Bueno, en el colegio leímos para Lengua "El Lazarillo de Tormes" y un buen rato después la profe nos hizo una "propuesta" -entre comillas porque es obligatorio- de escritura, entre las cuales uno de los topics era hacer el Tratado Octavo del Lazarillo (son siete en el libro original).
Para los que no la conocen, la novela original es del tipo picarezca, su personaje principal es el de un "anti-heroe" que relata en forma falsamente "auto-biográfica". Pobre, recurre a la astucia para poder comer. Se burla de las épicas caballerezcas expresando una filosofía de vida totalmente opuesta, donde se lucha contra el hambre y la suerte para no morir. La novela picarezca es totalmente realista, sin fantasías ni maravillas.
Yo no me considero un gran escritor, ni mucho menos. No obstante, estoy más que conforme con todas las cosas que he escrito en mis cortos 16 años. Si tengo una característica es que no me gusta escribir sobre un modelo, y el "Tratado Oculto" no sigue demasiado las "reglas" de la novela picarezca. Si bien es realista, me vi obligado a pensar más de la cuenta y a incluir pequeños detalles picarezcos para no perder la línea del trabajo práctico. Por esta razón considero a este escrito, yéndome al extremo, algo mediocre, y sobretodo, predecible, mas los que leyeron el Lazarillo original van a encontrar cierta relación además del título.
Pero bueno, sin hablar mas, lo comparto con ustedes. Críticas positivas y negativas son bienvenidas.
El tratado oculto del Lazarillo.
La vida me ha llevado por muchos caminos, la mayoría de ellos -por no decir todos difíciles. Mas quiso Dios o la suerte que los atravesara con vida, y si algo he aprendido, a fuerza de golpes, es a conservar la esperanza antes que todo, incluso la dignidad, porque en el momento que se pierda la esperanza, se perderá la vida.
Preferí postergar el relato de esta parte de esta historia, por temor, quizás, a que cayera en manos equivocadas, lo que me ubicaría en una situación complicada, no obstante, lo considero lo suficientemente importante como para omitirlo, y al sentirme ya un hombre realizado, con una familia pobre pero feliz, más miedo me da perder eso que mi propia vida, y es por eso que completo mi relato con este episodio, un poco diferente a los demás, a riesgo de que me odien por mentiroso.
Me había abandonado mi amo escudero y quisieron mis oídos que escuchara a un pregonero anunciar que su rey -cuyo nombre me reservaré- solicitaba favores a los vasallos que habitaban esas tierras. Teniendo nada que perder y todo para ganar, me dirigí al castillo del monarca, pensando en que qué mejor que servir a un poderoso para salir de la pobreza.
Allí había una gran cantidad de gente, que, al igual que yo, esperaban poder complacer al soberano en lo que éste necesitase. Más pasaban las horas y nadie salía, y las personas, frustradas, abandonaban el lugar.
Yo no me fui: el deseo de vivir entre los nobles me ataba a las paredes del castillo, y no fue hasta altas horas de la noche que se abrieron las puertas, siendo yo el único que quedaba y grande fue mi sorpresa cuando una figura salió, sigilosa, y viendo que sólo yo me había quedado se acercó a mí y me invitó a pasar.
Si tuviera que describir el interior del hogar del Rey diría justamente eso, era propio de un Rey. Magnificas alfombras de seda, imponentes obras de arte cuyas figuras parecía que saltaban de los cuadros, cobrando vida, Miles y miles de adornos de oro y plata que hacían que adentro no fuera de noche. Tuve que aguantarme la tentación de salir con alguno de ellos bajo mi brazo.
Me llevó hasta una habitación pequeña y fría, iluminada por unas pocas velas. Me preguntó si me encontraba agotado o si quería escucharlo ahora. Vaya que me encontraba cansado, y, sobretodo, hambriento, pero un poco por cortesía y otro por curiosidad, decidí escucharlo. Grande fue mi sorpresa cuando se introdujo. ¡Estaba hablando con el mismísimo soberano del castillo! Esto aumentó mi curiosidad e hízome escucharlo más atentamente.
