Luego de que Barinke Fauster y Faerjan pudieron despejar la invasión demoníaca en Illiandor y Suramei, la Ultima Resistencia se dedicó a contar las bajas, y a apilar los cadáveres de aquellos soldados que dieron su vida por la libertad de la república. Sabían que estaban presenciando el principio del fin, luego de la sanguinaria batalla, en la que apenas pudieron expulsar a las criaturas y los carroñeros invasores que oportunamente quisieron aprovechar el desconcierto, solo un puñado de cientos de soldados habáin sobrevivido. Si bien contaban con la Ultima Resistencia, un grupo de soldados de élite compuesto por Faerjan, Barinke Fauster, Halinte Ganre, Imidar Eith, Eston Acard y Leigon Senis; saben muy bien que el ejército real los supera en número de 100 a 1.
Esto, sumado a que los rumores sobre un espía imperial presente en el poblado republicano eran muy fuertes, la falta de una asamblea y de un líder nato, pese a que el pueblo se refleja en la figura de Faerjan; la falta de nuevos soldados que se enlisten en las filas de Barinke, y los pocos perdones concedidos por Halinte en el último tiempo. Las aguas del continente del este comienzan a teñirse de rojo; en pocos días la avanzada imperial será una realidad. Todos temen por sus vidas, incluso la Ultima Resistencia caminaba con cierto temblor en sus piernas, el único extrañamente tranquilo, era Faerjan. ¿Qué esconderá el gnomo tras esa pícara sonrisa?
La calma que se vive en la capital Suramei, es fría y macabra, algunos inhalan sus últimas bocanadas de aire, otros elevan sus plegarias a sus ancestros, hay quién pide consejo a la inanimada estatua de Fausto, pero en el aire se vive con temor, ya lo están viviendo, ya comienza... El principio, del fin.



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