia del general caótico rindió frutos frente a la mirada atónita de los dos generales imperiales.

    -Rápido ustedes, vayan por ahí y ustedes por ahí, deben atacar por detrás- ordenó Mheiter.
    Los imperiales vieron como aparecían unos caóticos detrás suyo y voltearon rápidamente para vencerlos, pero no sabían que estaban cayendo directamente en una trampa.
    -Rápido, ahora están distraídos, ¡ataquen!- ordenó Kapdevet.
    Los imperiales se vieron atacados por dos frentes, lo que los confundió y provocó su inminente derrota.
    -Al mismo tiempo que puedo idear estrategias, también puedo derrotarlas- dijo Mheiter mirando con odio fijamente a los ojos de Blash.
    Eurith y Blash se retiraron y volvieron con más tropas, listas para acabar con el puñado de caóticos.
    -¡Retírense!, hemos logrado hacer que el viejo Jerek tenga miedo y huya, ya será el momento en que estas tierras pertenezcan a las Fuerzas del Caos, pero ese momento aún no ha llegado; ¡vuelvan a Orac!- ordenó el general caótico.
    Al regresar, Ashenex decidió tomarse un tiempo para pensar, aún no había logrado superar lo que había sucedido con Kadish.
    -¡Fin!- dijo el anciano mirando a los niños.
    En la contratapa se encontraba lo siguiente:
    Miembros del Clan Zeverot
    •Ashenax (fundadora) (Asesino Elfo Drow)
    •Bhiko (Paladín Gnomo)
    •Ashenex (Asesino Elfo Drow)
    •Lengerth (Guerrero Orco)

    Antiguos Miembros
    Kadish (Paladín Humano) (disidente)

    -Pero, ¿qué sucedió después?- preguntaron.
    -No se preocupen, hay mas libros sobre nuestro Clan que narran que sucedió luego de estos hechos, se los leeré otra noche. Ahora, es tiempo de que descansen- dijo el anciano apoyando el libro en una pequeña mesa y arropando a los pequeños.

    Los niños cerraron sus ojos lentamente y se durmieron, luego el anciano se levantó, tomó el libro con sus manos, se dirigió rumbo a la habitación y se acostó en su antigua cama.
    -La guerra, viejos tiempos…- dijo el anciano nostálgicamente mientras unas lágrimas corrían por su mejilla.

    Off: Agradecimientos:
    Bueno, quiero agradecer a aquellos que se tomaron la molestia de leer, a mis compañeros de Clan por su ayuda en innumerables ocasiones y además quiero agradecer a los Dungeon Masters que idearon y realizaron las invasiones para las cuales me tomé el atrevimiento de basarme en algunos aspectos, sin más, espero que hayan disfrutado leyendo tanto como yo disfruté al escribir, cordiales saludos; Lengerth.
    Última edición por Blash; 04/02/2012 a las 19:43 PM


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    Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.
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