Me preguntó si estaba allí dispuesto a servirle en lo que me pidiese, a lo que yo contesté que sí. Diciéndome que mi palabra era suficiente para confiar en mí, me contó su historia:
“Duros momentos atravesamos en los últimos años y mi poder no es el mismo de antes. Poca gente confía en el reino y los nobles ganan cada vez más y más territorio. No me sorprendería si, en un futuro cercano tomaran posesión de este castillo y mis terrenos. Aún así, todavía estoy en condiciones de evitar que eso pase, es por eso que convoque a los que, todavía, me consideran su rey.
El generador de todo esto no es otro que el noble más poderoso del castillo –cuyo nombre me reservaré también-. Envenena los pensamientos de los demás en su intento de quedarse con todo. Son incontables las mentiras, los ultrajes, las infamias que utiliza para eliminar sus obstáculos, y en este momento, su mayor obstáculo soy yo.
Ordené al pregonero que anunciara en la plaza que convocaba a los vasallos. No di detalles, no quiero que se enteren de lo que pretendo hacer. Sería mi condena”
Ya podía imaginarme cual sería mi trabajo, sin embargo no me adelanté a las palabras y dejé que continúe:
“Cuándo vi a toda esa gente reunida, sabía que me iba a ser imposible elegir, así que esperé la oscuridad de la noche, y, cuando te vi ahí mochacho, de inmediato comprendí que eres lo que necesito.”
Las órdenes fueron claras: matar. Accedí, tenía miedo de morir si me negaba. Al decir que sí el semblante del rey parecía mucho más aliviado. Me explicó que debía cumplir mi tarea en los próximos siete días y huir, para que nadie me encontrara y sospechara. Hasta ese entonces, me dijo, tendría todas las comodidades que siempre soñé, como un protegido suyo.
Fueron los mejores días de mi vida. Comida a toda hora, una habitación acogedora con una cama caliente, ropa fresca, cómoda, espectáculos, bufones personales. Todos esos mimos hicieron que casi me olvidara de mi tarea.
Mas el séptimo día llegó antes de lo esperado y yo no me había preparado, no tenía idea de como proceder. Ese día los nobles y el Rey almorzaron juntos y yo, como era costumbre, los acompañé en la mesa. Mi objetivo se encontraba sonriendo maliciosamente, y miraba a mi amo, que parecía nervioso. Yo no entendía muy bien que estaba pasando, hasta que escuché ruidos afuera del salón.
Los comensales se levantaron sorprendidos de la mesa y en ese momento las puertas se abrieron.
Decenas de soldados armados hasta los dientes entraron al comedor y asesinaron uno por uno a los nobles, excluyendo al máximo enemigo de mi señor, quien, extrañamente, tampoco fue atacado.
Tuve la gran idea de manchar mi ropa con la sangre de uno de los hombres que yacía en el suelo, y hacerme pasar por muerto, y así salvé mi vida. Tenía los ojos cerrados pero los oídos bien abiertos, y escuché como el noble le dijo al Rey que todo se había terminado, le agradeció la comida, y finalmente le quitó la vida.
No pude evitar abrir los ojos, y vi como todos los soldados se retiraban, quedando el asesino sentado en la mesa, terminando su plato. Si de algo me jacté toda mi vida es que fui y soy un hombre de palabra, excepto cuando el estómago me sugiere lo contrario, pero, en forma de agradecimiento a mi fallecido amo, rodé silenciosamente hasta su cuerpo, tome su espada y corté la cabeza del feliz señor, que justo había acabado de comer. Agarré al primer criado que encontré, muy asustado y le cambié las ropas. Salí del castillo como quien no quiere la cosa, y caminé hasta el pueblo, donde todos comentaban lo sucedido. “Por única vez –pensé- prefiero la vida de pobre y no la muerte de rico”.



LinkBack URL
About LinkBacks



Ojalá sea un 10!

