Nunca antes había sido parte de una batalla. Era uno de mis sueños, empuñar la espada junto al clamor de los guerreros Imperiales, todos unidos por una justa causa. He combatido muchas veces y estaba seguro que tenia la experiencia suficiente, pero nunca habían sido más que simples escaramuzas. Hoy puedo decir que no hay entrenamiento existente sobre nuestro plano que nos prepare para semejante espectáculo.
La ventaja la tuvieron siempre las tropas republicanas, pero no sé por qué. Una vez llegamos a Ullathorpe, marchando desde la capital, nos encontramos con un caos que ya había devorado el escenario. Miles de republicanos luchando a muerte con los caóticos. Aún así, no fuimos capaces de aprovechar nuestra oportuna llegada, y la inferioridad numérica frustró nuestro primer asalto. Recuerdo que nos logramos reagrupar rápidamente, y volvimos a intentarlo. El combate duró aún menos, ya que las tropas enemigas comenzaron a presionarnos hacia los establos, donde no tuvimos otra opción que retirarnos.
Sin embargo, como todos vosotros sabéis, tanto los fieles guerreros de la Orden, como la Escolta Sibelly, aún teníamos la sangre alborotada. Nos reagrupamos en la capital nuevamente, recuperamos nuestras energías con ansiedad, y la Escolta consiguió el apoyo de la Guardia. Ya no era "esperanza" lo que sentíamos, era confianza. A traves de un portal, volvimos a atacar.
Nuestra ferocidad nos cubrió la espalda, y logramos provocar en el enemigo pesadas bajas. Por varios instantes, el norte de la ciudad fue nuestro. Con un grupo de guerreros, logramos tomar el banco, pero los republicanos nos encerraron allí y hasta que no apareció Sibelly, que en ese momento nos comandaba, no pudimos salir. El combate se extendió un tiempo más que no podría recordar ahora, pero sé que fue sangriento.
Ese olor, esos gritos, el chocar del acero y los escudos. Casi siempre nos veiamos encerrados, y por un momento luchamos a muerte, ya que no parecía haber forma de escapar. Sin embargo, puedo recordar a Sibelly entrando en trance, abriendo paso junto a valientes guerreros que la acompañaban. En ese preciso momento supe que teniamos que aprovechar, y por suerte, nuestra comandante también. Se oyó muy fuerte su llamada, el grito de retirada, y los cuernos sonaron. La frustración invadió mi cuerpo, y estoy seguro que el de todos mis compañeros. En mi cabeza costaba entrar la idea de la derrota. ¿Mi primer batalla, perdida?
Sin embargo, una vez reagrupados en el Palacio y recontando las bajas, tuvimos el honor de ser reconocidos por la Escolta. Nos otorgó un bello escudo a cada uno de los guerreros. Fuimos derrotados, sí, pero no será el fin de la guerra. Volveremos, venceremos. Llevaremos el orden a todas las tierras, acabaremos con el Caos y la insurrección.
¡Larga vida al Emperador! ¡Honor al Imperio!