Fieles hombres de Nix, dije en la última carta... ¿Recuerdas? Nunca pensé que serían tan fieles. Una gran tormenta azotó la pequeña galera en nuestro viaje a Tiama. Cuatro hombres y un elfo perdieron la vida... Tuvieron una despedida digna; los cremamos a cada uno en una pira diferente. Sé que te hubieses reído con culpa del tiempo libre que tuvimos para pensar en hacer eso.
Ese tiempo libre vino porque no encontramos nada, ni una pista. Nada, como la última vez que estuve allí, bajo ese crudo frío, hace varios años. Pero no me apesadumbré, ya que creo estar mas allá de esos sentimientos a esta altura. Hacia tu pérdida, al menos. Aunque en realidad no sé porque estoy escribiendo esto. ¡Claro que no estoy más allá de tu pérdida! Aún sigo buscándote.
En fin... Volvimos, exhaustos del frío y de caminar, con la mínima suerte de no haber sufrido otra gran tormenta. Oh, hermano... Esa sí que fue una tormenta de aquellas. Me gusta pensar que aún recuerdas todo lo que veíamos aquí en Nix. Volvimos, y me encontré con la grata sorpresa que tanto estaba esperando. Bokk ha decidido convocar a todos los clanes, o a aquellos que respetaran la llamada, para dejar las diferencias atrás en próximas campañas contra el Imperio. Ullathorpe, dicen algunos, otros hablan de frentes nuevos. ¿Quién sabe? Quizá solo sean escaramuzas o emboscadas, quizá nos dividan en diferentes campañas. Pero noté esa anhelada calma, esa curioso vacío en el aire que sientes cuando no hay tensiones. Hace un buen rato que no lo experimentaba aquí en Nix, además de la actividad cotidiana y sus roces.
Siento que la Legión está unida, ¿sabes? Solo eso, que es bueno, pero de lo que muchos aún no estan acostumbrados. Espero que la ambición y la insensatez no envuelvan a la República una vez más, como tantas veces ha sucedido, según los libros.
Tenía pensado pasar por Arghal, pero una vez en Tiama y con la excusa de los compañeros muertos volví a caer en la cobardía. Y como un círculo adentro de otro, utilizo como excusa al tío Finwe para caer en la cobardía de ver las cartas. Allí, al pie de tu puerta, esperando a que alguien haga algo. Esperando que yo haga algo, que te libere de tu verdadero peligro. Que me deje de mentir a mí mismo.
¿O quizá tan solo temo por mi vida? Quizá tú estás allí, con Finwe, sentados en la última mesa de la taberna de Rinkel como la última vez que te vi, mientras se ríen de mis cartas. Entre otras razones, lucho por eso. Mi espada está al servicio de aquello por lo que juré esa tarde contigo al lado, y eso hace tan importante la búsqueda. Mi búsqueda de tu arrepentimiento, o de tu seguridad, o de venganza. Como espero que sepas por mis últimas cartas, aún no tengo nada de eso claro.
Pero lo importante de esta carta es lo que antes dije, sobre la Legión. Sobre Bokk... Por los dioses... Ruego por las noches para que sigas vivo, Urd. No conozco aún cuál es mi verdadero temor, pero sí cuál es mi verdadero anhelo. Que pudieras disfrutar de la vista, de esa vista. Nix repleto de legionarios, guerreros, oficiales. Por todos lados, recibiendo órdenes, dándolas, corriendo y caminando ligero.
Cada vez que pienso en tí me acuerdo de Fragi, por alguna razón. O de su padre... Creo que porque también deseo lo mismo para él... Solo que él está muerto, Urd. ¿Tú lo estás?